martes, 26 de junio de 2012

V.S.: Niños de la tumba // Children of the grave (7)

¡Por fin de vacaciones!
Hoy os traigo un poco más de "Niños de la tumba". Es una historia algo complicada, tal y como tengo planeado que se desarrolle. Tengo que pensar mucho en todos los eventos que darán lugar al desenlace final que tengo planeado, y que desde luego no parece estar muy próximo.
Sigo introduciendo nuevos personajes en la historia principal. Por el momento la mayoría de estos personajes no tendrán relevancia fuera de esta historia, aunque me reservo el derecho de cambiar de opinión al respecto (vease lo que pasó con Jackie).
Dicho esto, ¡disfrutad!

School's out for Summer!
Today I bring you some more "Children of the grave". It's a complicated storyline, as I'm planning it to unfold. I have to think about every event that will take the story to the ending I have planned, and it doesn't seem to be near.
I'm still introducing new characters in the main storyline. For now most of these characters won't be important outside this story, although I could change my mind later (see what happened with Jackie!)
Now, with no further ado, enjoy!

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            Winston Wolff salió de la comisaría para ir a almorzar, aunque fuera ya algo tarde para ello. El sol golpeó sus ojos sin un ápice de misericordia; al fin y al cabo, el astro rey no tenía la culpa de las horas de sueño que había perdido. Wolff sacó sus Ray-Ban del bolsillo, gruñendo al sentir un pulso de dolor en su cabeza, y protegió de la luz sus ojos secos e irritados mientras le dedicaba al sol un “Jódete” entre dientes. No veía el momento de que llegase su día libre y pasárselo durmiendo a pierna suelta, recuperando el sueño acumulado.
            Con andar errático se dirigió a la cafetería de la esquina de la calle. Dejó salir un par de sonoros bostezos. Decidió que esa noche iba a dormir, y que ya podían darle a la DAESU y especialmente a Monique Aux…
            -¡Winston!
            Hablando del rey de Roma…
            Monique Auxile se acercó a Wolff por detrás con un bloc de notas en la mano. Lo último que Wolff necesitaba en ese momento era más información.
            -Vengo de hablar con los médicos, y… ¡Dios santo! Tienes una cara horrible, ¿te ocurre algo?
            A pesar de que en su mente se reprodujeron miles de respuestas sarcásticas que darle a la inspectora, Wolff no se inmutó lo más mínimo y decidió simplemente quedarse mirándola con su cara somnolienta, en silencio, durante unos segundos.
            -Iba a comer ahora – dijo Wolff, casi por automatismo –. ¿Tú has comido? Ven y me lo cuentas con una hamburguesa o algo. Necesito comer.
            -Lo que necesitas es dormir, lobo – dijo Monique –. ¿Quieres la noche libre?
            -¿No me necesitas?
            -Creo que puedo arreglármelas con Jackie; necesitas descansar.
            -Se agradece. Entremos.
            Diez minutos después, Wolff comenzaba a devorar un kebab de pollo mientras Monique bebía a sorbos cortos de un vaso de cartón lleno de café solo.
            -Como te decía, he estado hablando con los médicos – dijo Monique.
            -¿Y bien? – balbuceó Wolff con la boca llena.
            -Aparte de que el tal doctor Peck tiene serios problemas de autocontrol… nada en claro.
            -Ya. ¿Con quién has hablado?
            -Los dos médicos, y he sobornado a un celador que no tenía ni idea. En cualquier caso, nada que no supiéramos ya.
            El móvil de Wolff sonó. Era Jackie.
            -Inspector, aquí Jackie Lamb – dijo Jackie.
            -¡Jackie, muchacho! ¿Dónde estás?
            -Como he dicho, “aquí”. La ventana a sus tres en punto.
            Wolff se giró y miró por la ventana de la cafetería. Vio a Jackie al otro lado del cristal, mirándole directamente y haciéndole una seña con la mano mientras en la otra sostenía su teléfono.
            -¿Podría venir a la puerta y decirme “puedes entrar”? Nadie más quiere hacerlo y llevo intentándolo unos cinco minutos – dijo Jackie al otro lado de la línea.
            Wolff se levantó, invitó a Jackie a pasar y le condujo hasta la mesa.
            -¿Quieres un poco? – dijo Wolff, ofreciéndole un poco de su kebab.
            -Gracias, pero el pollo me sabe a ceniza – dijo Jackie.
            -¿Qué tienes? – preguntó Monique.
            -A un irlandés cabreado, eso es lo que tengo – dijo Jackie –. Por lo demás, nada en limpio.
            -Jackie, a los dueños de bares no les gusta que les amenacen con una inspección de Sanidad – dijo Wolff –. Y menos aún a los que regentan clubes de monstruos.
            -Para usted es fácil, señor; si un vampiro le ve en la puerta para interrogarle, se caga en los pantalones. O lo haría si tuviera intestinos.
            -Lo que sea; luego te daré un par de consejillos de interrogatorio.
            Monique carraspeó, centrando la atención otra vez en sí misma.
            -Sí, eso – dijo Jackie, recordando por qué estaba ahí –. Liam O’Ronan dice que lo único que se rumorea por el Hell’s Kitchen es que Versailles ha secuestrado a una niña. Lo cual es algo que ya sabemos. Dice que la cosa está demasiado reciente como para que los vampiros hayan tenido tiempo de rumorear, que esta noche tendrá más información.
            -Buen trabajo, Jackie – dijo Monique.
            -Inspector, ¿viene conmigo esta noche? – preguntó Jackie.
            Wolff miró a Jackie por encima de las gafas de sol, mostrándole durante unos segundos sus ojos enrojecidos.
            -¿Te parece que tenga pinta de mantenerme en pié esta noche? – dijo.
            -Oh… Entiendo.
            -Vale, escuchad – dijo Monique –. Esta noche, yo iré a La Bala de Plata; Jackie, tú vuelve al Hell’s Kitchen y sácale la información que puedas a Liam O’Ronan.
            -Inspectora, si la clientela habitual del Hell’s Kitchen me pilla por ahí una noche, puede que no vuelva de una pieza – dijo Jackie –. Esas bestias reconocen a un poli a kilómetros de distancia. ¿Por qué cree que he ido a las tres de la tarde? La DAESU no es una organización a la que tengan mucha simpatía…
            -Pues vas de incógnito, imbécil – dijo Monique –. Vuelve a la comisaría, seguiremos hablando allí.
            Jackie se levantó de la mesa y, tras despedirse, marchó a la comisaría. Wolff se quedó pensativo un momento.
            -Monique, he estado pensando… Ya sabemos quién está detrás de esto. ¿Qué andamos buscando?
            Monique suspiró con gravedad.
            -Quizá una esperanza de que esa niña siga con vida – respondió.

            Otro que sólo podía pensar en recuperar el sueño perdido era David Peck, saliente de una de las peores guardias de su vida, si no la peor.
            Peck llegó a su apartamento arrastrando los pies, y tan pronto como soltó sus cosas se desplomó en el sofá y comenzó a roncar con fuerza. Entonces, Starla salió de la ducha, encontrando a Peck dormido en una postura grotesca.
            Starla era la hija de Carl Hudson. Tenía diecinueve años, a punto de cumplir los veinte. Como favor especial, Peck había contratado a Starla para que le ayudara con las tareas de la casa cuando ésta dejó los estudios, a punto de graduarse. Eso había sido hacía ocho meses. Y hacía cinco que Starla y Peck se acostaban a escondidas de Carl Hudson.
            -¿Dave? – dijo Starla.
            Peck murmuró algo incomprensible que el cojín en el que tenía apoyada la cara amortiguó.
            -Dave…
            Peck despertó y miró a Starla, sólo para mirar a otra parte.
            -Starla… Estás desnuda.
            -Creí que te gustaba así, semental – dijo Starla con voz sexy.
            Peck sonrió sin fuerzas.
            -Y me gustas. Desnuda y vestida. Pero no he dormido nada…
            Starla se agazapó sobre el cuerpo exhausto de Peck.
            -¿Quieres rematar la faena y duermes sin tantas tensiones acumuladas? – susurró Starla.
            Lo último que Peck necesitaba era sexo. O al menos eso pensaba su cerebro. Sus genitales, a juzgar por su creciente estado de predisposición, parecían discrepar.
            Peck soltó una risita pervertida.
            -Al menos si esta vez me duermo justo después, tengo excusa – dijo Peck.
            Starla se rió, divertida.
            -Venga, toro bravo – dijo Starla –. Embiste.
            Peck tenía razón: minutos después del sexo dormía como un bebé.

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            Winston Wolff got out of the precinct for lunch, albeit it was a little late for it. The sunlight hit his eyes without a single bit of mercy – after all, the big star wasn’t to blame for all the sleep he had lost. Wolff took his Ray-Ban from his pocket, groaning as he felt a painful pulse in his head, and protected his sore, dry eyes while he said “Fuck you” to the Sun under his breath. He desperately wanted his spare day to arrive, so he could sleep soundly all day and recover from his sleep deprivation.
            With a clumsy step, he walked toward the cafeteria next corner. He yawned soundly a couple of times. He decided that he was gonna sleep that night, and tell the USPAD and especially Monique Auxile to get themselves fu…
            “Winston!”
            Speaking of which…
            Monique Auxile ran towards Wolff with a notepad in her hand. More information was the very last thing Wolff needed at that moment.
            “I just talked with the doctors and… Oh my goodness! You have a terrible face, are you OK?”
            Even though a zillion sarcastic answers for his partner played inside his brain, Wolff decided to remain still and just silently stare at her with his sleepy face for a couple of seconds.
            “I was gonna have some lunch”, Wolff said, almost automatically. “Have you had lunch yet? C’mere and tell me over a burger or sumthin’. I just need some lunch”
            “You need some sleep, wolf”, Monique said. “You wanna rest tonight?”
            “Don’t ya need me?”
            “I think Jackie and I will be fine, you need some rest”
            “Thanks. Come in”
            Ten minutes later, Wolff started to munch on his chicken shawarma, while Monique sipped on her Starbucks black coffee cup.
            “As I said, I’ve been talking with the doctors”, Monique said.
            “So?” Wolff said with a mouthful.
            “Aside from Doctor Peck’s desperate need of self-control therapy… nothin’ new”
            “I see. Who did you talk to?”
            “I’ve talked to those two doctors. And I’ve paid a cleaner to talk, but he didn’t know shit. Anyway, nothing clear”
            Wolff’s cell phone rang. It was Jackie.
            “Detective, Jackie Lamb here”, Jackie said.
            “Jackie boy! Where are you?”
            “As I said, ‘here’. The window at your three o’ clock”
            Wolff turned around and looked out the window of the café. He saw Jackie on the other side of the glass panel, looking directly at him and making him a sign with his hand while holding his phone with the other.
            “Could you please come to the door and invite me in? No one else wants to do it and I’ve been trying for five minutes now”, Jackie said on the other side of the line.
            Wolff got up, let Jackie in and took him to the table.
            “You want some?” Wolff said, offering him some shawarma.
            “Thank you, but chicken tastes like ash to me”, Jackie said.
            “What do you have?” Monique asked.
            “A pissed off Irishman, that’s what I have”, Jackie said. “Aside from that, nothing useful”
            “Jackie, pub owners don’t like to be threatened with a health inspection”, Wolff said. “Especially the monster club owners!”
            “It’s easier for you, sir! If any vampire finds you knocking at their door for interrogation, they shit their pants. Or they would, if vampires had lower intestines for that matter”
            “Whatever. I’ll give you some interrogation advice later on”
            Monique cleared her throat, drawing the attention back to herself.
            “Yeah, right”, Jackie said, suddenly remembering what brought him there. “Liam O’Ronan says the only gossip of our interest in Hell’s Kitchen club is that Versailles has kidnapped a girl… which is something we already know. He also says that this stuff is too recent for vampires to gossip about it, and he’ll have more information tonight”
            “Good job, Jackie”, Monique said.
            “Detective Wolff, are you coming with me tonight?” Jackie asked.
            Wolff stared at Jackie over the frame of his sunglasses, exposing to him his red eyes for several seconds.
            “Do ya think that I look like I can stand on my feet tonight?” he said.
            “Oh… Got it”
            “Alright, listen”, Monique said. “Tonight, I’m going to Silver Bullet. Jackie, you will go back to Hell’s Kitchen and dig all the info you can from Liam O’Ronan”
            “Detective, with all due respect, if the usual Hell’s Kitchen clients catch me there one night, I might not come back in one piece”, Jackie said. “Those beasts recognize a cop from miles away. Why do you think I’ve gone there at 3 PM? USPAD isn’t the kind of organization that they sympathize with!”
            “Then you go incognito, dumbass!” Monique said. “Now go back to the precinct, we’ll keep talking about this there”
            Jackie got up from the table, said goodbye and headed back to the precinct. Wolff thought for a minute.
            “Monique, I’ve been thinking… We already know who’s behind this. What are we looking for?”
            Monique sighed deeply.
            “Maybe the last hope that this girl’s still alive”, she replied.

            The other one who could only think about recovering from sleep deprivation was David Peck, who just got out of one of the worst – if not the worst – night shifts of his life.
            Peck entered his apartment, almost dragging himself in, and as soon as he put his stuff away he threw himself onto the couch, and started to snore soundly. Then Starla got out of the shower and found Peck sleeping in a grotesque fashion.
            Starla was Carl Hudson’s daughter. She was nineteen, about to turn twenty. As a special favor, Peck had hired Starla to help him with his chores when she dropped high school, just before her graduation. That was eight months before. And since five months before, Starla and Peck were sleeping together behind Carl Hudson’s back.
            “Dave?” Starla said.
            Peck mumbled gibberish that was muffled by the pillow he had his face resting on.
            “Dave…”
            Peck woke up and looked at Starla, only to look somewhere else.
            “Starla… You’re naked”
            “I thought you liked me this way, stallion”, Starla said with a sexy voice.
            Peck smiled with all his might.
            “And I like you, naked or dressed. But I haven’t slept for…”
            Starla got in all fours over Peck’s exhausted body.
            “You wanna finish it off and sleep without tensions?” Starla whispered.
            Sex was the very last thing Peck needed at that moment. At least, that was his brain’s opinion. His genitals, however, seemed to disagree by showing a growing state of willingness.
            Peck chuckled perversely.
            “At least, now I have an excuse if I fall asleep right after”, Peck said.
            Starla laughed, amused.
            “C’mon, raging bull”, Starla said. “Attack!”
            Peck was right. Not a minute after sex, he was sleeping like a baby.

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Lo sé, este capítulo no ha sido muy largo... Pero si hubiera incluído la siguiente escena hubiera sido DEMASIADO largo. Sigo trabajando en ello.
Espero que os haya gustado.

I know, this episode wasn't long... But if I had included next scene, it would've turned out to be TOO long! I'm still working on it.
I hope you liked it.


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martes, 19 de junio de 2012

V.S.: Niños de la tumba // Children of the grave (6)

Y POR FIN nuevo material.
No puedo hacer una introducción muy larga ahora mismo, pero... Siguiendo una sugerencia de mi amiga SCY (¡gracias, encanto!) le he dado algo más de importancia al personaje de Jackie. Al principio era un simple personaje secundario, pero ahora tiene más personalidad.
Por cierto, ahora podemos darle un vistazo a la verdadera personalidad de Versailles... Ya lo veréis, aunque no es agradable.
Y, sin nada más que decir... ¡Disfrutad!

And FINALLY some new material!
I can't make a long introduction right now, but... Taking a suggestion from my friend SCY (thanks, sweet!) I gave the character of Jackie some more material. At first he was just a supporting character, but now I'm giving him some more protagonism.
By the way, we have a little insight about the real personality of Versailles. You'll see, although it's not "pretty"!
And now, with no further ado... Let's start!

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            El sol convirtió la negrura de la noche en un tono azul grisáceo al asomar por la línea del horizonte, pero las grises nubes del cielo urbano ocultaban el espectáculo del amanecer. Los vampiros habían cerrado ya sus ventanas y habían ido a dormir, alejados de la luz solar.
            Sin embargo, en la mansión de Versailles nadie dormía. El Rey Vampiro enseñaba a su nueva aprendiz los secretos del vampirismo, todo aquello que el instinto no le había enseñado en el mismo momento en que volvió a nacer.
            Versailles hablaba sin parar de todas las ventajas del vampirismo sobre la condición humana, y de la superioridad de los vampiros sobre los humanos. Abby no escuchaba al Rey. Lloraba sin parar por la muerte de sus padres. Ella no pidió ser transformada.
            -Ma petite chéri, echas de menos a tus papás, ¿verdad? – dijo Versailles.
            Abby asintió.
            -Yo pasé por lo mismo – dijo Versailles –. Mis padres murieron cuando me transformé. Mi maestra me hizo matarlos con mis propias manos. Jamás me recuperé de ese episodio.
            Versailles mentía. Había matado a sus padres y hermanos cuando rechazaron compartir el don del vampirismo con él. Eran débiles, no merecían la vida. Pero la verdad no convenía en ese instante; Versailles quería que la muchacha abrazara su nueva vida lo antes posible. Y por métodos brutales no iba a suceder más rápido. Así que, por mucho que le costara, tenía que fingir tener sentimientos.
            Le Roi des Vampires notaba el agotamiento en la cara de la muchacha, y tenía que admitir que él también se sentía cansado. Eran las dos de la tarde, una hora muy tardía para un vampiro, y no convenía mantener a una nueva conversa tanto tiempo levantada.
            -Descansemos un poco, ¿de acuerdo? – dijo Versailles, sonriente –. Esta noche Lucille te acompañará; yo tengo negocios que atender.
            Abby asintió. No tenía otra opción.

            Lucille King dormitaba en su aposento plácidamente cuando Versailles apareció en su puerta. Había llevado a la pequeña a su habitación.
            -Louis, son las dos de la tarde, ¿qué haces despierto a estas horas? – dijo Lucille.
            -Tais-toi, putain – dijo Versailles –. Esta noche llevarás a mi nueva aprendiz a cazar contigo. Y mucho cuidado con enseñarle nada de lo que hicieras en tu vida de meretriz o acabarás como las anteriores.
            -Descuida, no haré una ramera de tu niña – dijo Lucille, con desdén.
            Versailles se acercó a ella y le cruzó la cara de una bofetada, con tanta fuerza que la tiró al suelo.
            -¡Jamás te dirijas a mí con semejante insolencia, puta! – exclamó Versailles.
            Lucille miró a su marido y creador desde el suelo, con dolor en la mirada.
            -No eres más que una puta como aquella que te trajo al mundo. No sé por qué malgasté mi sangre en crear un ser tan indigno como tú.
            Dos lágrimas enormes rodaron por las mejillas de Lucille, más herida por las palabras que por los golpes.
            -Esta noche te llevarás a Abigail a cazar, y no quiero excusas – dijo Versailles –. Tengo una amiga para cenar.
            -Sí, amo – dijo Lucille, con la voz quebrantada.
            -Y duerme un poco. No quiero que tengas mala cara esta noche, o parecerás una drogadicta, como eras antes de que yo te diera esta vida. Deberías estarme agradecida, perra ingrata.
            El Rey cerró la puerta de un golpe que resonó en todo el pasillo, y Lucille rompió a llorar, cansada y humillada, mientras su marido y creador se alejaba hacia el aposento donde se encontraba el ataúd donde dormía.

            Jackie estaba en los alrededores del club Hell’s Kitchen en Quentin Street, que a las tres de la tarde estaba cerrado. Pero tenía que ver urgentemente a Liam.
            Liam O’Ronan era el propietario del club Hell’s Kitchen. Un vampiro Tipo 2 irlandés con mucha visión de futuro: montó un club exclusivo para criaturas. Ya fueran vampiros, magos, brujas, licántropos, ninfas o demás bestias, todo aquél que no fuera humano era bienvenido al Hell’s Kitchen. Prometía buena música, bebida de calidad a gusto de la criatura y, sobre todo, un punto de encuentro.
            Jackie golpeó dos veces en la puerta.
            -Liam, abre la puerta – dijo Jackie, cansinamente.
            Liam abrió la puerta de mala manera, descubriendo tras la puerta su descuidado cuerpo obeso. El sol nunca entraba por la puerta trasera, siempre en penumbra, lo cual era una ventaja estratégica cuando tenía que recoger mercancías.
            -Me has sacado de la cama, piltrafilla – dijo Liam, con su resonante voz de camionero borracho –. ¿Tú sabes qué hora es?
            -Las tres de la tarde.
            -Exacto. ¿Acaso te parece una hora razonable?
            -No, pero es que yo no duermo.
            Liam y Jackie se sostuvieron la mirada durante unos segundos.
            -Más te vale que sea importante – dijo Liam, dejándole pasar de mala gana.
            Jackie pasó al interior del local.
            -Vale, empieza a largar – dijo Liam.
            -Necesito toda la información que tengas sobre Versailles y su último trabajo.
            Liam se echó a reír a carcajadas.
            -Mira, chico, de todas las gilipolleces que has venido a preguntarme, esa es la más estúpida de todas. ¡Je! Trabajo… ¡Ni que ese hijo de puta trabajara!
            -Ya sabes lo que quiero decir, Liam… La última vez que fue visto.
            -Oye, chaval… Si estás pensando en que esa mierda de pandilla de maderos de pacotilla va a poder hacer algo contra ese franchute amariconado, vas listo.
            -De modo que algo sabes – inquirió Jackie.
            -Eh, yo no he dicho eso.
            -Entre líneas.
            -Yo no he dicho…
            Jackie miró a Liam con severidad.
            -¿Sabes quién puede hacer que se presente una inspección de Sanidad en este antro si no le das la información que quiere? – dijo Jackie.
            -Eh… ¿tú?
            -No. La inspectora Monique Auxile, que es para quien yo trabajo.
            Liam le miró con una expresión un tanto extraña. Definitivamente, Jackie tenía que aprender a hacer mejores amenazas en el futuro.
            -Vale, tío, vale… – dijo Liam –. Yo no sé nada, ¿de acuerdo? Pero conozco a un tipo que pudo haber oído algo de pasada, anoche cuando estábamos a punto de cerrar…
            -Oye, no empieces con esa mierda de “conozco a un tipo” y “me falla la memoria”, ¿vale? No tengo tiempo para esa mierda del soplón de cine negro. Ve al grano.
            -De acuerdo, tío. Mira, no tengo mucha información, pero alguien ha visto a Versailles con una cría en brazos.
            -¡Eso ya lo sé! ¿Qué más se rumorea?
            -Tío, sólo han pasado unas horas, es obvio que la información aún no ha calado. Esta noche habrá más donde escarbar, ¿eh?
            -Más te vale – dijo Jackie, dándose la vuelta para irse.
            -¡Eh! Como vea por aquí a algún inspector de Sanidad, te juro que lo utilizaré para llenar las copas de sangre de esta noche.
            -Descuida. Pero mañana quiero información útil.

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            Sunlight turned the blackness of the night into a grayish blue when the Sun started rising on the line of the horizon, but the grey clouds on the urban sky hid the breaking dawn. Vampires had closed their blinds and had gone to sleep, away from the sunlight.
            But in Versailles’ mansion nobody slept. The Vampire King taught his new apprentice the secrets of vampirism, everything that instinct hadn’t taught her in the moment she was ‘born again’.
            Versailles ranted and ranted non-stop about the positive things of vampirism above the human condition, about how vampires were superior to humans in every way. Abby wasn’t listening to the King. She was crying for her parents’ death. She didn’t ask to be transformed.
            “Ma petite chéri, you miss your parents, don’t you?” Versailles asked.
            Abby nodded yes.
            “I went through the same”, Versailles said. “My parents died when I was transformed. My master made me kill them with my own hands. I never recovered from that”.
            Versailles was lying, of course. He had killed his parents and siblings when they rejected sharing the gift of vampirism with him. They were weak, they didn’t deserve to live. But the truth was inconvenient at the time; Versailles wanted the girl to embrace her un-life as soon as possible, and by being harsh it wouldn’t get any easier. So, as hard as it was to him, he had to pretend that he had a heart.
            Le Roi des Vampires noticed fatigue in the face of the girl, and he had to admit he was tired too. It was 2 PM, very late for a vampire, and having a newborn vampire up so late wasn’t good.
            “Let’s have some rest, shall we?” Versailles said, smiling. “Tonight Lucille will go with you, I have business to attend”
            Abby nodded. She didn’t have any options, either.

            Lucille King slept in her dorm when Versailles showed up at the door. He had taken the kid to her room.
            “Louis, it’s 2 PM, whaddya doin’ up so late?” Lucille asked.
            “Tais-toi, putain”, Versailles said. “Tonight you shall take my new apprentice hunting with you. And beware of teaching her anything you did on your previous whore life or you will end up like the others”
            “Don’t worry, I ain’t makin’ a bitch out of your baby”, Lucille said, with disrespect.
            Versailles came closer to her and slapped her so hard she fell to the ground.
            “Don’t you speak to me with such insolence, you slut!” Versailles exclaimed.
            Lucille stared at her husband/creator from the floor, with pain in her glare.
            “You are nothing but a filthy whore just like that who gave you birth! I wonder why I wasted my blood in creating such an unworthy being as you”
            Two massive tears rolled over Lucille’s face. The words hurt her worse than all the hits.
            “Tonight you will take Abigail hunting with you, and I want no excuses”, Versailles said. “I am having a friend for dinner”
            “Yes, master”, Lucille said, her voice broken.
            “And go to sleep. I don’t want you to have a bad face tonight, or you will look like a junkie hooker, just like the one you were before I gave you this life. You should be grateful to me, you filthy bitch”
            The King shut the door with a bang that sounded all along the corridor, and Lucille broke into tears, tired and humiliated, while her husband/master/creator went away toward his dorm, where he had the coffin in which he slept.

            Jackie was around Hell’s Kitchen club, in Quentin Street. The club was closed at 3 PM, but he had an urge to see Liam.
            Liam O’Ronan was the owner of Hell’s Kitchen club. He was an Irish Type 2 vampire with a great sense of business: he created a club just for creatures. Whether you were a vampire, a mage, a witch, a lycan, a nymph or another kind of beast, if you were not human you were welcome in Hell’s Kitchen club. They promised good music, quality drinks for every creature and, above everything, a point of meeting.
            Jackie knocked on the door twice.
            “Liam, open the door…” Jackie said, in a tired voice.
            Liam opened the door quite harshly, revealing behind the door his almost morbidly obese figure. The sunlight never entered the back door; it was always in the shadows, which had a strategic point – it helped get the goods at any time.
            “You got me out of bed, boy-o”, Liam said, with his distinctive drunken trucker voice. “Do ya even know what time is it?”
            “Three in the afternoon, exactly”
            “That’s right; do ya think it’s a proper time?”
            “No, but I don’t sleep”
            Liam and Jackie looked at each other for several seconds.
            “It’d better be important”, Liam said, reluctantly letting him in.
            Jackie stepped into the tavern.
            “Alright, start talkin’”, Liam said.
            “I need all the information that you have about Versailles and his last job”
            Liam broke into laugh.
            “Look, boy-o, of all the bullshit you’ve asked me, that question is the most stupid! Ha! Job… It’s not like that sonuvabitch has a job!”
            “You know what I mean, Liam… The last time someone has seen him”
            “See, boy-o, if you’re thinkin’ that your brigade of pussies is gonna do somethin’ against that French faggot, you’re not so smart”
            “So you do know something”, Jackie inquired.
            “I didn’t say that”
            “But you meant it”
            “I didn’t say…”
            Jackie stared at Liam.
            “Do you know who can make appear a Health inspector here if you don’t talk now?” Jackie said.
            “Um… You?”
            “No. Detective Monique Auxile, who I work with”
            Liam looked at him strangely. Definitely, Jackie needed to learn to make better threats in the future.
            “Alright, boy, alright”, Liam said. “I don’t know jack, right? But I know this bloke that might have… overheard somethin’ when we were about to close…”
            “Would you please cut that ‘I know some guy’ and ‘I don’t quite remember’ shit out? I don’t have time for your film noir informant bullshit, just say the damn thing!”
            “All right, boy. Look, I don’t have much information now, but someone has seen Versailles with a kiddie girl in his arms”
            “I already know that! What else do you know?”
            “It’s only been a few hours, man, it’s obvious that the thing isn’t quite out there, get it? Tonight will be more to dig into”
            “You’d better be right”, Jackie said, turning around to go.
            “Hey! If I see any Health inspector around, I swear I’ll use his blood to fill my cups tonight!”
            “Don’t worry, just get me some info that I could use!”

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viernes, 1 de junio de 2012

V.S.: Niños de la tumba // Children of the grave (5)

¡Uno de junio! ¡Sí!
Por algún motivo esta noche no podía dormir, así que pasé mis horas de insomnio traduciendo esto hasta que me quedé dormido. Por eso he actualizado tan rápido.
De este capítulo, personalmente me gusta mucho la última parte. Soy un gran defensor del diálogo como una manera rápida y efectiva de avanzar en la historia, y en este capítulo hay una muestra de buen diálogo que además nos expone un poco más cómo son los personajes. A mí me gusta, y espero que a vosotros tambien os guste.
Ah, por cierto... En este capítulo hago referencia a algunos personajes creados por Bram Stoker para su novela "Drácula" (más concretamente, a Dracula y a Abraham Van Helsing). Para aclarar las cosas: En mi universo, Dracula existió, pero es MI versión de Dracula, y difiere bastante de la historia de Bram Stoker. Así que los que seáis fans de Drácula (como yo), no me odiéis por esto. Es una simple licencia creativa.
Dicho esto, ¡disfrutad!

First of June! YAY!
For some reason I couldn't sleep tonight, so I spent my hours of "insomnia" translating this until I fell asleep. That's why I've updated so fast!
In this chapter, I personally like a lot the last part. I'm a huge defender of dialogue as a way to move forward in a story and do it fast, and in this chapter there's a little of great dialogue that also gives you a little more insight about the characters. I like it, and I hope you like it too!
Oh... by the way, in this chapter I make several references to some characters created by Bram Stoker for "Dracula" (more specifically, Count Dracula and Abraham Van Helsing). Just to make it clear: In my universe, Dracula existed, but it's MY own version of Dracula, and it differs greatly from Bram Stoker's story arc. So if you're a Dracula fan (just like me), please don't hate me for this! It's a little creative licence.
That being said, enjoy!

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            -Disculpe, ¿puedo entrar?
            Carl Hudson se volvió hacia la puerta. Allí, en el marco, había un hombre muy extraño, vestido con ropas antiguas y una piel extremadamente pálida.
            -Me llamo Lou, soy el tío de Abby. ¿Puedo pasar?
            -Eh… Por supuesto, pase.
            El desconocido aceptó la invitación y entró, bajo la extraña mirada del doctor.
            -Lamento mi apariencia; estaba en una fiesta de disfraces y he venido corriendo en cuanto me he enterado de lo sucedido. No he tenido tiempo de cambiarme. ¿Cómo se encuentra la pequeña?
            En ese momento el doctor Peck entraba por la puerta buscando a Hudson.
            -Doctor Hudson, ¿ha visto…? ¡Vaya! ¿Quién es usted?
            -Es un tío de Abby. Dice que estaba en una fiesta de disfraces cuando se enteró de lo sucedido.
            Peck asintió con escepticismo. La cara de ese extraño individuo le resultaba extrañamente familiar, pero no sabía dónde le había visto antes.
            -Entiendo. Mucho gusto, y perdone mi reacción.
            -No pasa nada; en su lugar yo hubiera hecho lo mismo.
            -Doctor Hudson, ¿ha visto a los policías? Les he visto entrar hace unos diez minutos a toda pastilla y no les encuentro.
            -No; ni siquiera sabía que habían vuelto.
            -Pensé que querían hablar con usted…
            -Perdonen que me entrometa – dijo el desconocido –. ¿Eran dos hombres y una mujer, por casualidad?
            -Sí, ¿les ha visto? – dijo Peck.
            -Se iban cuando yo venía, no parecían estar muy…
            En ese momento, Versailles lanzó un puñetazo con cada mano a la cara de los dos médicos, tal y como había hecho con los policías. Hudson y Peck cayeron al suelo, inconscientes, y Versailles les arrastró hacia el armario de mantenimiento, donde los policías seguían inconscientes.
            Con una sonrisa de oreja a oreja, volvió a la habitación, donde la pequeña seguía sedada. Lo había logrado.
            Arrancó los cables y las vías que tenía la pequeña y la tomó en brazos. Rompió de una patada el cristal de la ventana y se lanzó al vacío, en la oscuridad de la noche. Faltaba una hora y media para el amanecer.

            Tyler llegaba al hospital dos minutos después. Sabía que había llegado tarde. Había visto a Versailles de camino a su mansión, con la niña en brazos. No servía de nada perseguirle: él era más rápido, y el acceso a su mansión era imposible en cualquier vehículo.
            Sin embargo, Tyler aún estaba a tiempo de hacer algo. Fue directo al armario de mantenimiento donde estaban escondidos los cinco cuerpos inconscientes. Tyler los liberó a todos. Los primeros en despertar fueron los policías. Cuando los médicos despertaron, éstos ya se habían ido.
            De camino al Land Rover de Wolff, Tyler habló.
            -Inspectora, Versailles se ha llevado a la muchacha.
            -Bastardo hijo de perra…
            -No se culpe, usted y sus compañeros estaban encerrados en un armario, inconscientes. No hubieran podido hacer nada.
            -¿Y aún podemos hacer algo?
            -Lo siento, pero me temo que por la muchacha ya no se puede hacer nada.
            Monique sintió una bola de rabia crecer en su interior junto con un nudo en su garganta.
            -Oiga, lo siento de ve…
            Ajena a sus actos, la inspectora golpeó a Tyler en la cara con todas sus fuerzas, haciéndole trastabillar.
            -¡Cabrón! – gritó Monique –. ¡Usted sí pudo hacer algo por ayudarla, maldito psicópata!
            Wolff sujetó a su compañera mientras Tyler recuperaba el equilibrio y comprobó que le sangraba el labio.
            -Monique, cálmate – decía Wolff, forcejeando.
            -Si hubiera podido hacer algo lo hubiera hecho – dijo Tyler, con calma –. No hay manera de llegar a la mansión de Versailles más rápido que él.
            Tyler esperó un poco hasta que Monique se cansó de forcejear.
            -No hay nada que se pueda hacer para salvar el alma de la niña, y con el corazón en la mano le repito que lo siento mucho. Pero aún hay una cosa que sí podemos hacer.
            -¿Qué está maquinando ahora? – preguntó Wolff.
            Tyler les ofreció su sonrisa de hiena.
            -Matar a Versailles, por supuesto.

            Versailles miró a su presa una vez más. Allí, postrada sobre el altar pagano, donde la fría piedra erizaba su piel, yacía el cuerpo, aún con vida, de Abigail Harris. Como a todas sus presas, la había encadenado al altar. Sus delicadas manitas parecían a punto de deslizarse fuera de los grilletes. Pero, a diferencia de las otras presas, Versailles no quería utilizar el látigo, ni la espada, ni nada que pudiera estropear la cándida belleza infantil de la muchachita.
            El vampiro se acercó a la niña y besó con suavidad su cuello. En la actualidad sólo unos pocos conocen el secreto de cómo morder sin que la propia víctima se percate. El Rey Vampiro hundió con delicadeza los dientes en la piel de la chiquilla, y comenzó a beber su sangre, saboreándola poco a poco y deleitándose con su esencia. Mientras tanto, cogió la copa de cristal que tenía a su lado, que había llenado de sangre negra procedente de sus propias venas hacía pocos minutos.
            El sabor de la sangre de una doncella virgen era la más dulce para el Rey. Adoraba ver cómo la vida de la hermosa señorita desaparecía lentamente de su cuerpo, junto con el color de su piel y la sangre de sus venas.
            Con cuidado de no derramar ni una gota, Versailles succionó los últimos retales de sangre que quedaban en las venas de la pequeña, y antes de que fuera demasiado tarde, vertió algunas gotas de sangre negra en los labios de la muchacha. Le hizo tragar toda la copa.
            No parecía funcionar.
            Pero de pronto abrió los ojos.
            Unos ojos rojos, penetrantes.
            Y el rey se sintió feliz.

            -No estará usted hablando en serio – dijo Wolff.
            -Al ciento por ciento – replicó Tyler.
            -Oiga, ese tío lleva más de doscientos años matando gente; ¿de verdad piensa que podrá vencerle, cuando nadie más lo ha conseguido?
            -Drácula mató durante más de cuatrocientos años, y era mucho más poderoso. Abraham Van Helsing fue capaz de hundirle una estaca en el pecho y cortarle la cabeza, él solo, siendo un anciano con problemas de salud. Usted no pasa de los cuarenta, se mantiene en forma, y además es un licántropo inteligente.
            -Y a Van Helsing le arrastraron al Infierno en vida, días más tarde, en castigo por lo que hizo – añadió Monique.
            -Lucifer ha cambiado de parecer desde entonces, créame – dijo Tyler.
            -Espere, ¿insinúa que lo haga yo? – dijo Wolff.
            -¿No quería hacer algo? Pues ya tiene algo que hacer. La luna llena será en diez días.
            -¿Y por qué no lo intenta usted?
            -¿Qué le hace suponer que no lo voy a intentar?
            -Doscientos pavos a que no lo consigue.
            -Vaya, ¿quiere apostar?
            -¡Por supuesto que no! Sería un suicidio.
            -Acaba de desafiarme.
            -Era una forma de hablar…
            -Hagamos esto: usted se lo carga, y yo le doy diez mil dólares. Le mato yo, y ustedes no vuelven a llamar a mi puerta.
            -¿Qué clase de apuesta es esa? – preguntó Monique.
            -Una en la que ustedes no tienen nada que perder – dijo Tyler.
            -No sea estúpido, Tyler. Es muy improbable que ninguno de nosotros consiga llegar hasta ese tío, y mucho menos matarlo – dijo Wolff.
            -Si ninguno de los dos gana, ¿qué pasará? – preguntó Monique.
            -Supongo que nada; las cosas seguirán como hasta ahora – dijo Tyler.
            -Y si usted pierde…
            -Ustedes son diez mil pavos más ricos.
            -Y seguimos teniendo el derecho de llamar a su puerta, ¿verdad?
            -Y yo no me opondría a responder a sus preguntas.
            -Trato hecho, pues.
            Wolff le dirigió una mirada incrédula a su compañera.
            -Monique, ¿qué dices?
            -Y además pongo doscientos pavos más sobre la mesa – añadió Monique.
            -Si insiste… – dijo Tyler.
            -Monique, te recuerdo que el que se está jugando la vida soy yo…
            -Trato hecho – dijo Monique, ignorando a Wolff –. Veremos en la próxima luna llena quién canta victoria.
            -Muy bien, agentes; hasta entonces, tengo trabajo que hacer. Con su permiso, me retiro – dijo Tyler.
            El cazador se alejó a todo correr. Monique estaba decidida a ganar como fuera. Wolff, en cambio, seguía sin creer que su compañera hubiera hecho la apuesta por él. Y, por último, Jackie estaba más que feliz por el hecho de haber estado a escasos metros de distancia de Tyler D y seguir conservando la cabeza sobre los hombros.

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            “Excuse me, may I come in?”
            Carl Hudson turned to the door. In the doorway stood a strange man with extremely pale skin and antique clothes.
            “My name is Lou, I’m Abby’s uncle. May I come in?”
            “Uh… Sure, yeah, come in”
            The stranger accepted the invitation and entered the room under the doctor’s strange look.
            “Excuse my looks; I was in a costume party and I’ve came here as soon as I knew what happened, so I didn’t have time to change. How’s the girl?”
            In that moment, Doctor Peck came in, looking for Hudson.
            “Doctor Hudson, have you seen…? Whoa! Who are you?”
            “He’s Abby’s uncle. He says he was in a costume party when he knew what happened”
            Peck nodded skeptically. The strange man’s face looked oddly familiar to him, but he didn’t quite remember where he had seen him before.
            “I see. Pleased to meet you, and excuse my reaction earlier”
            “Never mind, I would’ve done the same if I were you”
            “Doctor Hudson, have you seen the officers? I’ve seen them coming in ten minutes ago, in a hurry, and I can’t find them”
            “No, I didn’t even know they were back”
            “I thought they wanted to talk to you…”
            “Excuse me”, the stranger said. “Were they two men and a woman, by any chance?”
            “Yes, have you seen them, sir?” Peck asked.
            “I’ve seen them leaving, they didn’t seem very…”
            Just in that moment, Versailles punched the doctors hard in the face with both his fists, just like he did with the cops. Hudson and Peck fell to the floor, unconscious, and Versailles dragged them to the cleaning supplies room, where the officers were still unconscious.
            With a broad smile on his face, he went back to the dorm, where the girl was still sleeping, sedated. He had made it.
            He pulled out the cables and tubes that were attached to the kid and took her in his arms. He kicked the window, breaking it, and jumped, disappearing in the shadows of the night. An hour and a half left till dawn.

            Tyler arrived to the hospital two minutes later. He knew he was late. He had seen Versailles going back to his mansion with the girl in his arms. It was no use to chase him; he was faster, and access to his mansion was impossible in nearly every vehicle.
            However, Tyler was still on time to do something else. He went straight to the supplies room, where five unconscious bodies were hidden. Tyler freed them all. The cops were first to wake up. By the time the doctors woke up, the others were already gone.
            In their way to Wolff’s Land Rover, Tyler spoke.
            “Detective Auxile, Versailles has taken the girl”
            “Son of a bitch…” Monique said.
            “Don’t blame yourself. Your partners and you were unconscious and locked in a room, you couldn’t have done anything”
            “Can we still do something?”
            “I’m sorry, but I’m afraid we can’t do anything else for the child”
            Monique felt a fireball of rage growing inside her as well as a knot in her throat.
            “Listen, I’m really…”
            Unable to control herself, the detective punched Tyler in the face with all her might, making him lose his balance.
            “¡Cabrón!” Monique yelled. “You could’ve done anything to help her, you fucking psycho maniac!”
            Wolff held his partner back, while Tyler regained his balance. Tyler checked and found his lower lip was bleeding.
            “Monique, calm down!” Wolff said, struggling with her.
            “If I could’ve done something, I would!” Tyler said, calmly. “There’s no way in hell we can reach Versailles’ mansion before him!”
            Tyler waited until Monique got tired of struggling.
            “There’s nothing we can do to save that kid’s soul, and I mean it when I say I’m sorry. But there is one more thing we can do”
            “What the heck are you suggesting now?” Wolff asked.
            Tyler gave them his hyena-grin.
            “Why, kill Versailles, of course!”

            Versailles looked at his game once more. There, on the pagan altar, where the cold stone made her skin stand, lay the still alive body of Abigail Harris. Just like every other game, he had chained her to the altar. Her delicate little hands seemed to be about to slip out of the cuffs. But, unlike every other game, Versailles didn’t want to use the whip, or the sword, or anything that could damage her candid childish beauty.
            The vampire got closer to the girl, and softly kissed her neck. Nowadays only a few know the secret of how to bite without the victim even noticing it. The Vampire King delicately pressed his teeth against the kid’s skin, and started drinking her blood, tasting it and enjoying the flavor. Meanwhile, he took the cup he had beside him, which he had filled with dark blood from his own veins a few minutes before.
            Trying not to spill a single drop, Versailles sucked the last drops of blood in the veins of the girl, and before it was too late, he let a few drops of dark blood fall on the girl’s lips. Then he forced her to drink the whole glass.
            It didn’t seem to work.
            But then she opened her eyes.
            Red, penetrating eyes.
            And the King felt happy.

            “You ain’t serious, are you?” Wolff said.
            “One hundred per cent”, Tyler replied.
            “Listen, that guy has been killin’ people for more than two hundred years. Do you really think you’re gonna be able to defeat him, when nobody else could?”
            “Dracula killed for more than four hundred years, and was way more powerful. Abraham Van Helsing was able to stab him with a stake and cut his head off, all by himself, being an old man with health problems. You’re not older than forty, you keep yourself in shape and, also, you’re a sentient werewolf”
            “And Van Helsing was dragged to Hell alive in punishment for what he did, days after”, Monique added.
            “Lucifer has changed his mind since, believe me”, Tyler said.
            “Wait a minute, are you suggesting that I do it?” Wolff said.
            “Didn’t you want to do something? There you got it. Full moon is in ten days”
            “Why don’t you try it?”
            “What makes you think I’m not going to?”
            “I got two hundred bucks says you won’t do it”
            “Wanna bet?”
            “Of course not! It’d be suicide!”
            “You just dared me”
            “I didn’t intend it to sound that way…”
            “Let’s do something: you kill him, I give you ten thousand dollars. I kill him, you guys don’t knock on my door again”
            “What kind of bet is that?” Monique asked.
            “A bet in which you have nothing to lose”, Tyler said.
            “Don’t be stupid, Tyler. It’s highly unlikely that any of us could even reach that guy – let alone kill him!” Wolff said.
            “If none of you win, what happens?” Monique asked.
            “I guess we call it even and things just keep going the way they do now”, Tyler said.
            “And if you lose…”
            “You’ll be ten thousand bucks richer”
            “And we still have the right to knock on your door, right?”
            “And I would answer all of your questions”
            “Alright, I accept the bet”
            Wolff stared at his partner with a terrified look on his face.
            “Monique, what are you doing?”
            “And I double the stakes: two hundred bucks more”, Monique added.
            “If you insist…” Tyler replied.
            “Monique, I’d like you to remember that I’m the one that’s risking his life…”
            “Deal”, Monique said, ignoring Wolff. “On the next full moon, let’s see who the winner is”
            “Alright, officers; until that day I have business to attend. Now, with your permission, I’m leaving”, Tyler said.
            The hunter went away running as fast as he could. Monique was all in and wanted to win the bet. Wolff, however, still couldn’t believe that his partner had made a bet about him. And, at last, Jackie was happier than ever: he had been a few meters away from Tyler D and his head was still attached to his body.

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En este punto, anuncio que la historia que estoy escribiendo ahora, "Juegos de niños", protagonizada por Abby Harris, ha dejado de ser un "spoiler" para esta historia.

At this point, the story I'm writing now - "Kids will be kids", which "stars" Abby Harris - is not a spoiler to this one.

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