domingo, 23 de diciembre de 2012

N.D.L.T.: Anexo 1 // C.O.T.G.: Annex 1

¡Hola, queridos lectores!
Siento que tengáis que esperar tanto entre entrada y entrada. Aparte de los estudios y mi vida personal (no me pasa nada malo en ese sentido, no os alarméis, quiero decir que uno tiene derecho a tener tiempo libre), me está costando bastante avanzar en la historia. Además de mis problemas para avanzarla, he tenido que hacer una pequeña reescritura de una escena que tendrá lugar en el próximo episodio que veréis aquí publicado.
He tenido que introducir una descripción detallada de la biblioteca de la mansión Versailles, ya que la arquitectura de dicha sala jugará un papel importante en posteriores escenas de la historia. Por desgracia, llevo varios días luchando contra un simple párrafo y no logro, por así decirlo, "crear la imágen" correctamente con las palabras. De modo que me he saltado un poco las reglas, y me he dicho: "Total, una imágen vale más que mil palabras".
He hecho un modelo de la biblioteca de la mansión Versailles en el programa de diseño arquitectónico Google SketchUp. Así, si la descripción de la biblioteca que escriba finalmente para la historia no llega a ser del todo clara, por lo menos tendréis una referencia de lo que yo imaginé en un primer momento.
Sé que como escritor no debería hacer uso de este tipo de recursos y debería recurrir sólamente al lenguaje para expresar las imágenes que quiero, pero no se me dan muy bien las descripciones y llega un punto en el que me canso de intentarlo. De modo que, mientras lucho con las palabras, al menos podéis echar un vistazo a las referencias.
Las imágenes están abajo, junto con una leyenda. Es un simple esquema, la biblioteca en sí es muy pintoresca y casi barroca, pero el Google SketchUp tampoco da para tanto detalle.

Ah, y... ¡¡Feliz Navidad a todos!!

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Greetings, my dear readers!
I'm sorry to keep you waiting so much between episodes. Aside from studying and my personal life (there's nothing wrong with it, don't panic, I mean that everyone has the right to have spare time), I'm having a hard time moving forward with the story. Aside from the complications I'm having with writing the next scenes, I had to do a small re-write in a scene that will be in the next episode I submit here.
I had to make a detailed description of the Versailles mansion library, since the architecture of this room will play a significant part in a climatic scene of the story. Unfortunately, I've been struggling with one single paragraph for days, and I just can't, say, "create the image" accurately with just words. So I broke the rules a little, and I thought to myself: "Hey, a picture is worth a thousand words".
I made a model of the library in Versailles mansion with this Google SketchUp architectural design program. This way, if the final description that I write for the story isn't clear enough, at least you'll have a reference of what I imagined in the first place.
I know, as a writer I shouldn't use this kind of resources and I should use only language to express the images that I want, but I'm not that good at describing and there's a point when I grow tired of trying. So, while I'm still struggling with words, at least you can take a look to the references.
Images are below, together with a key. It's just a scheme, the library is quite flamboyant and Baroque-looking, but Google SketchUp doesn't have that much detail.

Oh, and... Merry Christmas everyone!!

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Algunas superficies han sido borradas para mayor visibilidad de la sala.
AMARILLO: Suelo del primer piso.
VERDE: Pared.
NARANJA: Suelo del segundo piso.
ROJO: Estanterías.
MARRÓN: Puerta.
BLANCO: Escalera.
AZUL: Barandilla.
NEGRO: Porción de suelo ocupada por las estanterías.
Some surfaces have been erased for a better view of the room.
YELLOW: Floor of the first floor.
GREEN: Walls.
ORANGE: Floor of the second floor.
RED: Bookshelves.
BROWN: Door.
WHITE: Stairs.
BLUE: Handrails.
BLACK: Part of the floor occupied by the bookshelves.

sábado, 1 de diciembre de 2012

V.S.: "Niños de la tumba" // "Children of the grave" (15)

Lamento la tardanza en subir material nuevo. La universidad consume mucho más tiempo del que en un primer momento pensé que consumiría (además, uno tiene más cosas que hacer aparte de traducir, por mucho que no me guste hacer esperar a mis queridos fans).
En fin... El tercer acto de "Niños de la tumba" ha empezado ya, y está constándome bastante trabajo hilar una historia suficientemente interesante de forma que no queden cabos sueltos al final. Espero tener terminada la historia antes de enero de 2013, pero no os prometo nada (uno no puede forzar a la musa a trabajar si ésta no quiere).
Por ahora, os traigo un nuevo capítulo. Espero que lo disfrutéis :)

I apologize for my delay in submitting new stuff. University is more time-consuming than I first thought it would be (besides, I have more things to do besides translating, as much as I hate to keep my beloved fans waiting!).
So... The third act of "Children of the grave" has started already, and it's really hard for me to write the story in a way in which I keep you thrilled without having loose ends at the end. I hope I have the story finished before January 2013, but I promise you nothing! (I can't force the muse to work if she doesn't want to)
For now, I bring you a new chapter. I hope you like it :)

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            Tyler D se encontraba saliendo de su habitación para ir de caza, cuando los inspectores se presentaron allí para arrestarle y llevarle a comisaría. Monique entró en la sala de interrogatorios y se sentó frente a Tyler, con Wolff en el cuarto anexo, tras el falso espejo, grabando la conversación en audio.
            -Tyler, honestamente no le entiendo – dijo Monique –. ¿Por qué matar a un médico inocente?
            -Y yo lo que no entiendo es por qué en las salas de interrogatorio siguen poniendo esos espejos falsos; es obvio que no se trata de un simple espejo y que detrás de la pantalla se encuentra un policía a quien no podemos ver pero él a nosotros sí – dijo Tyler.
            -Esa pregunta es absurda.
            -La suya también, estamos empatados.
            Monique le puso delante la foto del cadáver de David Peck.
            -Estas flechas son de ballesta – dijo Monique –. Es un arma muy poco común, Tyler, y da la casualidad de que usted es propietario de una ballesta, hecha a mano por usted mismo, además, por tanto sin licencia.
            -No saque conclusiones precipitadas, inspectora; que mi arma la haya construido yo mismo no significa que no tenga licencia – dijo Tyler tranquilamente, tomando la foto para examinarla –. Y estas flechas no son mías.
            Ahora Monique estaba confusa. Justo cuando todo parecía encajar… Volvió a examinar la foto con más detenimiento.
            -Si echan un vistazo a mi munición habitual, verá que mis flechas son de madera de cedro, sin pintura y con punta de plata, hechas a mano por mí mismo. Esas son de carbono, pintadas de negro, y apostaría a que la punta es de acero; son flechas de caza homologadas.
            Monique examinó la foto con cuidado. Tyler tenía razón, eran flechas de profesional.
            -Maldita sea…
            -Mala suerte, inspectora – dijo Tyler –. Oiga, mire, hace una semana, al difunto anticuario Saul Wallace se le robó una ballesta que se encontraba en perfectas condiciones. Así que tenga en cuenta que no soy el único de esta ciudad que posee un arma parecida.
            -Entiendo… ¿Y puede explicarme usted cómo sabe qué faltaba en la casa del difunto anticuario Saul Wallace?
            Tyler se dio cuenta de su error al sacar el tema de Wallace. Y aún más cuando no encontró ninguna explicación que resultara verosímil al quitarle los detalles sobrenaturales, como había estado haciendo cuidadosamente durante toda la conversación.
            -No – dijo, señalando silenciosamente el micrófono sobre la mesa.
            Ese era el problema principal, que Monique entendió inmediatamente: ninguno de los dos podía hacer referencia a detalles sobrenaturales en el interrogatorio. La conversación estaba siendo grabada y era parte de los archivos de una investigación oficial. Sólo la DAESU, una división tan secreta que ni siquiera la Policía tenía noticia de ella, podía aceptar explicaciones paranormales. Y ese interrogatorio no era para la DAESU, sino para el Departamento de Homicidios. Sin quererlo, Tyler se había puesto en un aprieto, tanto a sí mismo como a Monique Auxile.
            -Inténtelo – dijo Monique, disimulando ante el micrófono, mientras le hacía un gesto a Wolff para que dejara de grabar.
            Monique esperó a que Wolff diera un par de golpecitos en el cristal del falso espejo, la señal de que ya no estaban siendo grabados.
            -Esto me va a costar un lío importante como se enteren los jefazos, así que si alguien pregunta, usted no ha visto nada – dijo Monique –. De acuerdo, ahora explíquese.
            -Muy bien – dijo Tyler –. La noche que usted me llevó al puente, yo iba a la casa de ese hombre para intentar hacerme con los planos de la mansión Versailles, ya que Saul Wallace se encontraba en posesión de dicho artículo. Como nadie me abrió la puerta, decidí entrar por una ventana.
            Tyler hizo una pausa al ver que Monique anotaba la palabra “Allanamiento” en su bloc de notas, y prosiguió.
            -Registré cuidadosamente la casa y encontré a ese hombre muerto.
            -¿Cómo lo encontró exactamente?
            -En el sótano, sujeto firmemente a un garrote vil.
            -¿A un garrote?
            -Sí, es un artefacto mortal usado como método de ejecución por la Inquisición Española…
            -Sé lo que es, era un comentario de sorpresa.
            -Bueno… La cuestión es que en mi registro previo a encontrar el cadáver de ese hombre, entré en una habitación llena de armas, y en la pared había un hueco reservado a una ballesta. Y esa ballesta no estaba.
            Monique anotó en su bloc de notas las palabras “Saul Wallace”, “ballesta” y “robo”.
            -De acuerdo, le echaré un vistazo al expediente del caso – dijo Monique –. Le agradezco su ayuda y su tiempo, Tyler.
            -Encantado de ayudar, inspectora – dijo Tyler, cortésmente.
            Monique salió de la sala de interrogatorios y fue a la habitación adjunta detrás del falso espejo, junto a Wolff.
            -Si alguien pregunta, lo de la grabación fue un fallo técnico – dijo Wolff.
            -Por supuesto – dijo Monique.
            Ambos se sobresaltaron al oír la voz de Tyler a través del micrófono, y todavía más cuando vieron que su gélida mirada estaba fija en Monique, teniendo en cuenta que no podía verla a través del espejo.
            -Me gustaría saber cómo intentarán probar que entré sin permiso en casa de Saul Wallace sin tener pruebas de audio de este interrogatorio – dijo.
            Monique y Wolff se miraron, dándose cuenta de que Tyler les había engañado. No había dado ninguna explicación sobrenatural, sólo había hecho que apagaran los micros antes de confesar que cometió un crimen.
            -Hijo de puta – dijeron casi al unísono.

            A la mañana siguiente, Starla Hudson entró en el apartamento de David Peck con la esperanza de encontrarle ahí. Por desgracia para ella, no hubo suerte.
            Su padre le había dicho que, si en todo el día no había noticias de él, informarían a la policía a primera hora del día siguiente. De modo que Starla trató de mantener la calma mientras esperaba cualquier novedad.
            Novedad que no llegó nunca.
            En las horas siguientes, a cada llamada telefónica le daba un vuelco el corazón, pero la esperanza de recibir novedades se marchitaba al oír publicidad al otro extremo de la línea, y en su lugar volvía a crecer el nerviosismo.
            Probó a ver la televisión, leer revistas, picar entre horas, jugar al Tetris con su móvil, masturbarse, darse una ducha… Nada conseguía distraer su mente de la creciente preocupación que sentía.
            Y cuando la preocupación creció lo suficiente como para convertirse en angustia, Starla Hudson se derrumbó, desnuda bajo el agua de la ducha, y lloró de pura impotencia ante la idea de que su amante había desaparecido.
            Y entre sus sollozos y llantos, el ruido de la ducha y el apabullante silencio de la solitaria tristeza, no oyó la llamada de la policía.

            Esa noche, Carl Hudson encontró el buzón de su casa lleno, lo que le indicó que ni Starla ni Gloria, su mujer, estaban en casa. De modo que él mismo recogió la correspondencia y entró en su hogar, dulce hogar.
            Tras tirar la publicidad a la papelera (“Debería comprarme de esas cestitas para la publicidad”, pensó), abrió su propio correo: propaganda electoral, cartas del banco, congresos de medicina… Pero de todo el paquete de cartas que había recibido, una en especial le llamó la atención. No tenía sello ni remitente, sólo un destinatario.
            Starla V. Hudson, 74 Leone st.
            Fiel a la intimidad de su hija, decidió no abrir la carta, aunque eso no redujo su curiosidad. El hecho de que no tuviera remite ni matasellos era sospechoso, y la caligrafía barroca en que estaba escrito el nombre de su hija era cuanto menos peculiar. Y es que, por deformación profesional, Carl Hudson era un hombre al que el más mínimo detalle fuera de lugar le llamaba la atención.
            El doctor dejó el extraño sobre encima de la mesa, quitándole importancia al asunto. Estaba cansado y no quería seguir dándole vueltas a más cosas. Los últimos días habían sido muy extraños y Hudson quería que todo volviera a la normalidad lo antes posible.
            Minutos después llegó Starla. Estaba más calmada que antes, pero aún estaba nerviosa y angustiada. Aún así, trató de aparentar calma delante de su padre.
            -Hola, papá – dijo Starla.
            -Hola cielo – respondió Hudson, saliendo a su encuentro y dándole un beso en la mejilla –. ¿Qué tal el día?
            -Bien – mintió Starla –. El doctor no ha aparecido por casa todavía, ¿ha ido a trabajar hoy?
            Hudson negó con la cabeza.
            -Mañana iremos a la policía para denunciar su desaparición, pero seguramente no le habrá pasado nada – dijo Hudson, intentando tranquilizarla –. Por cierto, tienes una carta. La he dejado sobre la mesa.
            -¿Una carta? – preguntó Starla, algo sorprendida –. ¿De quién?
            -No lo sé, ¿por qué no miras a ver qué es?
            Starla no solía recibir correspondencia, ya que disponía de una dirección de correo electrónico. Su padre, algo más chapado a la antigua, seguía prefiriendo el correo tradicional, y se consideraba un perro viejo incapaz de aprender a usar un ordenador.
            Starla se dirigió hacia la mesa del salón, cogió el sobre y lo abrió. No pudo evitar que una mueca de extrañeza se asomara a su rostro al leer su contenido.
            -¿Qué ocurre? – preguntó su padre.
            -Es una invitación a una fiesta, mañana por la noche – dijo Starla.
            -Oh, pues… Puedes ir, cielo – dijo Hudson –. Así igual te animas un poco.
            -Es una fiesta de disfraces – dijo Starla –. De temática victoriana.
            Hudson se quedó sin palabras. De pronto algunos de los cabos sueltos de los últimos días comenzaban a entrelazarse.

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            Tyler was going out of his room to go hunting when the detectives arrived to arrest him, and they took him to the precinct. Monique went into the interrogation room and sat facing Tyler, while Wolff was sitting behind the false mirror, recording the conversation.
            “Tyler, I don’t understand you, frankly”, Monique said. “Why kill an innocent doctor?”
            “What I don’t understand is why they still install those fake mirrors on the walls of the interrogation rooms”, Tyler said. “I mean, it’s pretty obvious that it’s not just a mirror, and behind that screen hides a cop that is able to see without being seen”
            “That’s an absurd question”
            “Yours is, too, so now we’re even”
            Monique showed him the picture of David Peck’s lifeless body.
            “These are crossbow bolts in his body”, Monique said. “Crossbows happen to be very uncommon weapons, and what are the odds, you happen to own a crossbow. In fact, one hand-made by yourself, so that means you probably won’t have a license”
            “Whoa, not so fast, detective. The fact that I have crafted my weapon myself doesn’t mean I don’t have a license for it”, Tyler calmly said, picking up the picture to look at it closely. “Also, these bolts aren’t mine”
            Now Monique was the one confused. Just when everything seemed to fit… She looked at the photo again, more carefully this time.
            “If you look closely enough at my usual ammunition, you’ll see that my arrows are made out of cedar wood, remain unpainted and are topped with a silver head. These ones are made out of carbon, painted black and I’d bet the head’s made of steel. These are homologated hunting bolts”
            Monique looked carefully at the picture. Tyler was right, those were professional bolts.
            “Dammit…”
            “Bad luck, detective”, Tyler said. “Look, the late antiquarian Saul Wallace was stolen a still functioning crossbow a week ago, so keep in mind I’m not the only one in this town carrying that kind of weapon”
            “I see… And, could you explain how come you know what was missing at the late antiquarian Saul Wallace’s house?”
            Tyler realized his mistake in bringing out the subject of Saul Wallace. And this mistake proved to be bigger than it seemed when he failed to find to find a verisimilar explanation without paranormal details, like he had been doing during the whole conversation.
            “No”, he said, silently pointing at the microphone.
            That was the main problem, which Monique perfectly understood: none of them could discuss supernatural details in that conversation. The interrogation was being recorded and it was part of the ongoing investigation files. Only USPAD, a division so secret that the police department didn’t even know about it, could accept paranormal explanations. But that interrogation was not for USPAD, but for the Homicide division. Without meaning to, Tyler had put both Monique and himself in a tricky situation.
            “Well, try”, Monique said, acting normal in front of the mike, while silently making Wolff a sign to make him stop recording.
            Monique waited until she heard Wolff knocking twice on the fake mirror – the sign that they were no longer being recorded.
            “Alright, this is gonna get me in big fuckin’ trouble with my bosses, so just in case anybody asks you, you ain’t seen nothin’”, Monique said. “Now start talking”
            “OK”, Tyler said. “That night you took me to the bridge, I was going to that man’s house to get the blueprints of Versailles’ mansion – since Saul Wallace was in possession of that item. Given that nobody opened the door for me, I decided to get in through a window”
            Tyler paused as he saw Monique writing down on her notepad the code ‘B&E’, the abbreviation for ‘breaking and entering’. Then he continued.
            “I searched the house and found the man dead”
            “How did you find him, exactly?”
            “In the basement, tied to a garrote”
            “A garrote?”
            “Yes, it’s a lethal device used as an execution method by the Spanish Inquisition…”
            “I know what a garrote is, it was just an exclamation”
            “Well, the thing is, in the search I made before finding the body, I also found a room full of weapons, and there was a space on the wall for a crossbow. Only that the crossbow was missing”
            Monique wrote down on her notepad the words “Saul Wallace”, “x-bow” and “theft”.
            “OK, I’ll take a look at the case files”, Monique said. “Thanks for your time, Tyler”
            “Glad I helped, detective”, Tyler politely said.
            Monique got out of the interrogation room and went to the observation room behind the one-way mirror, where Wolff was sitting.
            “Anybody asks, the recorder had some kind of problem”, Wolff said.
            “Of course”, Monique said.
            Both of them jumped in surprise when they heard Tyler’s voice through the mike, and even more when they noticed that his ice-cold glare was pointing straight at Monique, given that there was no way that he could see her through the mirror.
            “I’d like to know, how are you planning to prove that I broke into Saul Wallace’s home, if you have no audio evidence of this conversation?”, he said.
            Monique and Wolff looked at each other, suddenly realizing that Tyler had tricked them. He hadn’t given any supernatural explanation. He only had them switch the microphones off before admitting that he broke a law.
            “Son of a bitch!” they said, almost at the same time.

            The morning after, Starla Hudson entered David Peck’s apartment, hoping to find him there. Unluckily for her, he wasn’t home.
            Her father had told her that, were there no news about him for that whole day, they would inform the Police first thing in the following morning. So Starla tried to keep calm and wait for any news.
            News that never arrived.
            In the following hours, every time the phone rang, her heart skipped a beat, but her newfound hope died when she heard propaganda at the end of the line, and uneasiness grew in its place.
            She tried watching TV, reading magazines, eating a snack, playing Tetris on her cell phone, masturbating, taking a shower… Nothing distracted her from the ever growing worry that she was feeling.
            And when her worry grew enough to evolve into angst, Starla Hudson broke down, naked under the shower, and cried of pure impotence because of the thought that her lover had disappeared.
            With all her crying and whimpering, the sound of the shower and the overwhelming silence of the lonely sadness, she failed to hear the call of the police.

            That night, Carl Hudson found the mailbox of his house full of letters, which indicated him that neither Starla nor his wife Gloria were at home. He picked up the mail himself and got into his home, sweet home.
            After throwing the propaganda in the trash bin (I should get one of those little advert baskets for my door, he thought) he opened his own mail: electoral propaganda, bank letters, invites for medicine symposiums… But in all the pack of letters that he had, one of them all got his attention. It didn’t have a stamp or a return address, only a destination.
            Starla V. Hudson, 74 Leone St.
            Respecting his daughter’s privacy, he chose not to open the letter, although that didn’t make him less curious. The fact that it didn’t have a return address or a stamp was suspicious, and the baroque-esque typography in which his daughter’s name was written was, at least, strange. Because of his job, Carl Hudson was the kind of man who instantly notices any tiny detail out of place.
            The doctor left the strange envelope on the table, trying not to think of the subject. He felt tired and he didn’t want to keep thinking of more stuff. The previous few days had been really strange, and Hudson just wanted everything to go back to normal as soon as possible.
            Minutes later, Starla arrived home. She was calmer than before, yet she was still nervous and worried to death. However, she tried to look calm in front of her father.
            “Hey, dad”, Starla said.
            “Hey, sweetie”, Hudson replied, walking towards her and kissing her cheek. “How was your day?”
            “Fine”, she lied. “Doctor Peck hasn’t appeared yet. Did he show up for work today?”
            Hudson shook his head no.
            “We’ll go to the police tomorrow and tell them he’s missing. But most likely he’s OK”, Hudson said, trying to calm her down. “Oh, by the way, you got mail. I left it on the table”
            “Mail?” Starla asked, a little surprised. “From who?”
            “I dunno; why don’t you look what it is?”
            Starla didn’t usually get mail, since she had an e-mail address. Her father was a little more old-fashioned; he still preferred traditional mail, and he considered himself to be an old dawg unable to learn how to use a computer.
            Starla walked toward the table in the living room, picked up the envelope and opened it. She couldn’t help a strange expression on her face when she read the contents.
            “Anything wrong?” her father asked.
            “It’s an invitation to a party tomorrow night”, Starla said.
            “Oh well… You can go, honey”, Hudson said. “That way you might even cheer up a little”
            “It’s a costume party, dad”, Starla said. “A Victorian-themed costume party”
            Hudson was suddenly speechless. Some of the loose ends from the previous days just started tying up.

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domingo, 28 de octubre de 2012

V.S.: "Niños de la tumba" // "Children of the grave" (14)

¡Perdón por el retraso en subir cosas nuevas!
Podría haberme justificado diciendo que estaba esperando a una fecha cercana a Halloween para subir cosas nuevas, pero no me gusta mentirle a mis lectores (salvo para contaros historias de ficción).
La universidad es algo que me quita muchísimo tiempo (y más que me debería quitar, segun me han dicho), y últimamente las cosas no me han ido del todo bien en lo que a creatividad respecta. Pero mirando el lado positivo, he conseguido trazar el argumento del tercer acto entero y estoy escribiendo ya las escenas que lo componen. Así que... A medida que vaya traduciendo todo el material nuevo que tengo, iré subiéndolo (no os espereis que sea muy a menudo).
Bueno, ya vale de introducción. ¡A leer!

Excuse my delay in updating!
I could excuse myself saying that I was waiting for a date near Halloween to update, but I don't like to tell lies to my readers (unless if they're fiction stories!).
University is something that sucks a lot of time (it should suck even more time than it does with me, according to what I've been told), and lately the things were not OK in the creativity plane. The bright side is, I've written the important plot points for the whole remaining third act and I'm writing the scenes of it. So... I'll update as I translate this new material (don't expect that to be often, however).
Enough with the intro. New chapter starts now!

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            El móvil de Carl Hudson tenía tres llamadas perdidas para cuando salió del quirófano y se preparaba para irse a casa. Era Starla. Mientras bajaba hasta el aparcamiento devolvió la llamada.
            -Hola, cariño – dijo Hudson –. Acabo de terminar una operación complicada, perdona que no te haya llamado antes. ¿Va todo bien?
            -Sí, yo estoy bien – respondió Starla –. Oye, ¿está Peck contigo?
            -No, se ha ido hace más de una hora. ¿Por qué?
            -Verás, es que le estaba esperando en su casa para comentarle algo en persona cuando llegara, y… Bueno, sigue sin llegar.
            A Hudson esto le extrañó bastante, ya que Peck vivía a veinte minutos del hospital. Y de haber visto que su hijita llevaba puesta lencería sexy al otro lado de la línea, también le habría extrañado qué tipo de cosas quería comentarle Starla a Peck en persona.
            -Bueno, cariño, no te preocupes – dijo Hudson –. Vuelve a casa, ¿de acuerdo? Ya es muy tarde.
            -De acuerdo – dijo Starla.
            -Si te quedas más tranquila, le llamaré al móvil, ¿vale? ¿Has cenado?
            -No, pero tampoco tengo hambre, hoy he comido bastante.
            -Como quieras, cariño. Nos vemos en casa. Te quiero.
            -Yo también te quiero, papá – dijo Starla, antes de colgar.
            Hudson se extrañó bastante. Conocía a Peck lo suficiente como para saber que, cuando acababa su turno, se iba directamente a casa a descansar. Hacía hora y cuarto que se había ido y aún no estaba en casa. Algo impropio de Peck.
            “Igual ha ido andando”, pensó Hudson. “O igual ha tenido que hacer alguna otra cosa antes…”
            Pero en cuanto vio el coche de Peck en el aparcamiento, exactamente en el mismo sitio donde lo había dejado al llegar, se dio cuenta de que quizá sus suposiciones eran erróneas.
            Hudson echó mano de su móvil rápidamente, y buscó en la agenda el número de David Peck. Llamó y esperó a oír los tonos, cada vez más preocupado.
            Y aún se preocupó más cuando oyó el politono de “School’s Out” en la otra punta del aparcamiento.
            Hudson siguió la cancioncilla del tono de llamada del móvil de Peck hasta que lo vio en el suelo, brillando, y cortó la llamada. Recogió el móvil, parándose un momento a pensar que el punto donde lo había encontrado quedaba lejos de la entrada principal y de su coche.
            “Algo le tuvo que traer hasta aquí”, pensó Hudson. “Pero, ¿qué?”
            No qué. Quién.

            -Ha hecho un excelente trabajito, monsieur de L’Êtat.
            -Oiga, si le he hecho este favor es porque usted es un emisario de Lucifer, a quien debo lealtad. Pero eso no le da derecho a otras cosas.
            -¿Se refiere a usar su nombre verdadero? Oh, le pido disculpas, Versailles. Se me ha olvidado. Bueno, puede dejar el cargamento en el suelo, yo mismo me encargaré de él. Usted ha cumplido su parte del trato.
            -¿Qué interés tiene este hombre para usted?
            -Un simple cabo suelto que hay que atar… ¡Vaya, hola, preciosidad! ¿Quieres un caramelo?
            -Soy una vampira, no puedo tomarlo… Pero gracias.
            -Está bien, tampoco tenía caramelos de todos modos. Bien, monsieur Versailles, puede irse y llevarse con usted a su preciosa niñita.
            -Bien sûr. Vámonos, Abigail, tenemos cosas que hacer.
            -…buenas noches, señor.
            -Buenas noches, bonita. Hasta la vista, monsieur.
            -Adieu.

            La peor parte de un plan maestro es tener que planearlo.
            Eso estaba más que claro para los tres miembros de la DAESU. Los inspectores Monique Auxile y Winston Wolff, y el detective Jackie Lamb, corrían a contrarreloj una carrera de obstáculos tales como la falta de información, el sueño y el tiempo que no paraba de correr. Dos noches para preparar un plan perfecto que funcionara como un reloj suizo, y cuyo resultado fuera la muerte del vampiro conocido como Versailles. Habían pasado varias horas y aún no salían de la fase de lluvia de ideas.
            Monique Auxile, a pesar de llevar Dios sabe cuántas noches sin dormir, era la que más energía desprendía. Jackie, que se veía obligado a trabajar en su noche libre, estaba luchando por no quedarse dormido, mientras que Winston Wolff se había levantado a hacer café.
            -Inspectora, sé que esto tiene una vital importancia, pero… Aunque sólo sea un rato, déjeme echarme a dormir.
            -Jackie, necesitamos que este plan esté listo para…
            Monique se interrumpió cuando sonó su móvil. Era la centralita de la comisaría.
            -Auxile al habla – dijo cuando respondió.
            -Tenemos un asesinato en Cronenberg Park – dijo la voz al otro extremo –. Un anónimo ha dado el aviso desde un teléfono público. El forense Matthews ya está de camino.
            -Voy enseguida – dijo, ocultando la resignación de su tono de voz, antes de colgar –. Jackie, hay trabajo oficial. Échate a dormir, Lobo y yo nos ocupamos, seguiremos mañana.
            -Gracias, inspectora – dijo Jackie, levantándose pesadamente y dirigiéndose al sofá.
            -¿Ni siquiera me vas a preguntar…?
            -Inspectora… Lo único que quiero ahora mismo es dormir – sentenció Jackie.
            Monique se puso el abrigo.
            -De acuerdo. Que duermas bien – dijo –. ¡Winston! ¡Hay curro! ¡Mueve el culo, conduces tú!

            David Peck estaba muerto.
            -¿Qué tenemos? – preguntó Monique al cruzar la banda policial.
            -David Gregory Peck, 33 años – dijo el forense.
            -¿Causa de la muerte? – dijo Wolff, quien todavía iba detrás de Monique.
            -Inspector Wolff, recuérdame otra vez cómo demonios te dieron el puesto – dijo Monique, con su habitual sarcasmo vitriólico.
            -Herida de flecha en la cabeza y el pecho… Lo cual resulta bastante obvio teniendo en cuenta que ni siquiera le han sacado las flechas – dijo el forense Matthews.
            -Espera un momento… Monique, conocemos a este tío – dijo Wolff.
            -Premio para el más rápido de la clase – dijo Monique, administrando otra dosis de su sarcástico humor –. Claro que le conocemos, es el médico que salvó la vida a Abby Harris.
            -¿Crees que ambos sucesos están relacionados? – preguntó Wolff.
            -Lobo, si lo único que vas a hacer aquí es verbalizar obviedades, mejor cierra la puta boca y acabamos antes.
            El forense y todos los agentes que estaban en la escena del crimen se miraron entre sí, divertidos por los dardos verbales de la inspectora, e hicieron infantiles gestos de “Hala, lo que ha dicho”.
            -Cuando acabéis vuestra regresión mental a la época en la que descubristeis la masturbación, ¿podemos continuar? – dijo Monique –. ¿Lo tiraron con un arco?
            -Yo diría que las flechas son demasiado cortas como para tiro con arco – dijo el forense Matthews –. Pero sí que podría tratarse de una ballesta.
            Monique miró a Wolff.
            -Tyler – dijo el inspector, una vez más verbalizando la obviedad.

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            Carl Hudson’s cell phone had three missed calls by the time he came out of the operating room and was preparing to go home. Those were from Starla. He returned the call when he was heading down to the parking lot.
            “Hey, honey”, Hudson said. “I just came out of a hard operation; sorry I didn’t call you back earlier. Is everything OK?”
            “Yeah, I’m OK”, Starla replied. “Hey, dad, is Doctor Peck with you?”
            “No, he left more than an hour ago. Why?”
            “See, I’ve been waiting for him at his place to tell him something and… Well, he hasn’t arrived yet”
            Hudson was surprised at this, since Peck lived only twenty minutes away from the hospital. And if he had seen that his daughter was wearing only sexy lingerie on the other side of the line, he would have been even more surprised about the things Starla wanted to tell Peck.
            “Well, honey, don’t worry”, Hudson said. “Go home, OK? It’s quite late already”
            “Alright”, Starla said.
            “I’ll call him to his cell phone, so that you don’t worry. You had dinner already?”
            “Nope, but I ain’t hungry anyway, I had too much to eat at lunch today”
            “OK, sweetie. See ya home. I love you”
            “Love you too, dad”, Starla said as she hung up.
            Hudson was quite surprised. He knew Peck good enough to know that he went home to rest as he finished his shift. It had been an hour and fifteen minutes since he had left and he wasn’t home yet, which was something unusual in Peck.
            Maybe he went home walking, Hudson thought. Or maybe he had something else to do before heading home…
            But as soon as he saw Peck’s car exactly where he left it that morning in the parking lot, he realized his suppositions were wrong.
            Hudson quickly grabbed his cell phone and searched in his speed-dial list for David Peck’s number. He pressed “Call” and waited for the dial tones to sound, worried.
            And he got even more worried when he heard the “School’s out” ring tone at the other side of the parking lot.
            Hudson followed the tune of Peck’s ring tone until he saw his phone on the floor, and he ended the call. He took up the phone, taking a moment to realize that the place where he found it was quite far from both the main entrance and his car.
            Something bad had to bring him here, Hudson thought. But what?
            Not what. Who.

            “You’ve done an excellent work, monsieur de L’Êtat”
            “Listen, I have done this favor to you only because you are a Lucifer messenger, and I owe loyalty to Lucifer. But that does not give you the right to do other things”
            “You mean using your real name? Oh, I beg your pardon, Versailles, I forgot that. OK, you can leave the cargo on the floor, I’ll take care of it myself. You’ve done your part of the deal”
            “Why are you so interested in this man?”
            “Just a loose end I have to tie… Well, hello, precious! Do you want some candy?”
            “I’m a vampire, I can’t have it… But thanks anyhow”
            “It’s OK, I didn’t have candy anyway. Alright, monsieur Versailles, you can leave and take your pretty little girl with you”
            Bien sûr. Come on, Abigail, we have things to do”
            “…good night, sir”
            “Good night, beautiful. See you soon, monsieur
            Adieu

            Worst part of a master plan: to plan it.
            That was crystal clear for the three USPAD members. Detectives Monique Auxile, Winston Wolff and Jackie Lamb ran against the clock, with obstacles such as lack of information, sleep deprivation and time itself. Two nights to prepare the perfect plan, a plan that had to work like a Swiss clock, and which ending was to be the death of the vampire known as Versailles. Several hours had passed, and they hadn’t gone past the brainstorming phase.
            Monique Auxile was the one with most energy, despite the fact that she hadn’t slept for God knows how many nights. Jackie, who was forced to work in his free night, was struggling not to fall asleep, while Winston Wolff was up making coffee.
            “Detective Auxile, I know this is a matter of life or death, but… Just for a while, let me get some sleep, please”
            “Jackie, we need to prepare this plan to…”
            Monique was interrupted by an incoming call in her cell phone. It was the precinct number.
            “Auxile”, she said.
            “Detective, we have a murder in Cronenberg Park”, the voice at the other side of the line said. “An anonymous informant called from a public phone. Coroner Matthews is on his way”
            “Coming”, she said, trying to disguise the annoyance in her voice, before ending the call. “Jackie, we have official work. Go to sleep, the Wolf and I will handle this. We’ll continue tomorrow”
            “Thank you”, Jackie said, getting up tiredly and dragging himself to the couch.
            “Ain’t you gonna ask me…?”
            “With all due respect… Right now I just care about sleeping some”, Jackie said.
            Monique put her coat on.
            “Alright, sleep tight”, she said. “Winston! Got work! Move your ass, you drive!”

            David Peck was dead.
            “What do we have here?” Monique asked as she crossed the police line.
            “David Gregory Peck, 33”, the coroner said.
            “Cause of death?” Wolff asked, still behind Monique.
            “Detective Wolff, remind me how did you manage to get your job”, Monique said, with her trademark acid sarcasm.
            “Arrow wound to the head and chest… Which is kinda obvious given that the arrows are still in the body”, Matthews said.
            “Wait a minute… Monique, we know this guy”, Wolff said.
            “You were the smartest guy in school, weren’t you?” Monique said, again delivering a sample of her sarcastic humor. “Of course we know this guy; he’s the doctor who saved Abby Harris’ life”
            “You think both happenings are related?” Wolff asked.
            “Wolf, if you’re only here to state the obvious, you’d better shut the fuck up and we’ll get home sooner”
            The coroner and all the other officers around the crime scene looked at each other, amused by the detective’s bits, and made childish “OMFG what she just said” gestures.
            “Fellas, when you’re done with your mental regression to the age in which you discovered masturbation… could we please continue?” Monique said. “Were these arrows thrown with a bow?”
            “I’d say these arrows are too short to be thrown with a bow”, coroner Matthews said. “They’re more like crossbow bolts”
            Monique glared at Wolff.
            “Tyler”, Wolff said, once again stating the obvious.

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domingo, 23 de septiembre de 2012

V.S.: "Niños de la tumba" // "Children of the grave" (13)

¡Bienvenidos una vez más al Mundo de Jack!
Perdonad que no haya podido continuar con la historia últimamente. Tras la última entrada no podía escribir material nuevo, y hasta hace unos pocos días no escribí ni una sola línea de esta historia.
Espero que os gustara el último capítulo, a pesar de que todo quedara un poco confuso. Esta historia está resultando ser un reto para mí: cuatro lineas argumentales simultaneas (los vampiros, Tyler, los policías y los médicos), ocho personajes principales (Tyler, Monique, Wolff, Jackie, Abby,  Lucille, Versailles y Peck) y no tiene que quedar ningún cabo suelto.
He de decir que el tercer acto que ahora comienza se presenta como el más difícil de escribir. Si a eso le añadimos que empezaré con las clases en octubre, creo que no habrá muchas actualizaciones... Pero no perdáis la esperanza.
Vale, suficiente con mi charla. ¡A disfrutar!

Welcome once more to Jack's World!
Excuse me, 'cause lately I couldn't continue with the story. After the last submission I couldn't write any new material, and only a few days back I could sit down and write some of this story.
I hope you liked the last chapter, even though it was a little confusing. This story is proving to be a challenge for me: four simultaneous story arcs (the vampires, Tyler, the cops and the doctors), eight main characters (Tyler, Monique, Wolff, Jackie, Abby, Lucille, Versailles and Peck), and no loose ends at the ending.
I must say, this third act that begins now is to be the hardest to write. If you take that, plus the fact that I start my university classes in October, I think I won't be updating very often... But don't lose your hope!
OK, enough of me yappin', let's boogie!

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            David Peck parpadeó cuando el primer rayo de sol entró por su ventana. Había dormido más de doce horas tras una intensa sesión de sexo desenfrenado, con lo que se sentía como nuevo, listo para otra mañana de trabajo.
            En otra parte de la ciudad, Winston Wolff se desperezaba con un bostezo, totalmente ajeno a los eventos acontecidos esa noche, y se dirigía a la cocina a hacerse un café muy cargado, sintiéndose mucho mejor que el día anterior.
            En la quinta con Carpenter, Jackie Lamb volvía en sí otra vez, muy dolorido y con pocas mejoras respecto a la noche anterior. Monique Auxile también despertó, alertada por los ruidos que Jackie hacía. Tras hablar con el doctor Sward, decidió dejarle en sus manos mientras ella iba a comisaría.
            Al otro lado del puente, Tyler lograba salir del sótano del anticuario apilando instrumentos de tortura para llegar a los escalones que aún quedaban en pie en la malograda escalera, no sin cierto esfuerzo debido al humo y la escasa ventilación del lugar. No llamaría a la policía, o tendría que responder a demasiadas preguntas.
            Y en la apartada mansión Versailles, el Rey Vampiro dormía plácidamente, mientras que su neófita aprendiza sufría horribles pesadillas y su mujer todavía sollozaba encerrada en un armario, demasiado debilitada para arrastrarse a su habitación y demasiado humillada para no tomar represalias.

            Una semana después…

            -Monique, ¿por qué seguimos investigando? – dijo Winston Wolff.
            -Winston, queda una noche para la luna llena, y pienso ganar esa apuesta con los métodos que sean necesarios.
            -¡Es una maldita apuesta!
            -¡Abre los ojos, lobo! Si ganamos esta apuesta tenemos a Tyler D de nuestra parte. Y por si fuera poco tenemos un informante.
            -Monique, esa mujer no apareció. Nos hizo perder el tiempo. No era más que una distracción. Ahora es seguro que Abby Harris es una vampira.
            -Te lo he explicado ya, Winston, Lucille estaba encerrada en la mansión, no pudo aparecer en el lugar de la cita.
            -Jefes, traigo noticias – dijo Jackie, entrando en el salón del apartamento.
            -¡Jackie, muchacho! ¿Vuelves a estar de servicio? – dijo Wolff.
            -Esa era la noticia número uno, sí – dijo Jackie –. La número dos es que he conseguido reunirme con Lucille King y tengo información recién sacada del horno.
            En este punto, Monique pasó a prestarle toda la atención a Jackie.
            -Soy todo oídos, canadiense – dijo Monique –. Dispara.
            -Verá, estuve pensando… Es muy raro que, incluso estando la mansión tan aislada del resto de la ciudad como lo está la mansión Versailles, nadie haya reparado en ella, o siquiera se haya preguntado quién vive allí. Es extraño que no reciban visita alguna, ¿verdad?
            Los inspectores asintieron.
            -Ahí nos equivocamos – dijo Jackie.
            -Pero… El acceso es imposible en cualquier vehículo – repuso Wolff.
            -Ese es el error – dijo Jackie –. Lo único que hay es un muro de ladrillo de seis metros de alto rodeando la mansión y sus dominios, una valla metálica electrificada de alta tensión sobre el muro, y una cancela de hierro forjado, también electrificada, sin timbre.
            Wolff y Monique miraron a Jackie estupefactos.
            -El acceso es imposible… si lo que quieres es entrar sin permiso – dijo Jackie.
            -Podíamos haber conseguido una orden judicial… – dijo Monique.
            -¿Alegando qué, inspectora? – interrumpió Jackie.
            Monique vaciló. Jackie tenía razón, Versailles no tenía cargos ni era sospechoso de nada oficialmente.
            -Continúo – dijo Jackie –. Bien, la seguridad de este sitio va mucho más allá de eso, es un entramado brutal de cosas de las que ahora mismo no recuerdo todas. Pero hay algo más. He encontrado una manera de colarse.
            En este punto, tanto Monique como Wolff miraron a Jackie con una perplejidad total.
            -¿Qué? – dijeron al unísono.
            -Les advierto que es increíblemente arriesgado y que haría falta estar demasiado loco para intentar…
            -¡Dilo de una vez! – interrumpió Monique.
            -¡Vale, vale! – dijo Jackie –. Versailles organiza fiestas privadas de temática victoriana en su mansión. Envía invitaciones a una serie de personas y ellos se presentan allí a la hora indicada, disfrazados. En esas fiestas corren las drogas, el alcohol y el sexo desenfrenado como en Sodoma y Gomorra.
            -¿Y dónde dices que está el riesgo? – preguntó Monique.
            -En que es un grupo reducido de gente, y que va a ser complicado colarse en el complejo de cualquiera de las maneras sin llamar la atención – dijo Jackie.
            -Y, ¿por algún casual la próxima fiesta no será durante las noches de luna llena?
            -Es pasado mañana – dijo Jackie.
            Monique sonrió por primera vez en muchos días. Era un rictus de hiena que asustaba de sólo verlo.
            -Conozco esa mirada – murmuró Wolff –. Y nunca trae nada bueno.

            Lucille King se preguntó por enésima vez por qué demonios se arriesgaba tanto al ir allí, mientras llamaba a la puerta de la habitación del templo satánico donde dormía Tyler D. De estar presente, lo más seguro era que la matara. Pero era mejor la muerte rápida que daba Tyler que una muerte lenta como Versailles tenía por costumbre.
            Tyler abrió la puerta lo suficiente para asomar la cabeza y se quedó mirando a Lucille durante unos segundos.
            -De todas las personas que llaman a mi puerta, las únicas visitas que nunca me espero son vampiros – dijo Tyler.
            -No vengo a hacerte daño.
            -Lo supuse. Si hubieras venido con esa intención ya estarías muerta.
            -¿Y cómo es que no lo estoy ya?
            -No hubieras venido aquí por tu propio pié sin una razón de peso, y eso despierta mi curiosidad.
            -¿Puedo entrar?
            -Mi curiosidad no llega a tanto – dijo Tyler.
            Lucille bajó la cremallera de su cazadora y la abrió. No llevaba nada debajo. La fría piel blanquecina de su torso quedó expuesta al aire de la noche.
            Tyler no reaccionó.
            -Tápate o cogerás frío – dijo secamente.
            Y cerró de un portazo.
            Lucille puso los ojos en blanco y llamó a la puerta otra vez. Tyler abrió, esta vez con más violencia.
            -¿Qué? – dijo.
            Lucille entró sin problemas, para perplejidad de Tyler.
            -Templo satánico, señor D. Las criaturas no precisan de un permiso aquí – aclaró Lucille.
            Tyler hizo una mueca de desagrado.
            -Vale, explícate y luego te largas – dijo.
            -Qué descortés – dijo Lucille, con sarcasmo.
            -Sí, suelo serlo con los bichos chupasangre, si te acuerdas – dijo Tyler.
            Lucille resopló.
            -Quiero que mates a mi marido – dijo Lucille.
            Tyler guardó unos segundos de silencio antes de echarse a reír.
            -¿Te crees que soy un asesino a sueldo o algo así? – dijo.
            -No, eres un cazador de vampiros. El mejor en su oficio. Y te estoy poniendo al Rey Vampiro en bandeja de plata. ¿Lo tomas o lo dejas?
            -¿Me explicas cómo me lo estás poniendo en bandeja de plata? – preguntó Tyler.
            Lucille sacó un sobre del bolsillo de su cazadora y se lo enseñó a Tyler.
            -¿Sabes lo que es esto?
            -Un sobre – respondió Tyler.
            -Una invitación – corrigió Lucille –. Una invitación a la fiesta que mi marido celebra pasado mañana en su mansión. Estarás dentro de la boca del lobo.
            Tyler miró a Lucille con escepticismo.
            -Vale… ¿Cuál es el precio? – preguntó Tyler.
            Lucille volvió a bajarse la cremallera de la cazadora.
            -¿Cuánto hace que no te acuestas con una mujer, señor D?

            Ya era de noche cuando David Peck salió del hospital. No podía pensar en otra cosa que en tirarse en la cama, estuviera Starla desnuda en ella o no, y relajarse. A punto estaba de subirse en su Honda para irse a casa, cuando oyó un sollozo en el aparcamiento. Se volvió en dirección hacia el sonido.
            -¿Hola? – preguntó el doctor.
            Otro sollozo.
            Peck caminó con cautela hacia el lugar de procedencia de los llantos. El aparcamiento estaba casi vacío, bañado por la luz de las farolas y la luna casi llena. Había unas pocas ambulancias aparcadas al fondo, y los coches de los médicos de guardia.
            El doctor sacó su mechero para iluminar mejor el oscuro lugar. El Zippo en el que había un as de picas pintado se abrió con un “clic” y se encendió tras un par de intentos. Una luz naranja se añadió al enfermizo halo blanco de las farolas.
            -¿Hay alguien? – preguntó Peck.
            Otro sollozo como respuesta.
            Estaba más cerca esta vez. La llama del mechero vaciló con cada movimiento brusco, cada ráfaga de viento, amenazando con sumirle en la oscuridad. Pero aguantó. Peck continuó buscando en el aparcamiento la fuente de los llantos.
            Fue entonces cuando vio a una niña sentada tras una furgoneta.
            -¿Te encuentras bien? – preguntó Peck.
            Otro llanto.
            Peck se acercó. Y en cuanto la luz fue bañando el cuerpo de la niña, Peck fue notando cómo una desagradable sensación se apoderaba de su cuerpo. Conocía a esa niña.
            -¿Abigail Harris?
            La pequeña reaccionó con sorpresa al oír su propio nombre.
            -¿Me conoce? – dijo con la voz quebrada.
            -Santo Dios, estás bien – dijo Peck.
            Abby miró al médico con confusión en los ojos mientras este se agachaba hacia ella.
            -Cuando tuviste el accidente… te trajeron a este hospital, y yo te salvé la vida esa noche.
            Abby se quedó boquiabierta.
            -Usted… ¿Usted me salvó?
            Peck asintió.
            Abby saltó a abrazarle efusivamente.
            -Tiene que irse de aquí, pronto – dijo Abby.
            -¿Cómo?
            Peck se zafó de ella delicadamente y la miró a la cara. ¿Tenía los ojos rojos o era un efecto de la luz?
            -Váyase, pronto.
            -Pero Abby… ¿Te encuentras bien? Estabas llorando…
            -Sí, estoy bien, váyase, rápido.
            -¿Qué dices? Me estás asustando…
            -¡No lo entiende! Váyase de aquí antes de que le encuentre.
            -¿Quién?
            De su espalda llegó un soplido gélido que apagó la llama del mechero. Un pañuelo con cloroformo apagó la poca luz que quedaba.
            -El hombre delgado – dijo una voz sobrenatural a su espalda.

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            David Peck blinked when the first ray of sun came through his window. He had slept over twelve hours after an intense session of passionate sex, so he felt renewed, ready for work.
            In other part of the city, Winston Wolff stretched and yawned, completely oblivious to the happenings of that night, and walked towards the kitchen to make some black coffee, feeling much better than the day before.
            Fifth with Carpenter, Jackie Lamb woke up again, in deep pain and only slightly better than the night before. Monique Auxile also woke, alarmed by the noise Jackie was making. After speaking to doctor Sward, she decided to leave Jackie with him while she went to the precinct.
            At the other side of the bridge, Tyler managed to get out of the antiquarian’s basement by lining up torture instruments and climbing to reach the surviving steps from the broken stairway, not quite effortlessly due to the smoke and the lack of ventilation. He chose not to call the police; otherwise he would have to answer too many questions.
            And in Versailles’ mansion, the Vampire King slept like a baby, while his neophyte apprentice struggled with horrible nightmares, and his wife whimpered, locked in a drawer, too weak to crawl to her room and too humiliated to just stand there waiting for more.

            A week later…

            “Monique, why are we still investigating?” Winston Wolff asked.
            “Winston, it’s one night left to full moon, and I want to win that bet by any means necessary”
            “It’s a goddamned bet!”
            “Open your eyes, wolf! If we win this bet, we’ll have Tyler D on our side. And we have an informant”
            “Monique, that woman didn’t show up. She wasted our precious time. She was a mere distraction. Now we know for sure Abby Harris is a vampire”
            “I’ve already explained it to ya, Winston, Lucille was locked in the mansion, and she couldn’t make it to the meeting place”
            “Bosses, I have news for you”, Jackie said, entering the apartment’s living room.
            “Jackie boy! You’re back on duty?” Wolff said.
            “That was part one, yeah”, Jackie said. “Part two is, I managed to meet Lucille King and I have fresh info right out from the source”
            At this point Monique put all her attention on Jackie.
            “I’m all ears, Canadian boy”, Monique said. “Go ahead”
            “See, I was thinking… It’s very odd that nobody ever bothered to notice Versailles mansion or asked themselves who lives there, even such an isolated mansion like Versailles’ mansion. Now, it’s very weird that they don’t ever have any visitors, isn’t it?”
            The detectives nodded.
            “We were wrong at that point”, Jackie said.
            “But access is impossible in any vehicle”, Wolff argued.
            “That was the mistake”, Jackie said. “Only thing there is a twenty-feet-tall brick wall around the mansion and gardens, a high-tension electrified fence on top of that wall, and a metal gate, also electrified, without a bell”
            Wolff and Monique stared at Jackie in awe.
            “In other words, the access is impossible… if you wanna trespass without permission”, Jackie said.
            “We could’ve gotten a warrant…” Monique said.
            “In base to what, detective?” Jackie said.
            “Monique hesitated. Jackie had a point, Versailles didn’t have any criminal history or was suspicious of anything.
            “As I was saying”, Jackie said. “Security in this place doesn’t just stop here, it’s a massive list of things of which I can remember few. But there’s something else. I found a way to get in”
            At this point, both Wolff and Monique stared at Jackie, completely stunned.
            “What?!” they said in unison.
            “I should tell you, it’s incredibly risky, and only a truly demented person would attempt…”
            “Just say it now!” Monique interrupted.
            “OK, OK!” Jackie said. “Versailles throws private Victorian themed parties in his mansion. He sends invitations to a series of people and they show up at due time, in costume. In these parties, there’s free-running sex, drugs and alcohol like in Sodom and Gomorrah”
            “So where’s the risk there?” Monique asked.
            “It’s a small group of people, and it’s gonna be very hard to get inside the complex in any way without being noticed”
            “And is the next party being celebrated on a full moon night?”
            “The day after tomorrow”, Jackie said.
            Monique grinned for the first time in days. It was an eerie hyena-like grin.
            “I know that look”, Wolff said. “And it’s not good”

            Lucille King asked herself why in the bloody hell was she risking her life that much to go there, while she knocked on the door of the room where Tyler D lived at the satanic temple. If he were at home, he would probably kill her. But then again, Tyler’s fast killing method was way better than the slow killing that Versailles was used to perform.
            Tyler opened the door only enough to peek outside and looked silently at Lucille for a couple of seconds.
            “Of all people that knock on my door, vampires are the only unexpected guests”, Tyler said.
            “I’m not gonna hurt you”
            “I figured. If you came with that intention you’d be dead by now”
            “How come I’m not?”
            “You wouldn’t have come here by your own foot if it wasn’t for a good reason, and that has my curiosity”
            “May I come in?”
            “My curiosity isn’t that strong”
            Lucille unzipped her jacket and opened it. She was bare underneath. Her torso’s cold, white skin was exposed to the night air.
            Tyler didn’t react.
            “Cover yourself or you’ll have a cold”, he bluntly said.
            And he shut the door.
            Lucille rolled her eyes and knocked again. Tyler opened, this time more harshly.
            “What?” he said.
            Lucille got in with no problem, much to Tyler’s puzzlement.
            “Satanic temple, mister D; creatures don’t need an invitation here”, Lucille explained.
            Tyler frowned.
            “Alright, tell me whatever and go”, he said.
            “How rude”, Lucille sarcastically said.
            “Yeah, I am with blood sucking beasts, if you remember”, Tyler said.
            Lucille sighed.
            “I want you to kill my husband”, Lucille said.
            Tyler remained silent for several seconds before breaking into laugh.
            “Do you think I’m some kind of hitman or something?” he said.
            “Nope, you’re a vampire hunter, the best on your stuff. And I’m giving you the Vampire King on a silver platter. Take it or leave it”
            “Would you explain to me how is that silver platter thing?” Tyler asked.
            Lucille took an envelope out of the pocket of her jacket and showed it to Tyler.
            “You know what this is?”
            “An envelope”, Tyler replied.
            “An invitation”, Lucille corrected. “An invite for the party my husband’s throwing in the mansion the day after tomorrow. You’ll be in the face of danger”
            Tyler stared skeptically at Lucille.
            “Alright, so what’s the price?” Tyler asked.
            Lucille unzipped her jacket again.
            “How long have you been without getting laid with a woman, mister D?”

            It was dark already when David Peck got out of work. He couldn’t think of anything else but lying on the bed, with or without Starla being naked in it, and relax. He was about to get on his Honda to go home, when he heard a whimper in the parking lot. He turned around towards the sound.
            “Hello?” the doctor asked.
            Another whimper.
            Peck walked cautiously towards the place where the whining came from. The parking lot was almost empty, enlightened with the streetlights and the almost full moon. There were few ambulances parked at the end and the cars of the night shift personnel.
            The doctor took out his lighter to throw a little more light to the dark space. His “Ace of spades” themed Zippo opened with a click and lit after a couple of tries. An orange halo of light added to the sick shining of the streetlights.
            “Anybody here?” Peck asked.
            Another whimper for an answer.
            He was closer this time. The flame of the lighter shook with every violent move and every time the wind blew, threatening to leave him in the darkness. However, it resisted. Peck continued to search the parking lot looking for the source of the crying.
            Then he saw a little girl sitting behind a van.
            “Are you OK?” Peck asked.
            Yet another whine.
             Peck got closer. And when the light illuminated more of the girl’s body, Peck felt a bad sensation taking over his body. He knew that girl.
            “Abigail Harris?”
            The little girl reacted with surprise when she heard her own name.
            “Do you know me?” she said, her voice broken.
            “Thank God, you’re alright”, Peck said.
            Abby looked at the doctor, confused, while he squatted down to face her.
            “When you were in the accident… you were brought to this hospital, and I saved your life that night”
            Abby’s jaw dropped.
            “You… You saved me?”
            Peck nodded.
            Abby sprung up and hugged him effusively.
            “You have to leave, now”, Abby said.
            “Pardon?”
            Peck got rid of her embrace gently, and looked into her face. Were her eyes red, or was it just an optical illusion?
            “Go, now”
            “But Abby, are you OK? You were crying…”
            “Yes, I’m fine, now go, and quick!”
            “What? Abby, you’re scaring me…”
            “You don’t understand! Leave now before he finds you!”
            “Who?”
            From behind him, a freezing blow of air extinguished the flame from his lighter. A cloth with chloroform made the few remaining lights fade to black.
            “The slender man”, a supernatural voice said behind his back.

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