martes, 28 de febrero de 2012

"Sister, do you know my name?" (10)

Esta escena nueva es realmente intensa. La escribí ayer, y he hecho una traducción "exprés" hoy mismo, así que por esa parte igual está un poco descuidada... En cualquier caso, que la disfrutéis.
Agradecimientos, como en la entrada anterior, a LUNA, JULIA y ABBY. Gracias, chicas :D

This new scene is really intense. I wrote it yesterday, and today I've done a "super-fast" transtlation, so it's maybe a little messed up. Anyway, enjoy it!
Special thanks, like last time, to LUNA, JULIA and ABBY. Thanks, girls! :D

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            Tras la comida, los adultos se quedaron discutiendo sobre el testamento de Sara. Los niños salieron al porche que había en la parte trasera de la casa. Jugaban con una canasta vieja y una pelota que no botaba bien, pero la mayor parte del tiempo los niños sólo charlaron.
            -Pit, ¿te gustan las pelis de terror? – preguntó Samuel.
            -No las veo a menudo, porque Julia tiene este problema con las pesadillas… Pero me encantan.
            -¿Cuáles son tus preferidas?
            -Las japonesas, sin duda, son las mejores.
            -Tina y yo tenemos una colección de películas de terror de todo tipo.
            -¿En serio? – dijo Pit, sorprendido.
            Tina asintió.
            -Me encantaría verlo – dijo Pit.
            -Esta noche veremos “Llamada perdida” – dijo Tina –. La original japonesa, por supuesto.
            -Me encantaría… Pero Julia no puede verla.
            -Pit, si tú quieres ir, por mí no te quedes – dijo Julia.
            -No, la familia ante todo – dijo Pit –. No quiero ir si eso significa que vas a estar inquieta.
            -¿Quieres ver las pelis que hemos traído? – dijo Tina.
            -Claro, me encantaría – dijo Pit –. Con permiso – añadió, dirigiéndose a Julia y Samuel.
            Pit fue con Tina a la habitación que ella y Samuel compartían. Samuel se quedó solo con Julia. Él estaba de pie, apoyado contra la pared del porche, mientras que ella estaba sentada en los escalones, con las manos apoyadas detrás de su espalda.
            -Dime una cosa – dijo Samuel –. ¿Hace cuánto que folláis?
            Julia casi se atragantó con su propia saliva. No podía dar crédito a lo que acababa de oír.
            -Tu hermano y tú – continuó –. ¿Desde hace cuánto?
            -¿De qué hablas? – dijo Julia, tratando de fingir sorpresa.
            -No me tomes por tonto. ¿Desde cuándo follas con tu hermano?
            -Samuel, esto es…
            -Os vi juntos. Esta mañana. En la cama. En pelotas y dándoos el lote. Venga, responde.
            Julia enmudeció de sorpresa y horror.
            -¿Un año? ¿Quizá dos? ¿O desde siempre? – presionó Samuel.
            -No…
            -¿Meses? ¿Tres, seis?
            -¡Cállate!
            -¡No me mandes callar y responde!
            Julia sintió un nudo crecer en su garganta, y sus palabras se atascaron ahí. Sus ojos, brillantes a causa de las lágrimas que luchaban por salir, parecían no causar mella en su primo. Ya está. Se acabó, les habían pillado.
            Julia seguía sentada y en la misma postura, pero ahora estaba mirando de frente a su primo, que seguía apoyado contra la pared lateral del porche. Parecía disfrutar con su pequeño interrogatorio.
            -¡Dilo!
            -No l… – las palabras se quedaron atascadas en su garganta.
            -¡Dilo de una vez!
            -¡No lo hemos hecho aún!
            Julia se dio cuenta de lo que acababa de decir y se tapó la boca con ambas manos al tiempo que rompía a llorar. Samuel se mantuvo en silencio, mirando impasible cómo su prima lloraba, sabiéndose descubierta.
            -Está bien – dijo Samuel –. Voy a creerte.
            Esto no importaba a Julia en absoluto. Todos sus esfuerzos por mantener en secreto su incestuosa relación habían resultado vanos. Julia lloraba con fuerza.
            -¡Maldita sea, deja ya de lloriquear! – dijo Samuel –. ¡Mírame! – exclamó, al ver que no paraba.
            Julia se quitó las manos de la cara y contuvo como mejor pudo el llanto. Su rostro, empapado por las lágrimas, se recompuso ligeramente, y dirigió sus ojos enrojecidos hacia su primo. Comenzó a sollozar.
            -La buena noticia para ti es que mi silencio está en venta – dijo Samuel –. Si pagas mi precio, que tampoco es muy alto, tus papis no sabrán nada.
            La mirada de Julia se llenó de pánico en cuanto entendió a lo que se refería su primo, que fue casi de inmediato, y usando pies y manos, retrocedió unos centímetros lentamente, sin cambiar de posición, como gateando boca arriba.
            Samuel se desabrochó el cinturón, el botón de los vaqueros y la cremallera. Mientras tanto, Julia siguió gateando, alejándose de él muy lentamente, casi paralizada por el terror, con los ojos fijos en su primo. Éste sacó su enorme aparato fuera de la ropa interior. Julia respiraba temblorosamente a causa de los sollozos.
            -¿Eres virgen? – preguntó Samuel.
            Julia sacó las fuerzas necesarias para asentir con la cabeza.
            -En ese caso seré bueno contigo y sólo te voy a pedir que me chupes la polla, ¿entendido?
            Julia siguió gateando de espaldas, con extrema lentitud. Sus ojos, todavía clavados en su primo, reflejaban un terror absoluto. “Maldita sea”, pensó, “esto no puede estar pasando; es una pesadilla, sólo es una pesadilla… En realidad sigo durmiendo, Pit está aquí a mi lado, en la cama, está conmigo…”
            Se dio cuenta de que lo que estaba viviendo era muy real cuando sintió una mano aferrando su pelo. Samuel se había acercado a ella y estaba agarrándola del pelo para acercar su cara al monstruoso miembro. Ella intentaba girar la cabeza o echarse hacia atrás para alejarse de ello, pero no podía.
            -Abre la boca, maldita sea – dijo Samuel.
            -¡Eh! – cantó una voz a sus espaldas.
            Samuel soltó a Julia y se volvió. Ella aprovechó para correr hacia la puerta del porche, llorando a lágrima viva.
            Pit y Tina habían vuelto.
            Julia se lanzó a los brazos de Pit y rompió a llorar otra vez en su hombro. Mientras tanto, Tina corría en dirección a su hermano, hecha una furia.
            -¡¿Se puede saber qué coño hacías?! – gritó Tina.
            -Yo…
            Tina golpeó la cara de Samuel con todas sus fuerzas, acertándole de lleno con el puño en la nariz. Samuel cayó al suelo de espaldas, sangrando y cubriéndose la cara con las manos.
            -¡Eres un puto cerdo! – le gritó Tina, aprovechando para darle una soberbia patada en los testículos.
            Julia seguía abrazada a Pit, llorando de puro terror. Pit trataba de consolarla, abrazándola y susurrando en su oído. Sus ojos, sin embargo, estaban clavados en Samuel, fulminándole con una mirada llena de ira.
            -Pit, llévala dentro – dijo Tina –. Yo voy enseguida.
            Pit asintió, y llevó a Julia a su cuarto. La hizo tumbarse en la cama y se quedó a su lado hasta que finalmente la pobre muchacha se quedó dormida de puro agotamiento.

            Media hora después, Pit y Tina hablaban en el pasillo, para no despertar a Julia.
            -Para empezar, quiero que sepas lo muchísimo que siento lo que ha intentado hacer mi hermano – dijo Tina –. Te lo digo de corazón.
            -Gracias.
            -¿Cómo está?
            -Agotada. Sigue durmiendo. Le vendrá bien descansar. ¿Samuel cómo está?
            -Dolorido. Tiene la nariz rota y los huevos fuera de sitio. Le he hecho confesar y ha cantado como un pajarito.
            -¿Qué ha dicho?
            -Se enteró de lo vuestro esta mañana.
            La noticia pilló a Pit por sorpresa.
            -¿Qué has dicho? – dijo.
            -Tranquilo, vuestro secreto está a salvo conmigo. Juro por lo más sagrado que no diré nada a nadie.
            -Gracias.
            -Os vio a través de la cerradura.
            Pit reparó, por primera vez en su vida, en que la puerta de la habitación tenía una cerradura antigua. Como cada habitación tenía un cerrojo de pasador, nunca había reparado en las cerraduras antiguas.
            -Dice que intentó chantajear a Julia… Una mamada a cambio de su silencio.
            -¡Será…! – se contuvo por no hablar mal delante de Tina.
            -Desahógate sin miedo, estás en tu derecho. No te cortes.
            -Cerdo cabrón bastardo, hijo de… – se interrumpió al caer en la cuenta de que Tina era hija de… la misma madre que Samuel –. Perdón.
            -En tu situación yo haría lo mismo, no pasa nada.
            -Es… Yo… Mi hermana… – balbuceó Pit, que notaba que las frases se atrancaban el su garganta.
            -Pit…
            Tina vio las lágrimas en el rostro del chico. Lagrimas de pura rabia contenida. Le abrazó de inmediato, apretando la cara de él contra su hombro.
            -Ya está… Suéltalo todo – dijo Tina.
            Pit liberó toda su furia contenida llorando sobre el hombro de su prima. Pasaron un par de minutos antes de que se calmara del todo.
            -¿Mejor?
            Pit asintió.
            -Gracias – dijo, con la voz rota.
            -No hay por qué darlas – dijo Tina.
            -¿Ha dicho algo más?
            -Por el momento no.
            -Voy a echarle un ojo a Julia.
            -Primero deberías lavarte un poco la cara, o va a darse cuenta de que has estado llorando.
            Pit entró en el baño, seguido de Tina, y procedió a lavarse la cara.
            -Por cierto – dijo Tina –. Esta mañana… También lo siento por eso.
            -No tiene importancia.
            -No era mi intención hacértelo pasar mal. Lo único que intentaba era que te relajaras un poco; no sabía que fueras tan pudoroso.
            -En serio, no pasa nada – dijo Pit.
            -Está bien…
            Pit cerró el grifo y se dirigió de vuelta a la habitación.
            -¿Quieres pasar conmigo? – dijo Pit.
            -De acuerdo.
            Julia seguía durmiendo. Pero no plácidamente. Era su propio agotamiento físico y mental lo que la mantenía en los brazos de Morfeo, y sin duda lo ocurrido ese día la marcaría de por vida.
            Pit se sentó en la cama, cogió la mano de Julia con suavidad y la miró a la cara, pensativo.
            -¿Saben tus padres lo que ha pasado, Tina? – susurró Pit.
            Tina negó con la cabeza.
            -Creo que si esto se supiera, lo vuestro no tardaría en salir a la luz – dijo –. Creo que mi deber es decirlo, pero a la vez no quiero que os pillen por ello… No sé, no sé qué hacer.
            Pit se dio cuenta de la encrucijada que suponía. Por un lado, justicia. Por el otro, su amor fogoso, secreto y prohibido.
            -Maldición – dijo Pit.
            -Sí – dijo Tina –. Maldición.

            Julia despertó al cabo de una hora y media. Seguía estando agotada, y parecía en trance, pero estaba lúcida al menos.
            -Pit – susurró.
            -Julia – dijo Pit.
            -Ha sido todo… una pesadilla, ¿verdad?
            Pit agachó la cabeza, como si lo que iba a decir le doliera más a él que a ella.
            -Me temo… Me temo que no, Julia. Por desgracia no ha sido una pesadilla.
            La cara de Julia se descompuso. Pit la abrazó con todas sus fuerzas, intentando consolarla. Pero Julia no tenía lágrimas que derramar.
            -Tina, trae agua, rápido – dijo Pit.
            Tina fue corriendo a buscar agua, mientras Julia sollozaba.
            -Tranquila… Estás a salvo, estás sana y salva… Yo estoy aquí…
            Pit estaba recurriendo a las palabras que utilizaba cada vez que Julia despertaba de una de sus pesadillas. Pero ambos sabían que de esta pesadilla le iba a costar muchísimo despertar.
            Tina volvió con una botella de agua de la cocina, que dejó en el suelo al lado de Pit.
            -Gracias – dijo Pit, agachándose a coger la botella y pasándosela a Julia –. Ten, bebe. Te hará bien.
            Julia bebió de la botella. El agua consiguió calmarla un poco.
            -Gracias – dijo Julia, que parecía algo más lúcida.
            -¿Cómo te encuentras? – preguntó Tina.
            -Un poco mejor… Gracias.
            -Si te sirve de consuelo, he hecho jurar a mi hermano que no dirá nada.
            -¿Y es fiable? – preguntó Pit.
            -Si quiere seguir conservando lo que le define como varón, creo que más le vale cerrar la puta boca. Sabe que soy capaz.
            -Pit, ¿ella también lo sabe? – preguntó Julia.
            -Mis labios están sellados, Julia. Lo juro por Dios.
            -¿Cómo lo has sabido?
            -Samuel os vio en la cama esta mañana, a través de la cerradura – dijo Tina –. Después de lo que ha pasado, le he obligado a que me lo contara todo. No quieras saber cómo.
            -¿Y te contó lo nuestro?
            -Me dijo lo que vio, nada más. También lo que te pidió a cambio de no decir nada… Pero ahora no tienes de qué preocuparte. Ni él ni yo diremos nada a nadie, tienes mi palabra.
            -Gracias – dijo Julia.
            -No hay de qué – dijo Tina –. Es lo mínimo que podía hacer.

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            After lunch, the grown ups discussed Sara’s will. The kids went out to the back porch. They played with a basketball that didn’t bounce well and an old basket, but most of the time the kids just chatted.
            “Pit, do you like horror movies?” Samuel asked.
            “I don’t watch those very often, ‘cause Julia has this problem with her nightmares… I love them, though”.
            “Which are your favorites?”
            “Japanese are the best, no doubt”.
            “Tina and I have this collection of scary movies of all kinds”.
            “Really?” Pit asked, amazed.
            Tina nodded.
            “I’d love to see that”, Pit said.
            “Tonight we’re gonna watch ‘One Missed Call’”, Tina said. “The original Japanese version, of course”.
            “I would love to go… But Julia can’t watch it”.
            “Pit, if you wanna go, don’t stay for me”, Julia said.
            “Nope. Family first”, Pit said. “I don’t wanna go if that means you’re gonna have a hard time”.
            “Anyway, you wanna see the movies we brought?” Tina asked.
            “Sure, I’d love to”, Pit said. “Excuse me”, he said, turning to Julia and Samuel.
            Pit went with Tina to the room she and Samuel shared. Samuel was alone with Julia. He was standing, leaning against the wall of the porch, and she was just sitting on the stairs, her hands resting just behind her back.
            “Tell me one thing…” Samuel said. “How long have you two been fucking?”
            Julia almost choked in her own spit. She couldn’t believe what she just heard.
            “Your brother and you”, he continued. “For how long?”
            “What are you talking about?” Julia said, trying to fake puzzlement.
            “Don’t play me for a fool. Since when have you been fucking your brother?”
            “Samuel, this is…”
            “I saw you both, together, this morning, in bed, totally naked and making out. So c’mon, answer”.
            Julia froze in puzzlement and shock.
            “A year? Maybe two? Or you’ve been doing it forever?” Samuel insisted.
            “No…”
            “Months? Three, six?”
            “Shut up!”
            “Don’t tell me to shut up and answer!”
            Julia felt her anxiety growing in her throat, and her words getting stuck there. Her eyes, sparkling because of the tears that struggled to get out, seemed to have no influence at all in her cousin. That’s it, they had been caught.
            Julia was still sitting in the same position, although now she was facing her cousin, who was still leaning against the wall. He seemed to be enjoying his little interrogation.
            “Say it!”
            “We d…” words wouldn’t come out of her mouth.
            “Say it, goddammit!”
            “We haven’t made it yet!”
            Julia realized what she just said, and covered her mouth with both her hands while she finally burst into tears. Samuel was silent, watching quietly as his cousin wept, knowing she had been busted.
            “Okay”, Samuel said. “I’m gonna believe you”.
            Julia didn’t mind whether he believed her or not. All her efforts to keep her incestuous relationship in secret were futile.
            “Goddammit, stop crying!” Samuel said. “Look at me!” he yelled, when he saw she didn’t stop weeping.
            Julia removed her hands away from her face and tried her best to contain her crying. Her face, soaked with tears, slightly went back to normal, and her eyes, red because of the tears, were focused on her cousin. She started sobbing.
            “Good news is, my silence is for sale”, Samuel explained. “If you pay my price, which isn’t that high, your mommy and daddy will never know a thing”.
            Julia’s gaze filled with panic when she suddenly understood what her cousin meant, and using both hands and feet, she backed up a few inches, slowly, without changing her position, like she was crawling face up.
            Samuel undid his belt and the jeans button, and unzipped the fly. Meanwhile, Julia kept crawling, backing up very slowly, almost paralyzed with horror, with her eyes still staring at her cousin. He pulled his huge member out of his pants. Julia’s breath was shaky because of her sobbing.
            “Are you a virgin?” Samuel asked.
            Julia managed to nod yes.
            “Then I’m gonna be good with you and I’m just gonna ask you to suck my cock, am I clear?”
            Julia kept backing up with extreme slowness. Her eyes, still focused on her cousin, reflected an absolute horror. “Damn it”, she thought, “this isn’t happening, it’s a nightmare, just a nightmare… I’m sleeping, Pit is here beside me, he’s with me…”
            She realized the situation was very real when she felt a hand grabbing her hair. Samuel had moved towards her and now he was grabbing her hair and pulling her face closer to his massive manhood. She tried to move her head or pull backwards, but she couldn’t.
            “Open your mouth, goddammit”, Samuel said.
            “Hey!” a voice cried behind him.
            Samuel released Julia’s hair, and turned around. She took this chance to get up and run towards the door, crying her heart out.
            Pit and Tina were back.
            Julia threw herself into Pit’s arms, and started weeping again on his shoulder. Meanwhile, Tina was running towards her brother, furious.
            “What the fuck were you doing?!” Tina yelled.
            “I…”
            Tina punched Samuel in the face with all her strength, hitting him right in the nose. Samuel fell backwards, bleeding and covering his face with his hands.
            “You mother-fucking bastard!” Tina yelled at him before kicking his testicles really hard.
            Julia was still hugging Pit, crying of pure fear. Pit was trying to calm her down, embracing her and whispering in her ear. His eyes, however, were staring at Samuel, giving him a burning glare full of anger.
            “Pit, take her inside”, Tina said. “I’ll be right there”.
            Pit nodded and took Julia back to their room. He made her lie down and he sat next to her until the poor girl eventually fell asleep out of pure fatigue.

            Half an hour later, Pit and Tina were talking in the corridor, in order not to wake Julia up.
            “In first place, I want you to know how sorry I am about what my brother tried to do”, Tina said. “I really mean it”.
            “Thank you”.
            “How is she?”
            “Exhausted. She’s still sleeping, that’ll be good for her. How’s Samuel?”
            “Sore. His nose is broken and his balls hurt like hell. I just made him confess and he sung like a jailbird”.
            “What did he say?”
            “He found out about you two this morning”.
            These news caught Pit off guard.
            “What did you just say?” he asked.
            “Relax, man, your secret’s safe with me. I swear I won’t say a thing to anyone”.
            “Thank you”.
            “He saw you through the keyhole”.
            Pit noticed, for the first time on his life, that the door of each room had an old keyhole. Since every room had a bolt on the door, he never noticed those keyholes.
            “He says he tried to blackmail Julia… His silence in exchange of a blowjob”.
            “He’s a…!” he stopped in order not to swear in front of Tina.
            “Let it out, man, you’re on your right to do it. Say it all”.
            “Selfish fucking bastard, son of a…” he stopped suddenly when he realized Tina was also a ‘son of’… the same mother as Samuel. “Sorry”.
            “Hey, in your place I’d do the same, so don’t be sorry”.
            “It’s just… me… my sister…” Pit mumbled, starting to feel that words were stuck in his throat.
            “Pit…”
            Tina saw tears on the boy’s face. Tears of pure contained wrath. She hugged him instantly, pressing his face against her shoulder.
            “It’s okay… Let it all out”, Tina said.
            Pit let out all his repressed fury by weeping on his cousin’s shoulder. A couple of minutes after, he was calm again.
            “Better, now?”
            Pit nodded.
            “Thanks”, he said, his voice broken.
            “Don’t mention it”, Tina said.
            “Did he say something more?”
            “Not for now”.
            “OK, I’m gonna check on Julia”.
            “You should wash your face first, or she’s gonna notice you’ve been crying”.
            Pit went into the bathroom, followed by Tina, and started washing his face.
            “By the way”, Tina said. “About this morning… Sorry about that, too”.
            “It doesn’t matter”.
            “It wasn’t my intention to make you feel embarrassed. I was only trying to make you relax a little. I didn’t know you were so shy about your body”.
            “Really, never mind”.
            “All right”
            Pit closed the faucet and went back to the room.
            “You wanna come in with me?” Pit asked.
            “Okay”.
            Julia was still sleeping. But not peacefully. It was her own physical and mental fatigue what kept her in Morpheus’ arms, and what had happened to her would scar her for life, with no doubt.
            Pit sat on the edge of the bed, took Julia’s hand softly and looked at her face, pensive.
            “Do your parents know what happened, Tina?” Pit whispered.
            Tina shook her head no.
            “I think, if this came out, you two would be out too sooner or later”, she said. “I believe I should tell on him, but at the same time I don’t want you to get caught… I dunno, I just don’t know what to do”.
            Pit realized the dilemma it supposed. On one hand, justice; on the other hand, his fiery, secret, forbidden love.
            “Dammit”, Pit said.
            “Yeah”, Tina said. “Dammit”.

            Julia awoke within an hour and a half. She was still exhausted, and she seemed zoned out, but at least she was lucid.
            “Pit”, she whispered.
            “Julia”, Pit said.
            “It was all… just a bad dream, was it?”
            Pit looked down, like what he was going to say would hurt him more than it would hurt her.
            “I’m afraid… it wasn’t, Julia. Unfortunately it wasn’t just a bad dream”.
            Julia’s face twisted. Pit hugged her with all his strength, trying to comfort her. But Julia didn’t have any more tears to shed.
            “Tina, bring some water, quickly”, Pit said.
            Tina went for water, while Julia sobbed.
            “Relax… You’re safe; you’re safe and sound… I’m here…”
            Pit was using the words he used every time Julia woke up from a nightmare. But they both knew this nightmare was going to be hard to wake from.
            Tina returned with a bottle of water from the kitchen, and she put it on the floor beside Pit.
            “Thank you”, Pit said, taking the bottle from the floor and passing it to Julia. “Here, drink. It’ll do well to you”.
            Julia drank from the bottle. Water seemed to calm her down a little.
            “Thanks”, Julia said, seemingly more lucid.
            “How do you feel?” Tina asked.
            “A little better, thank you”.
            “For the record, I’ve made my brother swear he won’t say a single thing”.
            “And will he oblige?” Pit asked.
            “If he wants to keep what defines him as a male, he’d better shut the fuck up. He knows I’m able to do it”.
            “Pit, does she know too?” Julia asked.
            “My lips are sealed, Julia. I swear to God”.
            “How did you know?”
            “Samuel saw you two in bed this morning through the keyhole”, Tina explained. “After what happened, I’ve forced him to tell me everything. You don’t wanna know how I did that”.
            “And he told you about us?”
            “He just told me what he saw, nothing else. He also told me what he asked for in exchange for his silence. But now you don’t have to worry about that. Neither he nor me will say anything to anyone, you have my word”.
            “Thank you”, Julia said.
            “Don’t mention it”, Tina said. “It’s the least I could do”.
Licencia de Creative Commons
Sister, do you know my name? by Juan Rivera is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

lunes, 27 de febrero de 2012

"Sister, do you know my name?" (9)

Ha pasado casi una semana desde la última actualización. Es curioso, porque ayer mismo estaba preocupadísimo, pensando: "Dios mío, no he escrito nada nuevo... Ha pasado casi una semana... Debería escribir algo...". Esa misma semana, había intentado escribir la continuación de la historia, y finalmente escogí la octava versión de esta escena (la versión que he escrito HOY).
Sí, hoy he escrito cinco páginas enteras de la historia, haciendo de "Sister, do you know my name?" el relato más largo que he escrito (23 páginas, y lo que aún queda; el récord anterior estaba en 21). Como 5 páginas es un montón, subiré el nuevo material en dos partes. La primera es esta escena, que me llevó 8 intentos conseguir. ¡Disfrutadla!

It's been almost a week since I updated last time. It's weird, because yesterday I was worried, thinking "Oh my God, I haven't written anything new... And it's been almost a week... I should write some...". That week, I've been trying to make a follow-up for the story, and I finally chose the eighth draft of this scene (the draft I've written TODAY).
Yes, today I've written five whole pages of the story, making "Sister, do you know my name?" the longest story I've ever written (23 pages now, and still running; previous record was 21 pages). Since 5 pages is a lot, I'll submit this new stuff in two parts. This first part is the scene that took me 8 tries to get right. Enjoy!

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            A la mañana siguiente, Pit abrió los ojos, y lo primero que vio fue el rostro de su hermana, aún dormida, a escasos centímetros de él. Ver dormir tan plácidamente a la persona a la que más quería en el mundo le hizo sentirse verdaderamente feliz por unos instantes, y sonrió ampliamente mientras la miraba con ternura.
            Pit besó a la muchacha en la frente. Un segundo después, los párpados de Julia se abrieron lentamente, y sus pupilas se encontraron con las de él. Julia sonrió, al ver todo el cariño que destilaba de la mirada de su hermano.
            -Buenos días – dijo, aún somnolienta.
            -Buenos días.
            -¿Llevas mucho tiempo mirándome dormir?
            -No, acabo de despertarme. Te he visto dormida, tan adorable, y…
            -Eres muy poco original – dijo Julia, riéndose.
            Pit se rió. Su hermana tenía algo de razón; el cuadro era un absoluto tópico de película romántica. Pero no por ello era menos íntimo e idílico. Aún sonrientes, se besaron, y después se quedaron un rato en silencio, simplemente sonriendo y mirándose a los ojos.
            -Deberíamos recoger un poco… Pero no me apetece nada levantarme – dijo Pit.
            -Yo tampoco – dijo Julia –. Quiero quedarme aquí, contigo.
            -¿Estará todo el mundo durmiendo?
            -¿A esta hora? Fijo.
            -En ese caso podemos quedarnos en cama un ratito más…
            Sonrieron y volvieron a besarse, esta vez con más lentitud, deleitándose con la fricción de sus labios.
            Un golpe sordo en la puerta les sobresaltó.
            Los gemelos se separaron. No había sonado como si llamaran a la puerta, sino como si alguien se hubiera apoyado en ella con cierta brusquedad. Los hermanos miraron a la puerta; luego se miraron entre sí, interrogantes. Pit buscó entre las sábanas su ropa interior, se la puso y se acercó a la puerta.  Abrió lentamente y miró.
            Fuera no había nadie.
            Pit inspeccionó el pasillo y cerró la puerta muy despacio. Estaba confuso. Miró a su hermana, que estaba cubriendo su desnudez pudorosamente con la sábana. Ella estaba tensa y también confusa.
            -¿Qué ocurre? – preguntó.
            -No hay… nadie.
            -Yo juraría que he oído un golpe en la puerta.
            -Yo también lo he oído, no hace falta que jures nada.
            -Dios mío… ¿Y si nos han pillado?
            -No pueden habernos visto; la puerta estaba cerrada.
            -¿Y si nos han oído?
            -Estábamos hablando en susurros, no creo que nos hayan oído hablando tan bajo.
            -Pero…
            -Tranquilízate – dijo Pit –. Es muy improbable que nos hayan pillado.
            -¿Estás seguro?
            -Voy a echar un vistazo, ¿vale?
            Le dio un fugaz beso en los labios y acarició su mejilla antes de salir, aún en ropa interior, a inspeccionar la casa. Por lo visto, todo el mundo seguía en los dormitorios; algunos incluso roncaban, lo que podía oírse nada más acercarse a la puerta. Pit imaginó, sonriéndose, que esa fuera la razón de que la mayoría de sus tíos fueran solteros o estuvieran divorciados: ningún hombre o mujer podría aguantar dormir tan cerca de semejante ruido hasta que la muerte les separara sin perder el juicio. Ese pensamiento le sirvió para relajarse un poco. Al poco rato concluyó que todo el mundo seguía durmiendo.
            Volvió a la habitación. Julia se había vestido y estaba un poco más tranquila.
            -Todos siguen durmiendo – dijo Pit –. No le demos más vueltas.
            -De acuerdo…
            -Venga, vamos a recoger un poco. Abre la ventana, que se ventile un poco el ambiente.
            -Vale.
            Mientras la habitación se ventilaba, se pusieron a recoger la ropa sucia del suelo.
            -¿Te importa si me ducho yo primero? – dijo Pit.
            -En absoluto, adelante.
            -Oye… La puerta del baño no tiene cerrojo, ¿te importaría quedarte fuera mientras me ducho?
            -No creo que nadie vaya a entrar mientras te duchas. Pero si te quedas más tranquilo…
            -No, pensándolo mejor, tienes razón, déjalo.
            Pit cogió ropa limpia y se dirigió al baño. Dejó la ropa sobre la pila del lavabo, se metió tras la cortina de la ducha y abrió el agua.
            Mientras se estaba enjabonando, y sin apenas haber pasado más de dos minutos desde que encendió el agua, la puerta del baño se abrió de golpe. Pit se sobresaltó, y a pesar de que la cortina era opaca y no se podía ver a través, se cubrió la entrepierna con las manos, como por acto reflejo.
            -¡Ocupado! – dijo Pit.
            -¡Lo siento! – dijo la voz de su prima Tina –. Necesito hacer pis, ¿puedo pasar?
            -¿No puedes esperar cinco minutos?
            -¡No! Necesito pasar ya…
            Pit vaciló un segundo.
            -Vale, pasa… Pero no mires.
            -¡Gracias!
            Pit oyó la puerta cerrarse, los pasos de su prima a su espalda, la tapa del retrete abriéndose y un sonido líquido seguido de un suspiro.
            -Pit, ¿puedes tranquilizarte? No tienes nada que no haya visto ya.
            -¿Qué quiere decir eso?
            -No voy a asustarme por verte la polla, ¿sabes?
            Pit sintió su rostro enrojecerse.
            -Perdón, no quería ser grosera – dijo Tina.
            -Da igual.
            Tina acabó de orinar y salió del baño tan rápido como pudo.
            -Perdona la… “invasión” – dijo, antes de cerrar la puerta.
            Pit se quitó las manos de la entrepierna y se relajó. Terminó de ducharse, se secó, se vistió y volvió a la habitación.
            -Mi turno – dijo Julia, nada más verle entrar.
            -Hola de nuevo – respondió Pit.
            -No me habrás gastado toda el agua caliente, ¿verdad?
            -Aún queda, no te preocupes.
            -Tina ha entrado en el baño, ¿no?
            -¿Cómo lo sabes?
            -Si tu “ocupado” no se ha oído en toda la casa, es que yo oigo voces.
            -Maldita sea…
            -No pasa nada. Es una niña, ya crecerá. Se le pasará tarde o temprano.
            -¿El qué?
            -El pavo que tiene, ¿qué va a ser? Por Dios, se le nota a la legua que lo único que va buscando es eso que te cuelga entre las piernas, como si fuera oro.
            Pit se quedó sin palabras.
            -Hablaba… en general, no de… ti – dijo Julia, ante la perplejidad de Pit –. Lo siento, me he pasado.
            -¿Crees que anda detrás de mí?
            -No, lo que quería decir es que está como loca por los chicos y quiere tontear, le da igual con quién.
            -Sea como sea, yo sólo te quiero a ti.
            Julia sonrió y le miró a los ojos.
            -Y yo a ti – y le besó.

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            Next morning, Pit opened his eyes, and the first thing he saw was his sister’s face, still asleep, few inches away from him. Watching the one he loved the most sleeping so peacefully made him feel truly happy for a few moments, and he smiled broadly while looking at her looking at her lovingly.
            Pit kissed the girl’s forehead. A second later, Julia’s eyelids opened slowly, and her pupils met his. Julia smiled when she saw all the love that her brother’s gaze transmitted.
            “Good mornin’”, she said, sleepy.
            “Good morning”.
            “Have you been watchin’ me sleep for long?”
            “I actually just woke up. I saw you sleeping, so cute, and…”
            “You’re so unoriginal”, Julia said, laughing.
            Pit laughed too. His sister had a point, that scene was like a romantic movie cliché, but still intimate and idyllic. Still grinning, they kissed, and then they remained quiet for a while, just smiling and looking into each other’s eyes.
            “We should tidy the room a little… But I don’t feel like getting up”, Pit said.
            “Me neither”, Julia said. “I wanna stay here with you”.
            “Is everybody still asleep?”
            “This time? Totally”.
            “Then we can stay in bed for another while…”
            They smiled and kissed again, this time more slowly, enjoying the friction of their lips.
            A noise on the door surprised them.
            The twins parted lips. It didn’t sound like someone knocking on the door, but more like someone had fell onto it. The siblings looked at the door, then to each other. Pit looked for his underpants beneath the covers; he put his pants on and went towards the door. He opened it slowly and looked.
            There was no one outside.
            Pit looked through the corridor carefully and shut the door carefully. He was confused. He looked at his sister, who was covering her naked body with the blanket. She was tense and confused, too.
            “What’s going on?” she asked.
            “There’s… nobody”.
            “I’d swear I heard a noise on the door”.
            “I heard it too; you don’t need to swear anything”.
            “Oh my God, what if they caught us?”
            “No one could’ve seen us, the door’s closed”.
            “What if they heard us?”
            “We were whispering, I don’t think we could’ve been heard speaking so low”.
            “But…”
            “Calm down”, Pit said. “Maybe we haven’t been caught”.
            “Are you sure?”
            “I’m gonna take a look, OK?”
            He kissed her shortly and caressed her cheek before he went out, still in his underwear, to inspect the house. It seemed everyone was still in their bedrooms; some of the people were even snoring, which could be heard just by getting a little close to the door. Pit imagined, smiling, if that was the reason why some of his uncles and aunts were single: no man or woman on Earth could stand sleeping next to such a noise till death do they part without going mad. That thought helped him calm down a little. Some time later, he concluded everyone was still asleep.
            He returned to the room. Julia was dressed now, and a little calmer.
            “Everyone’s still sleeping”, Pit said. “Let’s just relax”.
            “OK”
            “C’mon, let’s tidy up. Open the window, so that the air renews some”.
            “OK”
            After she opened the window, they started picking up their dirty clothes from the floor.
            “Do you mind if I shower first?” Pit asked.
            “Of course not, go ahead”.
            “Hey… Bathroom’s door doesn’t have a lock, could you please wait outside while I have a shower?”
            “I don’t think anyone will go in while you’re in the shower, but if you think it helps…”
            “No, thinking twice I think you’re right. Forget it”.
            Pit took clean clothes and went inside the bathroom. He put the clothes over the sink stack, got into the shower and opened the faucet.
            While he was cleaning himself, less than two minutes after he stepped into the shower, the bathroom door opened suddenly. Pit was startled, and even though he couldn’t be seen through the shower curtains, he covered his crotch with both his hands.
            “I’m in!” Pit said.
            “Sorry!” he heard his cousin, Tina, say. “I need to pee, can I come in?”
            “Can’t you wait for five minutes?”
            “No! I have to go now…”
            Pit hesitated for a second.
            “OK, come in… Just, don’t look”.
            “Thank you!”
            Pit heard the door closing, the steps of his cousin behind him, the toilet lid opening and a liquid sound followed by a sigh of relief.
            “Pit, would you calm down? You don’t have anything I haven’t seen already”.
            “What’s that supposed to mean?”
            “I’m not gonna panic if I see your cock, you know?”
            Pit felt his face blush.
            “Sorry, I didn’t mean to be rude”, Tina said.
            “It doesn’t matter”.
            Tina finished peeing and went out of the bathroom as fast as she could.
            “Excuse the… ‘Invasion’”, she said before closing the door.
            Pit removed his hands away from his crotch and relaxed. He finished his shower, dried, dressed up and returned to the room.
            “My turn”, Julia said as soon as he got in.
            “Hello, again”, Pit replied.
            “You didn’t use up all of the hot water, right?”
            “There’s still hot water, don’t worry”.
            “Tina walked in, right?”
            “How do you know?”
            “If your ‘I’m in!’ yell wasn’t heard everywhere in this house, then I probably hear voices in my head”.
            “Damn it…”
            “Hey, don’t worry. She’s just a kid, she’ll grow up. It will pass sooner or later”.
            “What will pass?”
            “Her puberty, what else would it be? For Christ’s sake, it’s obvious that the only thing she’s looking for is what hangs between your legs, like it was gold”.
            Pit was speechless.
            “I was… talking… in general, not just… you”, Julia said, when she noticed Pit’s perplexity. “I’m sorry, I’ve crossed the line”.
            “You think she’s after me?”
            “No, what I meant to say is she’s crazy for dudes and she wants to fool around with whoever crosses her way”.
            “Whatever it is, I only love you”.
            Julia smiled and looked at his eyes.
            “And I love you”. And she kissed him.

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Quiero dar las gracias en especial a JULIA, ABBY y LUNA por aconsejarme en los momentos difíciles. Gracias, chicas, por sustituir a la musa cuando se larga. :)

I want to thank JULIA, ABBY and LUNA, for their advice in tough writing moments. Thanks, girls, for taking the place of my muse when it's gone. :)
Licencia de Creative Commons
Sister, do you know my name? by Juan Rivera is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

martes, 21 de febrero de 2012

"Sister, do you know my name?" (8) (AVISO // WARNING)

Tras una semana de "sequía", finalmente he terminado la traducción de lo que hasta ahora llevo de "Sister". Todavía faltan muchas cosas que contar en este relato, así que ¡paciencia! Todo se andará.
AVISO: Esta nueva parte de la historia contiene una escena de carácter sexual y medianamente explícito. Si os sentís ofendidos o incómodos por el contenido erótico del relato, os pido que no leáis esta entrada en su totalidad. No es mi intención ofender ni incomodar a nadie.
A los que no os sentís ofendidos por mis escenas eróticas, ¡disfrutadlo!

After a whole week of nothing new, I've finally finished the translation of the new part of "Sister". There are still a lot of things to tell in this story, so be patient! You'll read more sooner or later.
WARNING: This new part of the story has somewhat explicit sexual content. If you're offended or you feel uncomfortable with the erotic content of the story, please do not read the whole entry. It's not my intention to offend anyone or make anyone feel uncomfortable.
To those who are not offended with my erotic scenes, enjoy!

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            El monótono sonido del motor del Ford casi ahogaba la tenue música de los Creedence Clearwater Revival, que Simon había puesto a un volumen muy bajo para no despertar a los gemelos, quienes dormitaban en el asiento trasero.
            El viaje a la casa de campo familiar duraba cerca de tres horas desde la ciudad. Estaba en el bosque, apartada del mundanal ruido pero bien comunicada. Tras una serie de reformas, había luz eléctrica, agua corriente y línea telefónica. El sitio servía como punto de reunión de la familia para cualquier evento.
            Simon y su familia llegaban pronto, pero no eran los primeros. Patricia también estaba allí, con sus hijos Samuel y Tina, así como uno de los primos de Simon. Faltaban aún cuatro personas por llegar.
            Los gemelos bajaron del coche y fueron a saludar a sus tíos y primos. Luego ayudaron a sus padres con los ligeros equipajes, y fueron a la habitación que tenían, un cuarto pequeño con una litera.
            Huelga decir que sólo pensaban usar una de las dos camas.

            Durante la cena, las conversaciones de los adultos y los niños transcurrían paralelamente; mientras unos hablaban de política y deportes, los otros hablaban de música, películas y estudios.
            Pit se dio cuenta de que su primo parecía no quitarle a Julia el ojo de encima, lo que le pareció algo extraño, pero tampoco le dio mayor importancia.
            La cena transcurrió sin incidencias, y pronto los adultos dieron permiso a los jóvenes para levantarse de la mesa e irse, y se dispusieron a hablar largo y tendido sobre el tema que les había llevado allí.
            Tina se metió en la habitación y cogió un ordenador portátil.
            -Vamos a ver una peli, ¿queréis venir? – ofreció Tina.
            -Pon una de miedo – dijo Samuel.
            -No, gracias, estoy muy cansada – dijo Julia –. Además, tengo terrores nocturnos y no me conviene ver películas de miedo.
            -Yo también estoy muy cansado, pero gracias de todos modos – dijo Pit.
            -No hay problema, que descanséis – dijo Samuel.
            -Igualmente – dijeron los gemelos, casi al unísono.
            Pit y Julia se retiraron a su cuarto, donde sus labios se unieron en un cálido beso en cuanto se cerró la puerta. Pit apagó la luz apoyándose de espaldas en el interruptor, y pronto había ropa volando por los aires y aterrizando en el suelo anárquicamente. Para cuando Julia aterrizó de espaldas en la cama inferior de la litera, los dos gemelos estaban en ropa interior.
            Se metieron bajo la sábana y la colcha, y continuaron abrazándose y besándose. La luz de la luna bañaba los cuerpos casi desnudos de los gemelos, que se encontraban entrelazados, piel con piel, en un apasionado beso de amor.
            Las manos de Pit acariciaban sin miedo todo el cuerpo de su hermana, y las manos de ella hacían lo mismo con él. Pit puso los labios en el cuello de Julia, en el punto donde el hombro y el cuello se unen, y besó esa parte. Julia suspiró. Pit lamió ese punto, haciendo que Julia se estremeciera. Entonces, ella hizo lo mismo con él: lamió concienzudamente el cuello de Pit, cual vampiresa hambrienta bebiendo la sangre de su víctima. Pit suspiró y se estremeció de placer.
            Pit besó a Julia en la boca, y acto seguido descendió un poco. Con la punta de la lengua, rozó uno de los pezones de Julia. Ella gimió en cuanto sintió el tacto de la lengua de su hermano, cálida y húmeda, sobre la cima de su seno. Pit cerró los labios alrededor del sensible punto, y lo lamía y succionaba ligeramente mientras masajeaba con una mano el otro pecho con suavidad. Julia comenzó a jadear, y abrazó con fuerza a su hermano, manteniéndole en el sitio.
            Mientras Pit lamía y masajeaba los pechos de su hermana, ella acariciaba, por encima de la ropa interior, el durísimo bulto de él y su propio sexo al mismo tiempo. Sin dejar su tarea, Pit apartó con suavidad la mano de Julia de sus braguitas, y la reemplazó con su única mano libre.
            Julia se sentía en el paraíso. Pit separó la boca de su seno y volvió a besar a Julia en los labios. Ella respondió con fuerza, con deseo desenfrenado. Se movía por impulsos, cual animal salvaje, obedeciendo únicamente los dictados de su instinto más básico.
            Separaron los labios, y Julia miró a Pit fijamente a los ojos mientras colocaba las manos en sus caderas. Sin dejar de clavarle su fogosa mirada, deslizó muy lentamente los dedos bajo el elástico del bóxer de su hermano, y fue tirando de él hacia abajo, hasta que la goma quedó por debajo de sus nalgas y su sexo erecto quedó completamente libre.
            Pit vaciló unos instantes antes de copiar su movimiento. Deslizó los dedos bajo el elástico de las braguitas de Julia, y tiró de ellas hasta que quedaron medio palmo por encima de sus rodillas. Ambos se liberaron de su ropa interior, que dejaron entre las sábanas, aprovechando para contemplar, por vez primera y a la luz de la luna, sus más íntimos recodos.
            Desnudos, frente a frente, sin tapujos.
            Pit actuó primero. Las yemas de sus dedos se deslizaron lentamente por la parte interior de la pierna derecha de Julia, ascendiendo muy despacio pero sin detenerse. Ella, a su vez, deslizaba su mano hacia abajo por el torso desnudo de su hermano con igual calma. Unieron los labios en un beso momentos antes de que las manos de ambos llegaran a su destino.
            Ambos sintieron sus respiraciones acelerarse cuando las manos entraron en contacto con sus recodos secretos, y una vez que sus dedos comenzaron a jugar en ellos, los gemelos comenzaron a jadear y gemir, con los labios aún unidos.
            El placer que sentían era tan intenso que había invadido sus mentes. Sentían la sangre hervir dentro de sus venas, y sus corazones latían cada vez más deprisa con cada movimiento.
            Pit separó los labios de los de Julia y, sin dejar su tarea, volvió a besar su cuello, para acto seguido ir descendiendo con los labios rozando su torso. Julia retiró su mano para facilitarle la tarea, aunque no tenía ni idea de qué iba a hacer Pit, y se tumbó cuan larga era. La boca del chico rodó por la piel del vientre de Julia, dejando besos cada pocos centímetros. Cuando su boca cruzó el nivel del ombligo de su hermana, la miró a los ojos antes de continuar descendiendo, y no quitó la vista ni un segundo de sus preciosos ojos.
            Pit sintió en la parte baja de su rostro una humedad cálida, acompañada de un aroma excitante e intenso. El chico vaciló un momento antes de abrir la boca y acariciar su sexo con la punta de la lengua. Julia sintió un placer intenso que le hizo estremecerse y gemir. Él volvió a repetir lo mismo, provocando que Julia gimiera otra vez.
            Entonces, instintivamente, Pit colocó las manos en la espalda de Julia, pasando los brazos bajo sus muslos, y enterró la cara entre sus piernas. Julia se cubrió la boca con las manos y consiguió ahogar a tiempo un sonoro e involuntario gemido de placer cuando sintió de nuevo el contacto, esta vez más agresivo, de la lengua de su hermano.
            Aunque ninguno de los dos tenía, ni mucho menos, experiencia, sus instintos estaban determinados a una sola cosa: procurar al otro el placer más intenso posible. Y Pit lo estaba consiguiendo, no sin cierta torpeza, ya que jamás había hecho algo similar antes.
            Julia jamás había sentido algo tan intenso en su vida. Con ambas manos, asió la cabeza de su hermano e hizo que éste volviera a ascender hasta que estuvieron frente a frente, y acto seguido le hizo tumbarse de espaldas de forma que ella quedara encima de él. Entonces, le besó en el cuello, y posteriormente fue bajando con una lentitud extrema por el torso desnudo de Pit, besando su piel cada pocos centímetros y mirándole directamente a los ojos una vez pasado su ombligo, tal y como él hizo.
            Ella agarró su excitación con la mano derecha sin dejar de mirarle a los ojos y pasó la punta de la lengua por el extremo de su mástil. Pit suspiró profundamente, y cerró los ojos, dejándose llevar. Ella repitió varias veces el movimiento, causando que Pit se estremeciera, antes de cerrar los labios alrededor.
            Pit reposó la cabeza en la almohada, cerró los ojos y exhaló un suspiro profundo de placer. Aunque también con cierta torpeza, Julia estaba consiguiendo darle a su hermano un placer más intenso que cualquier otro que hubiera experimentado en su vida.
            Pit hizo que Julia subiera la cabeza y le mirara a la cara. Ella ascendió poco a poco, sin soltarle, y sus labios se unieron. La mano de Pit volvió a colocarse sobre el cálido sexo de su hermana.
            El beso continuado ahogaba los jadeos y gemidos de los dos. Podían sentir la excitada respiración del otro directamente en la piel de sus idénticos rostros. De vez en cuando, entreabrían los ojos y podían mirar directamente en la pupila del otro. La fricción de sus labios, la mirada en sus ojos, se añadían al torrente de sensaciones que fluía entre ellos.
            Habían perdido totalmente la cuenta del tiempo, cuando Julia sintió una bola de fuego creciendo en su vientre, y de repente una explosión en su interior que recorrió cada músculo de su cuerpo cuando finalmente alcanzó un demoledor orgasmo. El grito de clímax quedó una vez más ahogado por los labios de su hermano mientras todos los músculos de su cuerpo se tensaron durante unos eternos segundos antes de relajarse de golpe.
            Ver el clímax de su hermana precipitó el de Pit, que se estremeció cuando todas las energías de su cuerpo se concentraron y explosionaron como fuegos artificiales en su interior. La descarga de energía recorrió todo su cuerpo para desvanecerse justo después y, como castillo de naipes, los gemelos se derrumbaron en el colchón, exhaustos y jadeantes.
            Unieron los labios una vez más; esta vez su beso fue pausado, lento y sensual. Los gemelos saborearon los labios del otro con lentitud y paciencia. Sus cuerpos, ahora sin ninguna barrera que los separara, estaban unidos en un abrazo cálido y apasionado. Sus lenguas bailaban un vals en el espacio unido de sus bocas, mientras sus brazos reptaban sobre el cuerpo del otro, arrastrándose por doquier. Con los ojos cerrados, abstraídos de todo aquello que les rodeaba. Sólo existían ellos, en ese momento, en ese lugar, sin más tiempo ni espacio.
            Sólo su beso, eterno, ubicuo, desnudo.
            Separaron los labios y se miraron a los ojos. Sus miradas, cargadas de un infinito torrente de sentimientos y pasiones, decían todo aquello que ni siquiera las palabras podían describir, todo aquello que habitaba en sus almas y trascendía de sus casi idénticos cuerpos.
            Todo aquello que, sin poder ser definido, y siendo más grande que el infinito, cabía en dos simples palabras:
            -Te quiero.

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            The monotone sound of the Ford’s engine almost suppressed the Creedence Clearwater Revival music that Simon had put on the radio, lowering the volume in order not to wake the twins, who were sleeping in the back seat.
            The trip to the family cabin in the woods was nearly three hours long from the city. Although in the woods, it was still well connected. After a series of remodeling, there was electricity, water and phone line. The place was used as a meeting point for family reunions and similar events.
            Simon and his family arrived early, although they were not the first ones to make it. Patricia was there too, with her children Samuel and Tina, and also one of Simon’s cousins. There were still four people left to arrive.
            The twins got off the car and went to say hello to their relatives. Then they helped their parents with their stuff and went to their own room, a small room with a two story bunk.
            Needless to say, they only planned to use one of the bunk beds.

            During dinner, adults’ and kids’ conversations didn’t cross. While ones were talking politics and sports, the others discussed music, movies and school.
            Pit noticed his cousin Samuel seemed to always keep an eye on Julia, which seemed a bit odd to him, but he didn’t care very much.
            Dinner was over with nothing special, and soon the grown ups gave the kids permission to leave, and started talking, surely for a long time, about the subject of the reunion.
            Tina went to the room she shared with her brother and took a laptop.
            “We’re gonna watch a movie, wanna come?” Tina asked.
            “Put a scary movie”, Samuel told her.
            “No, thanks, I’m really tired”, Julia said. “Besides, I have night terrors and I shouldn’t watch scary movies”.
            “I’m very tired too, but thanks anyways”, Pit said.
            “No problem, sleep well!” Samuel told them.
            “Sleep well”, the twins said almost in unison.
            Pit and Julia moved to their room, where their lips joined in a passionate kiss as soon as the door closed. Pit turned off the light when he leaned back on the switch, and soon clothes were flying all over the place and landing on the floor. When Julia fell backwards on the lower bed of the bunk, the twins were already in just their underwear.
            They got under the blankets and continued hugging and kissing. The moonlight lit their almost naked bodies, embraced, their skin touching, in a passionate love kiss.
            Pit’s hands stroked confidently all of his sister’s body, and her hands did the same to him. Pit pressed his lips against Julia’s neck, just on the point where the neck meets the shoulder, and kissed her there. Julia sighed. Pit licked that point, making Julia shiver. Then she did the same to him: she licked his neck viciously, like a hungry vampire sucking her victim’s blood. Pit sighed and shivered in pleasure.
            Pit kissed Julia on her mouth, and then he went down a little. With the tip of his tongue, he touched one of Julia’s nipples. She moaned as she felt the touch of her brother’s tongue, so warm and wet, on the top of her bosom. Pit closed his lips around that sensitive point, and then he licked and sucked on it, while stroking the other breast softly with one of his hands. Julia started to pant, and put her arms around him, keeping him there.
             While Pit licked and stroked his sister’s breasts, she caressed, over their underwear, his hard bulge and her own sex at the same time. Without leaving his task, Pit gently took Julia’s hand away from her panties, and replaced it with his free hand.
            Julia felt she was in paradise. Pit’s mouth released her bosom, and then he kissed Julia on the lips. She responded fiercely, with uncontrolled desire. She was moving by impulses, like a wild animal, only listening to the commands of her most basic instincts.
            They parted lips, and Julia stared at Pit straight in the eyes while she put her hands on his hips. Without moving her burning stare off of his eyes, she slid very slowly her fingers under the waistband of her brother’s boxers, and pulled them down until the rubber band was below his buttocks and his erection was completely free.
            Pit hesitated for a while before copying her movement. He slid his fingers under the waistband of Julia’s panties, and pulled them down until they were four inches above her knees. They both got rid of their underwear, which they left inside the bed, taking the chance to see, for the very first time and under the moonlight, their most intimate places.
            Naked, face to face, nothing to hide.
            Pit acted first. His fingertips gently slid over the inner part of Julia’s thigh, moving up very, very slowly, but without stopping. At the same time, she slid her hand down  her brother’s bare torso, as calmly as him. Their lips met in a kiss before their hands reached their destination.
            They both felt their breath grow faster and heavier when their hands finally made contact with their secret places, and once their fingers started playing down there the twins started panting and moaning, their lips still together.
            The pleasure they felt was so intense, it took over their minds. They felt their blood was boiling inside their veins, their hearts beating faster with every move.
            Pit parted lips with Julia, without leaving his task, and kissed her neck again; then he went down, his lips always touching her torso. Julia took away her hand in order to make it easier for him, although she had no idea what was he going to do, and laid down, letting him do. The boy’s mouth rolled over the skin of Julia’s belly, planting kisses every few inches. When his mouth crossed his sister’s navel, he looked at her eyes before resuming his way down, and didn’t stop looking into her beautiful eyes at any moment.
            Pit felt a warm wetness on the lower part of his face, and also an intense, arousing smell. The boy hesitated for a moment before opening his mouth and touching her sex with the tip of his tongue. Julia felt an intense pleasure that made her shiver and moan. He repeated the move, making Julia moan again.
            Then, instinctively, Pit placed his hands on Julia’s back, his arms under her thighs, and buried his face between her legs. Julia covered her mouth with her hands, just in time to suppress a loud, involuntary moan of pleasure when she felt again the contact, more aggressive this time, of her brother’s tongue.
            Although neither of them had any experience, their instincts were focused on just one thing: giving each other the most intense pleasure they could. And Pit was really doing that, albeit quite clumsily, since he had never done anything alike before.
            Julia had never felt something so intense before in her life. With both of her hands, she took her brother’s head and made him go up again until they were face to face, and then she made him lie down on his back so she was on top of him. Then, she kissed his neck, and she started moving down Pit’s bare torso, extremely slowly, kissing his bare skin every few inches and looking at him straight in the eye as soon as she passed his navel, just like he did.
            She grabbed his arousal with her right hand, still staring into his eyes, and slid the tip of her tongue over the head of his shaft. Pit sighed deeply and closed his eyes, letting himself enjoy. She repeated the move several times, making Pit shiver, before closing her lips around.
            Pit rested his head on the pillow, shut his eyes closed and exhaled a deep sigh of pleasure. Although somewhat clumsily, Julia was actually giving her brother a pleasure greater than any other he had in his life.
            He made Julia tilt her head up and look at his face. She slowly moved upwards, still grasping him, and their lips met again. Pit put his hand back on his sister’s warm sex.
            Their long kiss suppressed their panting and moaning. They could feel each other’s rough breath right over the skin of their almost identical faces. Every now and then, their eyes opened and they could look into each other’s pupils. The touch of their lips, the look in their eyes, added to the river of sensations flowing between them.
            They had lost all sense of time, when Julia felt a fireball growing inside her stomach, and suddenly an explosion inside her ran through every muscle of her body when she finally reached an overpowering orgasm. Her climax scream was once more suppressed by her brother’s lips, while all her muscles tensed for a few everlasting seconds before suddenly relaxing.
            Viewing his sister’s climax made Pit reach his, and he shivered as all the energy in his body concentrated and exploded like a firework inside him. The power load ran through his body and vanished just afterwards, and just like a house of cards, the twins collapsed on the mattress, panting exhausted.
            They entwined lips once more. This time their kiss was smooth, slow, and sensual. The twins tasted each other’s lips patiently and slowly. Their bodies, now with no barriers in between, were entwined in a warm, passionate embrace. Their tongues were waltzing inside their connected mouths, while their arms slid all over each other’s bodies; their eyes were closed, their minds absent from everything around them. It was only them, right there, right then, with no more time or space.
            Just their kiss, eternal, ubiquitous, bare.
            They parted lips and looked into each other’s eyes. Their stare was an infinite flow of feeling and passions that said all those things that words can’t describe, all those things living inside their souls and transcended their almost identical bodies.
            All those things that, being impossible to define and greater than infinity, still could be expressed with three very simple words:
            “I love you”.
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