jueves, 26 de enero de 2012

"Sister, do you know my name?" (3)

La última entrada que hice en este blog acababa de una manera bastante abrupta; he trabajado bastante para darle una conclusión satisfactoria a esa escena, y lo he hecho. Sé que muchos de vosotros estabais en vilo, pero tras unos pases por adelantado a algunos amigos creo que he hecho un buen trabajo (tan bueno que creían que el relato acababa ahí... no, continuará todavía)

The last entry I've made on this blog ended in a sort of cliffhanger; I've been working hard to give a conclusion to that scene, and I've did it. I know some of you were thrilled, and now, after some "audience tests" with a couple of friends I think I've done a good job (so good, they thought the story ended there... it doesn't, there's story left for now)

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            Esta vez su beso fue más acelerado, más visceral. Los gemelos se devoraban los labios, llevados por un arranque de pasión irrefrenable. Julia tiraba de Pit hacia sí, apretándolo contra su cuerpo. Pit hacía lo mismo con ella. Hacía rato que habían dejado de lado todos sus remordimientos y preocupaciones. Aquí y ahora. Sólo existían ellos.
            Julia había cambiado lentamente de posición, colocándose sobre Pit, sin dejar de besarle. Sólo una fina capa de tela separaba sus cuerpos. La respiración agitada de Pit golpeaba la cara de su hermana mientras sus bocas se fundían. Las manos de Pit reptaban lentamente por todo el cuerpo de Julia: su espalda, su vientre, su cuello, su rostro… Las manos de Julia, en cambio, asían fuertemente la cabeza de Pit.
            Julia notó que una lágrima escurría por su cara, recorría su nariz y caía sobre la cara de Pit. Cuando separó sus labios de los de él y abrió los ojos, se dio cuenta de que las lágrimas distorsionaban su visión y que un doloroso nudo comenzaba a crecer en su garganta. Pit miró a su hermana con preocupación.
            -¿Qué te ocurre?
            Julia no respondió. Ni siquiera movió la cara. Las lágrimas corrían por sus mejillas mientras miraba a Pit a los ojos, impertérrita. Pit estaba cada vez más preocupado.
            -¿Qué te pasa? ¡Dímelo!
            Julia parpadeó; dos lagrimones rodaron por su cara y su imperturbable rostro comenzó a desencajarse. Pit se apresuró a abrazarla y tranquilizarla mientras ella rompía a llorar contra su hombro desnudo.
            -Shhh… Tranquila, estoy aquí.
            Julia lloraba en relativo silencio sobre el hombro de su hermano. Sollozaba, susurrando algo ininteligible, mientras Pit la mecía entre sus brazos, susurrándole al oído palabras de tranquilidad, sin saber a ciencia cierta qué era lo que la preocupaba.
            Tras un par de minutos, Julia comenzó a recuperarse. Aún con la cara empapada por las lágrimas, y con la voz quebrada por el nudo de su garganta, aunque sollozando cada vez menos, consiguió articular un susurro entrecortado:
            -Esto jamás podrá salir de entre estas cuatro paredes.
            -No saldrá – prometió Pit –. ¿Es eso lo que te preocupaba?
            -No… Bueno, sí. Somos hermanos… Hermanos gemelos, nada menos. Yo no tengo problemas con eso. Pero… si alguien se enterara de esto…
            Simplemente imaginárselo la angustió tanto que el pensamiento le arrancó un sollozo. Pit la hizo mirarle a los ojos y acarició su cara con las yemas de los dedos.
            -Jamás diremos nada a nadie, ¿vale? – dijo Pit.
            Julia intentó sonreír, aunque sólo llegó a elevar un poco la comisura de los labios durante un par de segundos, y asintió. Pit le secó las lágrimas con el dorso de la mano.
            -No te preocupes por eso, ¿vale, hermanita?
            Julia volvió a sonreír con tristeza, esta vez con más éxito, y miró a Pit a los ojos.
            -Eres el mejor hermano del mundo – susurró.
            Pit sonrió ampliamente, en parte halagado, en parte divertido por la infantil frasecilla de su hermana. Se inclinó y le dio un beso en la mejilla, muy cerca de los labios.
            -Sólo porque tú eres la mejor. Somos idénticos incluso en eso.

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            This time their kiss was deeper and more intense. The twins devoured each other’s lips, led by an unstoppable passion. Julia pulled Pit closer to her, pressing his body to hers. Pit did the same to her. They had pushed their regrets and worries aside a while before. Right here, right now. It was only them.
            Julia had changed position gradually, and she ended up in all fours over Pit, without breaking the kiss. Only a thin cloth kept their bodies apart. Pit’s rough breathing hit her sister’s face while their lips melted. Pit’s hands slid slowly over Julia’s body: her back, her belly, her neck, her face… Julia’s hands, however, firmly gripped Pit’s head.
            Julia felt a tear running down her face and her nose and finally fell on Pit’s face. When she parted lips with him and opened her eyes, she realized tears were blurring her sight and a painful feeling started growing in her throat. Pit looked at her sister, worried.
            “What’s wrong?”
            Julia didn’t answer. She didn’t even move her face. Tears were running down her cheeks while she stared straight into Pit’s eyes. Pit was more and more worried.
            “What’s wrong? Tell me!”
            Julia blinked, and two massive tears ran down her face, and her face started to twist. Pit was fast enough to hug her and tried to calm her down while she burst into tears against his bare shoulder.
            “Shhh… Easy, I’m here”
            Julia wept in a relative silence on his brother’s shoulder. She whimpered, whispering something barely understandable, while Pit rocked her in his arms, whispering into her ear words of tranquility, without actually knowing what worried her.
            A couple of minutes later, Julia started to recover. Still with her face soaked with tears, and her voice broken, though sobbing less and less, she managed to whisper:
            “This could never get out from between these four walls”.
            “It won’t”, Pit promised. “Is that what was bothering you?”
            “No… Well, yes. We’re siblings… We’re twins, nothing less. I have no problem with that. But, if anyone found out about us…”
            Just to imagine that made her so sad, the thought made her sob. Pit made her look him in the eye and caressed her face with his fingertips.
            “We will never tell anyone, OK?” Pit said.
            Julia tried to smile, but she only could raise a bit the corners of her lips for a couple of seconds, and she nodded. Pit dried her tears with his hand.
            “Don’t worry about that, OK, sis?”
            Julia grinned sadly again, this time successfully, and stared at Pit right into his eyes.
            “You’re the best brother in the world”, she whispered.
            Pit smiled broadly, partly flattered, partly amused by his sister’s sudden childish remark. He leaned into her and gave her a kiss on the cheek, rather close to her lips.
            “Just because you’re the best, sis. We’re identical even on that”

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Estoy trabajando en la siguiente escena; creo que me puede llevar un tiempo conseguir darle una continuidad a algo de la magnitud dramática que se supone que tiene, así que... Hasta la próxima :)

I'm working on the next scene; I think it will take some time until I manage to give this scene a follow-up, because it's so dramatically intense (or it's supposed to be) so... Until next time! :)
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Sister, do you know my name? by Juan Rivera is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

miércoles, 18 de enero de 2012

"Sister, do you know my name?" (2)

Continuación de "Sister, do you know my name?". Lamento dejarlo en un momento tan impactante, pero... Estaba escribiéndolo y tuve que interrumpirme, y eso significa quedarte en mitad de una escena y no poder continuar hasta que la inspiración vuelve.

Continuation of "Sister, do you know my name?". I'm sorry to leave it in a cliffhanger like this, but... I was writing it and had to leave, and that means it's stuck in the middle of a scene and not being able to move forward until inspiration returns.

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            Ambos hermanos se despertaron con la salida del sol. Al abrir los ojos, Julia sintió algo que no había sentido en año y medio: seguridad. Estaba en la habitación donde había vivido hasta hacía meses; SU habitación. Y acostado a su lado, saliendo de sus dulces sueños en ese momento, su hermano gemelo, el que siempre estaba dispuesto a ayudarla por las noches.
            “Como en los viejos tiempos”, pensó Julia. Eso la hizo sonreír.
            Con la cabeza recostada en la almohada, miró fijamente a su hermano mientras sus ojos se abrían lentamente, a menos de un palmo de los suyos. Los labios de Pit esbozaron una sonrisa cuando miró a su hermana a los ojos.
            -Buenos días – susurró Julia.
            -Buenos días – respondió Pit –. ¿Has dormido bien?
            -Mejor que nunca. Gracias a ti.
            Julia le abrazó por el torso, posando la cara contra su pecho. Podía oír los latidos sordos de su corazón.
            -No hay de qué.
            Julia se separó del pecho de Pit y le dio un tierno beso en la mejilla.
            -Me voy a mi cuarto antes de que mamá se despierte y vea que no estoy, ¿vale?
            Pit sonrió y le devolvió el beso en la mejilla. Julia se levantó de puntillas y se dirigió silenciosamente hacia la puerta. Antes de salir, se detuvo un instante y se volvió hacia Pit. Su mirada lo decía todo: “Mil gracias de verdad por ayudarme esta noche”.
            -Anda, vuelve a tu cuarto, no vaya a ser que mamá se preocupe – dijo Pit, sonriendo. En sus ojos y su sonrisa se podía leer: “Ha sido un placer”.
            Julia sonrió otra vez y desapareció tras la puerta sin hacer ruido.

            A partir de esa noche, Julia recuperó parte de la tranquilidad y seguridad previas. Durante las siguientes noches pudo dormir sin problemas, y si las pesadillas reaparecían sólo tenía que tocar en la pared y recurrir a la ayuda de Pit. A veces era él quien la visitaba a ella, pero la mayoría de veces era Julia la que entraba en el cuarto de su hermano, que antaño compartían.
            A pesar de todo, Julia trataba de no abusar de su ayuda. Por dos razones: primera, respetar el horario de sueño del pobre Pit; segunda, quería intentar superar su miedo por sí misma, poquito a poco, recurriendo a Pit sólo cuando fuera necesario. Así lo acordaron.
            Terrores nocturnos aparte, ambos notaron que su relación en general iba mejorando. No es que se llevaran mal, de hecho su falta de rencillas fraternales era cuanto menos envidiable, pero desde la separación de habitaciones ambos muchachos habían enfriado poco a poco su relación, como si la pared de ladrillo les hubiera ido separando poco a poco: hablaban menos, se volvían más protectores para con su espacio personal… Eso iba cambiando. Ahora hablaban más, con una confianza total, más cálidamente… No tenían secretos ya. La noche que Julia entró en el cuarto de Pit había cambiado su vida para mejor.

            Julia estaba intentando dormir, pero parecía haberse desvelado. Esta vez no tenía que ver con sus miedos, tan sólo… no podía. Cerraba los ojos, pero se le abrían solos al cabo de unos segundos. Gruñó, molesta. Era la una de la mañana, tenía que haberse quedado dormida hacía más de dos horas. Había probado a dejar la mente en blanco, contar ovejas… Nada.
            Se levantó y fue al baño, más por aburrimiento que por necesidad real. Se levantó el camisón hasta la cintura, se bajó las braguitas hasta los tobillos y se sentó en la taza. Sin nada mejor que hacer, jugueteó con su ropa interior entre los dedos de los pies; se dio cuenta de que tenía algunas manchas, así que cogió las braguitas con la mano y las lanzó directamente a la cesta de ropa sucia que había tras la puerta.
            Cuando terminó, se dirigió a su cuarto a por una muda limpia, pero se detuvo a medio camino cuando oyó unos ruidos leves en la habitación de Pit. Abrió la puerta y asomó la cabeza sin hacer ruido. Pit estaba despierto y dando vueltas en la cama, en la misma situación que ella. Se detuvo y miró a Julia cuando ésta abrió la puerta del todo.
            -¿Te ocurre algo? – preguntó Julia.
            -No es nada, es que no me entra el sueño – respondió Pit –. ¿Te he despertado?
            -No, no; yo tampoco puedo dormir.
            -¿Las pesadillas?
            -No, no sé qué pasa… No tengo sueño.
            -¿Quieres acostarte aquí? Igual te ayuda a conciliar el sueño.
            -De acuerdo.
            Julia se acercó a la cama y se tumbó al lado de Pit, que la cubrió con la sábana. Pit la abrazó por la espalda, como solía hacer. Sin embargo, esta vez la sensación que Julia sentía en la piel era distinta. Como más cálida, más suave…
            -Pit… ¿Estás desnudo?
            Pit vaciló durante medio segundo antes de darse cuenta de que lo único que llevaba puesto era su ropa interior.
            -¡Oh! Lo siento… El pijama me daba calor… Estoy en calzoncillos. Se me había olvidado por completo. ¿Te da mucho asco?
            Julia casi se rió por la nerviosa respuesta de su hermano.  ¿Asco? No exactamente. Pero la sensación de calor y suavidad en la piel le gustaba.
            -No… No importa.
            Entonces recordó que ella no llevaba ropa interior bajo el camisón, no sin cierto estremecimiento. Sin embargo, no se movió, sino que prefirió disfrutar del momento. Total, todavía tenía el camisón por encima, ¿quién lo iba a notar?
            Pit acarició el largo cabello rubio de Julia, que sonreía al sentir sus delicadas caricias. De pronto, Pit le dio un suave beso en la nuca, y Julia, que no se lo esperaba, se estremeció.
            -Perdón – dijo Pit, al sentir su estremecimiento.
            -No pasa nada, es que me ha pillado por sorpresa.
            Sin embargo, Julia decidió darse la vuelta, de forma que estuviesen frente a frente. Puso las manos sobre los hombros desnudos de Pit y fue deslizando los brazos poco a poco sobre su torso hasta terminar rodeándole con ellos y apretando el costado de la cara contra su pecho. Los sordos latidos de su corazón se aceleraban poco a poco, por alguna razón. Pit le dio un beso en la cabeza y siguió acariciándole el pelo.
            Julia se deslizó poco a poco hacia arriba, de forma que sus rostros idénticos estaban al mismo nivel, y besó a Pit en la frente. Se miraron a los ojos y sonrieron.
            -Sigo sin tener sueño – dijo Julia.
            -Yo tampoco, pero al menos no se hace tan aburrido ahora.
            Julia se rió un poco.
            -Te quiero, hermanito.
            -Yo también te quiero.
            Entonces sucedió. Demasiado deprisa.
            Pit se inclinó para besarla en la nariz, pero Julia subió ligeramente la cabeza hacia arriba antes de darse cuenta de ello, y el beso de Pit aterrizó en sus labios.
            El movimiento pilló a ambos por sorpresa. Al instante, los dos se echaron hacia atrás como imanes que se repelen; en medio segundo, experimentaron bienestar, alarma, placer, confusión, sorpresa, culpabilidad…
            -Dios, lo siento muchísimo – dijo Pit, instintivamente –. Ha sido un accidente, lo juro…
            Pit se interrumpió cuando Julia apretó los labios contra su boca.
            Ella le había cogido por la cabeza, incapaz de controlarse, y aunque en el primer momento había sido brusca, ahora le besaba con lentitud y sentimiento. Sus labios contrapuestos se deslizaban sobre una fina película de saliva, y cada fricción hacía que las sensaciones les invadieran. Pit tardó unos segundos en reaccionar, respondiendo al beso con la misma lentitud, el mismo sentimiento. Pit podía oír claramente el ritmo de su corazón acelerándose cada vez más y más, golpeando contra su pecho; el pulso de Julia también se aceleraba en un absoluto frenesí. Se agarraban la cabeza como si quisieran beber el uno del otro. Pit sentía la respiración de Julia sobre la piel de su cara, y cómo sus labios hambrientos se deslizaban sobre su boca sin esfuerzo alguno. La fricción del beso les daba un placer que recorría cada centímetro de su cuerpo.
            Cuando separaron los labios, respirando por la boca para recuperar el aliento, se miraron a los ojos. En sus miradas no había culpa, no había remordimiento: había amor, había sentimientos.
            -Esto ha estado mal – dijo Pit.
            -Totalmente – dijo Julia.
            -¿Quieres volver a hacerlo?
            -Sí.
            Esta vez su beso fue más acelerado, más visceral. Los gemelos se devoraban los labios, llevados por un arranque de pasión irrefrenable. 

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            Both siblings woke up with the sunrise. When she opened her eyes, Julia felt something she had not felt since a year and a half ago: security. She was in the room she had lived in a few months back –her room. And lying beside her, just coming out of his sweet dreams in that moment, her twin brother, the one who was always there to help her in the night.
            Just like the old times, Julia thought. This made her smile.
            With her head resting on the pillow, she stared at her brother while his eyes slowly opened, inches apart from her own. Pit’s lips drew a smile when he looked into his sister’s eyes.
            “Good morning”, Julia whispered.
            “G’ morning”, Pit replied. “Did you sleep well?”
            “Better than ever. Thanks to you”.
            Julia hugged him from his torso, resting her cheek against his chest. She could hear his heart beating soundly.
            “You’re welcome”
            Julia parted her face from Pit’s chest and gave him a sweet kiss on the cheek.
            “I’m gonna go back to my room before mom wakes up and notices I’m not there, ¿OK?”
            Pit smiled and returned the kiss. Julia stood up on tiptoe and walked quietly towards the door. Before going out, she stopped for a moment and turned to Pit. The look in her eyes said everything she needed to say: “Thank you very much for helping me tonight”.
            “C’mon, go back to your room; if mom wakes up and you’re not there she’s gonna worry”, Pit said, smiling. In his eyes and his smile was written: “It’s been my pleasure”.
            Julia grinned again and disappeared behind the door silently.

            From that night on, Julia partly recovered her early calmness and security. During the following nights she could sleep without problems, and if the nightmares appeared again she would only have to knock on the wall and seek for Pit’s help. Although sometimes he visited her, she would go to his room (their room, a long time ago) most of the times.
            Anyway, Julia tried not to abuse of his help. Mainly for two reasons: first, she wanted to respect Pit’s sleep schedule; second, she wanted to overcome her fears by herself, bit by bit, looking for Pit’s help only when necessary. That was their deal.
            Night terrors apart, they both noticed their general relationship was getting better. Not that they were fighting all the time, in fact their lack of brotherly fights was something to envy, but ever since they split their spaces both kids have had their relation grow colder, like if the wall was separating them little by little: they talked less, they were protective with their personal space… That was changing. Now they talked more, with confidence and warmness… They had no secrets anymore. The night Julia came to Pit’s bedroom have changed their lives for good.

            Julia was trying to sleep, but she just couldn’t. This time it had nothing to do with her fear, she just couldn’t. She shut her eyes, but they opened themselves past a few seconds. She grunted, annoyed. It was 1:00 AM; she had to have fallen asleep more than two hours before. She tried to leave her mind blank, counting sheep… Nothing happened.
            She stood up and went to the bathroom, more out of boredom than real necessity. She raised her nightgown to her waist, pulled her panties down to her ankles and sat down. With nothing better to do, she played with her underwear between her toes. She noticed some stains on it, so she took the panties and tossed them on the laundry basket, behind the door.
            When she was done, she walked towards her bedroom to take clean underwear, but she stopped halfway when she heard some noises in Pit’s bedroom. She opened the door and quietly peeked inside. Pit was wide awake and rolling around on the bed, in the same situation that she was. He suddenly stopped to look at Julia when she opened the door.
            “Are you OK?” Julia asked.
            “No, it’s nothing, I just can’t sleep”, Pit said. “Did I wake you up?”
            “Oh, no, I just can’t sleep either”
            “Nightmares?”
            “No, I dunno… I just can’t”
            “You wanna come here? Maybe it helps you sleep”
            “OK”
            Julia went over and lay down beside Pit, and he covered her with the blanket. Pit hugged her from behind, as he used to do. This time, though, the sensation on Julia’s skin was different. Warmer, softer…
            “Pit… Are you naked?”
            Pit hesitated for a second before realizing he only had his underwear on.
            “Oh! I’m sorry… The pajama was too hot… I’m in my undies. I completely forgot. Does it make you feel uncomfortable?”
            Julia almost giggled because of the nervous answer of her brother. Uncomfortable? Exactly the opposite. That warm, soft sensation on her skin, she liked it.
            “No, it doesn’t matter”
            Then she remembered, not without stressing a little bit, that she didn’t wear any panties under the nightgown. She didn’t move, though, she preferred to enjoy the moment.
            Pit caressed Julia’s long hair, and she grinned when she felt his soft caresses. Suddenly, Pit kissed her on the back of her head, and Julia, who wasn’t expecting it, stressed.
            “Sorry”, Pit said, feeling her stress.
            “Don’t worry, I just wasn’t expecting it”
            Julia preferred to turn around, though, and they were facing each other. She put her hands on his bare shoulders, and then her arms slid slowly over his torso until she ended up embracing him and pressing her face on his chest. The dull beats of his heart came to a higher pace, for some reason. Pit kissed her head and continued stroking her hair.
            Julia slid her body upwards, so that their identical faces were at the same level, and kissed Pit in the forehead. They looked into each other’s eyes and smiled.
            “I’m not sleepy at all”, Julia said.
            “Me neither, but at least it isn’t that boring now”
            Julia giggled.
            “I love you, bro”
            “I love you too, sis”
            Then it happened. Too fast.
            Pit leaned over her to kiss her on the nose, but Julia tilted her head upwards before noticing it and Pit’s kiss landed on her lips.
            The movement caught both of them by surprise. Instantly, both jerked backwards like repelling magnets. In half a second, they felt good, alarm, pleasure, confusion, surprise, guilt…
            “Oh my God, I’m so sorry!” Pit said instinctively. “It’s been an accident, I swear…”
            Pit interrupted himself when Julia’s lips pressed against his mouth.
            She had grabbed his head, unable to control herself. Even though she was harsh at first, now she kissed him slowly, feeling it. Their joint lips slid over a little saliva surface, and every friction made new sensations invade them. Pit took a few seconds to react, responding to the kiss with the same slow pace and feeling. Pit could clearly hear his heartbeat raising more and more, slamming inside his chest; Julia’s heartbeat went into frenzy. They grabbed each other’s head like they wanted to drink from it. Pit could feel Julia’s breath on his face, and how her lips slid on his mouth with no effort. Every friction of the kiss gave them a pleasure that ran through every inch of their young bodies.
            When they parted lips, breathing heavily, they looked into each other’s eyes. In their gaze there was no guilt, no hard feelings: there were love and good feelings.
            “This was totally wrong”, Pit said.
            “I’m aware”, Julia said.
            “You wanna go again?”
            “Yes”
            This time their kiss was deeper and more intense. The twins devoured each other’s lips, led by an unstoppable passion.
Licencia de Creative Commons
Sister, do you know my name? by Juan Rivera is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

lunes, 9 de enero de 2012

"Sin Perdón" // "Unforgiven"

Uno de mis relatos más cortos, aunque más emotivos y fuertes, es "Sin Perdón". Lo escribí en 10 minutos, aunque pasó por varias fases de re-escritura que lo han transformado en la pieza barroca que ahora es. Mi inspiración fué pensar en los últimos 10 segundos de vida de un hombre asesinado.

One of my shortest, yet emotionally strong, stories that I've written is "Unforgiven". I wrote it in 10 minutes, although it ran through several stages of re-writing that transformed it in the baroque piece that it is now. My inspiration was thinking about the last 10 seconds of life of a murdered man.


SIN PERDÓN

            Mi único delito fue amar.
            Aquí me encuentro, casi nadando en mi propia sangre. Malgasto mis últimos segundos de vida, que parecen ser eternos, intentando buscarle una lógica al porqué, por qué estoy desangrándome en el suelo. Derrocho mi escaso aliento riendo con amargura al no encontrar ninguna razón ni lógica. Todo esto es tan absurdo, tan grotesco, que sólo puedo reír. Puedo sentir el frío y tétrico aliento de la Muerte, que está esperando a que la palme de una condenada vez para arrastrar mi alma al... donde sea. Hace ya un par de minutos, que para mí han durado milenios, que el dolor dejó de importarme ante el hecho de afrontar una muerte segura. Utilizo mi último aliento para boquear, no sin hacer un esfuerzo sobrehumano, mis últimas palabras.
            -¿Por qué a mí?
            Si alguien me ha oído o respondido, no me he dado cuenta; aunque eso me es indiferente, no esperaba que nadie lo hiciera. Antes de sumergirme en la interminable oscuridad, mi mente divaga con flashbacks de mi vida como una película (MI película), y mi corazón, ya sin nada que bombear, palpita una última vez en un vano intento de mantenerme con vida un interminable segundo más.
            Mis pulmones vacían el último atisbo de aire que les queda, haciendo nacer pequeñas burbujas en la sangre que se acumula en mi garganta.
            Una terrible angustia y añoranza de mi hogar invaden mi moribundo corazón. “Quiero volver a casa”.
            Pero es hora de morir.

UNFORGIVEN

            My only crime was to love.
            Here I am, almost swimming in my own blood. I waste my last seconds of life, that seem to last forever, trying to look for a logical answer to why, why am I bleeding to death on the floor. I waste my breath laughing bitterly when I find no reason or logic to it. Everything’s so absurd, so grotesque, that I can only laugh. I can feel the cold, eerie breath of Death itself, who is waiting for me to kick the fucking bucket as soon as possible to drag my soul to… wherever. Since a couple of minutes ago – a couple of minutes that seemed like millennia to me – the pain doesn’t matter to me anymore compared to the fact of facing a certain death. I use my last breath, not without a supernatural effort, to mutter my last words:
            “Why me?”
            If somebody have heard me or replied to me, I don’t notice. But that doesn’t matter; I don’t expect anyone to hear me. Before diving into darkness, my mind starts floating into flashbacks of my life like a movie – MY movie – and my heart, now with no blood to pump, beats one last time in a vain effort to keep me alive one more eternal second.
            My lungs release the last little breath they had, making bubbles appear on the blood in my throat.
            A terrible sadness and longing of my home invade my dying heart. “I wanna go home”.
            But it’s time to die.

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Sin perdón (Unforgiven) by Juan Rivera is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

domingo, 8 de enero de 2012

"Sister, do you know my name?" (1)

Ahora me encuentro trabajando en un relato titulado "Sister, do you know my name?" (nombrado a partir de un tema de The White Stripes). Es un relato cuyos temas principales son el amor, la adolescencia y el incesto.
Os enseño las dos primeras páginas de este proyecto.

Now I'm working on a story entitled "Sister, do you know my name?" (named after a song by The White Stripes). It's a story that covers a variety of themes, such as love, angst and incest.
I'm showing you today the first two pages of this project.


SISTER, DO YOU KNOW MY NAME? (Español)

I don’t want to break the rules
‘Cause I’ve broken them all before
THE WHITE STRIPES

            En algunas culturas orientales antiguas, los hermanos gemelos de diferente sexo eran obligados a contraer matrimonio, ya que sus padres presuponían que habían mantenido relaciones sexuales dentro del vientre materno. Este tipo de costumbres se han ido perdiendo por efecto de la globalización y del peso de la cultura occidental, que por el contrario no tolera las relaciones entre parientes tan cercanos.

·           ·           ·

            Pit y Julia habían nacido con tan sólo doce minutos de diferencia. Mellizos de distinto sexo, nacidos a las 8:16 y a las 8:28 de la mañana, respectivamente, de un 4 de julio hace ahora quince años. Crecieron bajo el mismo techo, bajo las mismas circunstancias y bajo las mismas normas. Parecido físico aparte, tenían una personalidad y unas aficiones muy similares.
            Sus padres les habían educado de una manera estricta pero no por ello falta de cariño. Habían sido educados como jóvenes inteligentes, libres, respetuosos y razonables, bajo un código ético y moral muy definido. Ambos jóvenes tenían un buen conocimiento de lo que la sociedad esperaba de ellos en cada momento.
            Ambos hermanos eran un calco. Ambos tenían el pelo rubio, muy claro y completamente liso; mientras Pit lucía un horrible corte de pelo “tazón” muy conservador, la melena de Julia caía por su espalda igual de uniforme pero sin restarle un ápice de su belleza natural. La piel de los gemelos era muy clara, aunque sin llegar a ser pálida, sus ojos eran grises con un ligerísimo toque azulado, y su nariz era pequeña y respingona. Vestidos en su uniforme escolar, parecían la viva imagen de la frialdad, aunque su atuendo de diario era mucho más normal: Pit se decantaba por camisetas negras y vaqueros, mientras que Julia prefería combinar los vaqueros con camisetas de colores vistosos. Sí, eran unos niños normales.
            Sin embargo, su conexión era más profunda y fuerte que el mero parecido físico y la educación. La superstición popular dice que los gemelos tienden a sentir las mismas emociones si éstas son suficientemente fuertes, incluso a miles de kilómetros de distancia. Por supuesto, no está demostrado científicamente. Sin embargo, la empatía entre Pit y Julia era increíblemente fuerte.
            Julia había sufrido terrores nocturnos y pesadillas recurrentes desde pequeña. Despertaba de sus pesadillas, cubierta de sudor frío y jadeando, a veces incluso gritaba. En todo caso, despertaba a su hermano, que dormía en la misma habitación. Pit invitaba a la chiquilla a su cama, y ambos dormían abrazados; era la única manera de que las pesadillas de Julia desaparecieran.
            Los padres de los niños nunca se enteraron de este acuerdo, ya que ambos se despertaban pronto, con el primer rayo de sol, y Julia volvía a su cama y se hacía la dormida hasta que, minutos después, venía su madre a despertarlos.
            Los padres habían pensado en separar a los hermanos en distintas habitaciones cuando éstos cumplieron trece años, ya que pensaban que los dos iban a entrar en una edad en la que necesitarían algo de intimidad e independencia. El día que a Julia le bajó la primera regla decidieron llevarlo a cabo: llevaron la cama de la muchacha a la habitación contigua, satisfechos de que el muro de ladrillo les ayudara a mantener sus potenciales estallidos hormonales fuera del espacio vital del otro.
            Lo que no sabían era que con el muro de ladrillo también dejaban fuera la última esperanza de Julia para que sus miedos no la acosaran por la noche.
            Las pesadillas de Julia no cesaban de aparecer, pero con el tiempo pudo intentar superarlas por sí misma (aunque no sin bastante esfuerzo y sufrimiento). Sin embargo, echaba de menos la tranquilidad que le inspiraba Pit, su abrazo, su respiración que ella sentía en la nuca…

            Julia despertó con un grito cuando un zombi de su sueño se echó sobre ella e intentó devorarla. Sus ojos, enrojecidos por la falta de sueño (había dormido 12 horas en los últimos cinco días), estaban abiertos de par en par y miraban rápidamente alrededor, alerta, en busca de puntos de referencia familiares; medio segundo después se encontró en su habitación. Su camisón estaba otra vez empapado de sudor, y su piel estaba pegajosa y totalmente húmeda. Soltó un par de palabrotas en voz baja: aunque tenía la certeza de haber despertado a toda la casa, tampoco quería que la oyeran decir tacos.
            Un pulso de dolor azotó su cabeza. Miró el reloj de su encimera; las 3:56 de la mañana. Se quitó el camisón y se desnudó por completo, se secó el sudor con una toalla que había escondido bajo la cama, se puso un camisón nuevo y se dejó caer de espaldas sobre la cama, cansada.
            Esa es la palabra: cansada, no sólo física y mentalmente, sino también cansada de no poder dormir por las noches, cansada de los ataques de pánico, cansada de que su propio subconsciente le jugara tan malas pasadas, cansada de tener a su enemigo viviendo en su propia cabeza sin posibilidad de huir de él.
            Sin pensárselo dos veces, golpeó la pared suavemente con los nudillos, esperando respuesta de Pit al otro lado. Segundos más tarde, a través de la pared sonaron tres golpes: Pit estaba despierto.
            Julia salió sigilosamente de su cuarto, de puntillas para no hacer ruido, y se metió al cuarto de Pit, que tenía la puerta entreabierta. El chico estaba somnoliento, pero despierto al fin y al cabo, y miraba a su hermana con ojos entrecerrados.
            -¿Otra vez las pesadillas? – preguntó Pit, susurrando.
            Julia se limitó a asentir con la cabeza.
            -Pero no te han dado problemas hasta ahora, ¿no? – dijo Pit.
            -Muchísimos – respondió Julia – . Pero no desperté a nadie e intenté superarlos yo sola.
            -Veo que no has tenido mucho éxito.
            -Lo siento.
            -No, no pasa nada – dijo Pit, sonriendo – . Ven aquí.
            Julia aceptó la invitación y se tumbó en la cama de Pit, por primera vez en año y medio. Se preguntó cómo había podido pasar tanto tiempo sin recurrir a su hermano otra vez. Mientras tanto, Pit la cubrió con la sábana y la abrazó por la espalda. Julia sintió una ola de tranquilidad invadir su cuerpo, y suspiró. Cerró los ojos, dejándose llevar por la suave calidez que ahora invadía cada centímetro de su piel.
            Inconscientemente, mientras se quedaba dormida, Julia cogió de la mano a Pit y le dio un beso en el dorso.

 
SISTER, DO YOU KNOW MY NAME? (English)

I don’t want to break the rules
‘Cause I’ve broken them all before
THE WHITE STRIPES

            In some ancient Eastern cultures, twin siblings of different gender were forced to marry each other, for their parents supposed that they have had sexual relationship inside their mother’s womb. This kind of customs have been lost due to the effects of globalization and the weight of Western culture, which does not tolerate these relationships between such close relatives.

* * *

            Pit and Julia were born only twelve minutes apart. Twins of different gender, born at 8:16 and 8:28 AM respectively, on a 4th of July, fifteen years ago now. They were raised under the same household, under the same circumstances and under the same rules. Aside from their physical resemblance, they had a very similar personality and traits.
            Their parents had raised them on a strict fashion, but that’s not to say they weren’t loved. They were raised as intelligent, free, respectful, reasonable young people, with a defined ethical and moral code. Both youngsters knew well what the society expected of them at any moment.
            Both siblings were a copy of each other. Both of them had smooth, light blond hair; while Pit had a horrible Justin Bieber-like haircut, Julia’s long hair was like a waterfall over her back, with a uniform haircut that didn’t cover her natural beauty. Both siblings’ skin was a little pale, but not too much. Their eyes were grey with the slightest touch of blue, and their nose was small and slightly pointy. When they wore their school uniforms, they were the pure image of cold blood, although in their normal clothes they looked a lot more normal. Pit loved black T-shirts and jeans, while Julia combined her jeans with colorful tops and shirts. Yeah, they were just normal kids.
            But their connection was deeper and stronger than just their looks and education. In popular superstition, it is said that twin siblings tend to feel the same emotions if these are strong enough, even if they’re thousands of miles apart. Of course, this is not scientifically proved. But anyway, the empathy between Pit and Julia was unbelievably strong.
            Julia had been suffering from night terror and frequent nightmares since she was a little girl. She used to wake up, drenched in sweat and panting, sometimes even screaming. In every case she made her brother wake up too, since the two shared their bedroom. Pit invited the girl to his bed, and both fell asleep, embraced. It was the only way for her to make the nightmares disappear.
            Their parents never learned about this deal, since both siblings woke up early, with the sunrise, and Julia returned to her bed and pretended to be asleep until their mother came to wake them up.
            Their parents thought about the idea of both siblings having separated rooms for their own when they turned 13, since they thought they were going to need some privacy and independence. The day Julia started her period, they did it: they took the girl’s bed into the room next to her brother’s, satisfied that the wall helped to keep their vital spaces apart from potential “hormonal booms” from each other.
            What they didn’t know was the wall also kept Julia apart from her last defense against her fears harassing her in the middle of the night.
            Julia’s nightmares didn’t stop, but she tried to overcome them herself (not without many efforts and suffering). Anyway, she missed the quietness that Pit inspired to her, his embrace, his breath on her neck…

            Julia sprang awake screaming when a zombie jumped on her and tried to devour her in her dream. Her eyes, red due to sleep deprivation (she had slept only 12 hours in the last 5 days), were wide open, looking around rapidly, searching for familiar marks; half a second later she found herself in her room. Her nightdress was completely wet with sweat, and her skin was moist and sticky. She muttered a curse; even though she was well aware that she woke up everyone in the house, she didn’t want to be heard swearing.
            She felt a pulse of pain in her head. She looked at her alarm clock; 3:56 AM. She stripped completely naked, dried all the sweat with a towel she had hidden under her bed, she put on a new nightdress and let herself fall back on the bed, tired.
            That’s the word: tired. Not only physically and mentally, but tired of not being able to sleep at night, tired of her panic attacks, tired of her own subconscious harassing her, tired of having her enemy living inside her own head with no chance of running away from it.
            Without thinking twice, she knocked on the wall, awaiting Pit’s answer from the other side. Seconds later, she heard three knocks on the wall. Pit was awake.
            Julia went out of her room quietly, walking on tiptoe in order to make no sound, and went inside Pit’s bedroom. He had his door slightly open. The kid was sleepy, but awake nevertheless, and looked at his sister with sleepy eyes.
            “Nightmares again?” Pit asked, whispering.
            Julia just nodded.
            “But you haven’t had any trouble until now, did you?” Pit said.
            “Actually very many” Julia answered, “but I didn’t wake anybody up and I tried to deal with it myself”.
            “It didn’t work out very well, I see”.
            “I’m sorry”.
            “Oh, don’t worry” Pit said, smiling. “C’mere”.
            Julia accepted his invitation and lied on Pit’s bed, for the first time in a year and a half. She asked herself how come she hadn’t asked for his help for such a long time. Meanwhile, Pit covered her with his blanket, and hugged her from behind. Julia felt a wave of inner peace take over her body, and sighed happily. She closed her eyes, letting herself enjoy the sweet warmness she felt on every inch of her skin.
            Unconsciously, while she was falling asleep, Julia took Pit’s hand and kissed it.


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Antes de nada // Before starting

Bienvenidos a mi blog.
Mi nombre es Juan Rivera, aunque el alias que he adoptado últimamente es Jack Blood Sucker. Soy estudiante de Matemáticas en la Universidad Complutense de Madrid (España), me apasiona el cine, la música y la literatura.
Desde hace algunos años me dedico a escribir en mis ratos libres, pero mis relatos nunca han salido de un selecto círculo de amistades (como mucho presentar algunos a concursos, de los cuales gané dos organizados por el colegio donde estudiaba).
No me decidí a publicar nada en blogs por miedo a que copiaran mi trabajo. Por eso mismo no publicaré aquellos relatos que considere "los mejores". Pero eso no significa que lo que publique aquí sea lo peor que he escrito: publicaré aquello que merezca ver la luz.
Y ahora, sin más dilación: ¡Bienvenidos al mundo de Jack Blood Sucker!

Welcome to my blog.
My name is Juan Rivera, although the alias that I've been using lately is Jack Blood Sucker. I'm a Math student in the Universidad Complutense de Madrid (Spain), I have a passion for cinema, music and literature.
I've been writing in my spare time for some years now, but no one other than some of my friends and close people ever read them (at best, I've submitted some of them to writing contests, and I've won two times in high school).
I decided not to publish anything online fearing someone would copy my work. For that reason, I will not submit those stories I consider "my best". But that's not to say the things you'll read here will be the worst I've written: I'll publish those things that I think deserve to be read.
Now, with nothing else to say: Welcome to the world of Jack Blood Sucker!
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