domingo, 28 de octubre de 2012

V.S.: "Niños de la tumba" // "Children of the grave" (14)

¡Perdón por el retraso en subir cosas nuevas!
Podría haberme justificado diciendo que estaba esperando a una fecha cercana a Halloween para subir cosas nuevas, pero no me gusta mentirle a mis lectores (salvo para contaros historias de ficción).
La universidad es algo que me quita muchísimo tiempo (y más que me debería quitar, segun me han dicho), y últimamente las cosas no me han ido del todo bien en lo que a creatividad respecta. Pero mirando el lado positivo, he conseguido trazar el argumento del tercer acto entero y estoy escribiendo ya las escenas que lo componen. Así que... A medida que vaya traduciendo todo el material nuevo que tengo, iré subiéndolo (no os espereis que sea muy a menudo).
Bueno, ya vale de introducción. ¡A leer!

Excuse my delay in updating!
I could excuse myself saying that I was waiting for a date near Halloween to update, but I don't like to tell lies to my readers (unless if they're fiction stories!).
University is something that sucks a lot of time (it should suck even more time than it does with me, according to what I've been told), and lately the things were not OK in the creativity plane. The bright side is, I've written the important plot points for the whole remaining third act and I'm writing the scenes of it. So... I'll update as I translate this new material (don't expect that to be often, however).
Enough with the intro. New chapter starts now!

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            El móvil de Carl Hudson tenía tres llamadas perdidas para cuando salió del quirófano y se preparaba para irse a casa. Era Starla. Mientras bajaba hasta el aparcamiento devolvió la llamada.
            -Hola, cariño – dijo Hudson –. Acabo de terminar una operación complicada, perdona que no te haya llamado antes. ¿Va todo bien?
            -Sí, yo estoy bien – respondió Starla –. Oye, ¿está Peck contigo?
            -No, se ha ido hace más de una hora. ¿Por qué?
            -Verás, es que le estaba esperando en su casa para comentarle algo en persona cuando llegara, y… Bueno, sigue sin llegar.
            A Hudson esto le extrañó bastante, ya que Peck vivía a veinte minutos del hospital. Y de haber visto que su hijita llevaba puesta lencería sexy al otro lado de la línea, también le habría extrañado qué tipo de cosas quería comentarle Starla a Peck en persona.
            -Bueno, cariño, no te preocupes – dijo Hudson –. Vuelve a casa, ¿de acuerdo? Ya es muy tarde.
            -De acuerdo – dijo Starla.
            -Si te quedas más tranquila, le llamaré al móvil, ¿vale? ¿Has cenado?
            -No, pero tampoco tengo hambre, hoy he comido bastante.
            -Como quieras, cariño. Nos vemos en casa. Te quiero.
            -Yo también te quiero, papá – dijo Starla, antes de colgar.
            Hudson se extrañó bastante. Conocía a Peck lo suficiente como para saber que, cuando acababa su turno, se iba directamente a casa a descansar. Hacía hora y cuarto que se había ido y aún no estaba en casa. Algo impropio de Peck.
            “Igual ha ido andando”, pensó Hudson. “O igual ha tenido que hacer alguna otra cosa antes…”
            Pero en cuanto vio el coche de Peck en el aparcamiento, exactamente en el mismo sitio donde lo había dejado al llegar, se dio cuenta de que quizá sus suposiciones eran erróneas.
            Hudson echó mano de su móvil rápidamente, y buscó en la agenda el número de David Peck. Llamó y esperó a oír los tonos, cada vez más preocupado.
            Y aún se preocupó más cuando oyó el politono de “School’s Out” en la otra punta del aparcamiento.
            Hudson siguió la cancioncilla del tono de llamada del móvil de Peck hasta que lo vio en el suelo, brillando, y cortó la llamada. Recogió el móvil, parándose un momento a pensar que el punto donde lo había encontrado quedaba lejos de la entrada principal y de su coche.
            “Algo le tuvo que traer hasta aquí”, pensó Hudson. “Pero, ¿qué?”
            No qué. Quién.

            -Ha hecho un excelente trabajito, monsieur de L’Êtat.
            -Oiga, si le he hecho este favor es porque usted es un emisario de Lucifer, a quien debo lealtad. Pero eso no le da derecho a otras cosas.
            -¿Se refiere a usar su nombre verdadero? Oh, le pido disculpas, Versailles. Se me ha olvidado. Bueno, puede dejar el cargamento en el suelo, yo mismo me encargaré de él. Usted ha cumplido su parte del trato.
            -¿Qué interés tiene este hombre para usted?
            -Un simple cabo suelto que hay que atar… ¡Vaya, hola, preciosidad! ¿Quieres un caramelo?
            -Soy una vampira, no puedo tomarlo… Pero gracias.
            -Está bien, tampoco tenía caramelos de todos modos. Bien, monsieur Versailles, puede irse y llevarse con usted a su preciosa niñita.
            -Bien sûr. Vámonos, Abigail, tenemos cosas que hacer.
            -…buenas noches, señor.
            -Buenas noches, bonita. Hasta la vista, monsieur.
            -Adieu.

            La peor parte de un plan maestro es tener que planearlo.
            Eso estaba más que claro para los tres miembros de la DAESU. Los inspectores Monique Auxile y Winston Wolff, y el detective Jackie Lamb, corrían a contrarreloj una carrera de obstáculos tales como la falta de información, el sueño y el tiempo que no paraba de correr. Dos noches para preparar un plan perfecto que funcionara como un reloj suizo, y cuyo resultado fuera la muerte del vampiro conocido como Versailles. Habían pasado varias horas y aún no salían de la fase de lluvia de ideas.
            Monique Auxile, a pesar de llevar Dios sabe cuántas noches sin dormir, era la que más energía desprendía. Jackie, que se veía obligado a trabajar en su noche libre, estaba luchando por no quedarse dormido, mientras que Winston Wolff se había levantado a hacer café.
            -Inspectora, sé que esto tiene una vital importancia, pero… Aunque sólo sea un rato, déjeme echarme a dormir.
            -Jackie, necesitamos que este plan esté listo para…
            Monique se interrumpió cuando sonó su móvil. Era la centralita de la comisaría.
            -Auxile al habla – dijo cuando respondió.
            -Tenemos un asesinato en Cronenberg Park – dijo la voz al otro extremo –. Un anónimo ha dado el aviso desde un teléfono público. El forense Matthews ya está de camino.
            -Voy enseguida – dijo, ocultando la resignación de su tono de voz, antes de colgar –. Jackie, hay trabajo oficial. Échate a dormir, Lobo y yo nos ocupamos, seguiremos mañana.
            -Gracias, inspectora – dijo Jackie, levantándose pesadamente y dirigiéndose al sofá.
            -¿Ni siquiera me vas a preguntar…?
            -Inspectora… Lo único que quiero ahora mismo es dormir – sentenció Jackie.
            Monique se puso el abrigo.
            -De acuerdo. Que duermas bien – dijo –. ¡Winston! ¡Hay curro! ¡Mueve el culo, conduces tú!

            David Peck estaba muerto.
            -¿Qué tenemos? – preguntó Monique al cruzar la banda policial.
            -David Gregory Peck, 33 años – dijo el forense.
            -¿Causa de la muerte? – dijo Wolff, quien todavía iba detrás de Monique.
            -Inspector Wolff, recuérdame otra vez cómo demonios te dieron el puesto – dijo Monique, con su habitual sarcasmo vitriólico.
            -Herida de flecha en la cabeza y el pecho… Lo cual resulta bastante obvio teniendo en cuenta que ni siquiera le han sacado las flechas – dijo el forense Matthews.
            -Espera un momento… Monique, conocemos a este tío – dijo Wolff.
            -Premio para el más rápido de la clase – dijo Monique, administrando otra dosis de su sarcástico humor –. Claro que le conocemos, es el médico que salvó la vida a Abby Harris.
            -¿Crees que ambos sucesos están relacionados? – preguntó Wolff.
            -Lobo, si lo único que vas a hacer aquí es verbalizar obviedades, mejor cierra la puta boca y acabamos antes.
            El forense y todos los agentes que estaban en la escena del crimen se miraron entre sí, divertidos por los dardos verbales de la inspectora, e hicieron infantiles gestos de “Hala, lo que ha dicho”.
            -Cuando acabéis vuestra regresión mental a la época en la que descubristeis la masturbación, ¿podemos continuar? – dijo Monique –. ¿Lo tiraron con un arco?
            -Yo diría que las flechas son demasiado cortas como para tiro con arco – dijo el forense Matthews –. Pero sí que podría tratarse de una ballesta.
            Monique miró a Wolff.
            -Tyler – dijo el inspector, una vez más verbalizando la obviedad.

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            Carl Hudson’s cell phone had three missed calls by the time he came out of the operating room and was preparing to go home. Those were from Starla. He returned the call when he was heading down to the parking lot.
            “Hey, honey”, Hudson said. “I just came out of a hard operation; sorry I didn’t call you back earlier. Is everything OK?”
            “Yeah, I’m OK”, Starla replied. “Hey, dad, is Doctor Peck with you?”
            “No, he left more than an hour ago. Why?”
            “See, I’ve been waiting for him at his place to tell him something and… Well, he hasn’t arrived yet”
            Hudson was surprised at this, since Peck lived only twenty minutes away from the hospital. And if he had seen that his daughter was wearing only sexy lingerie on the other side of the line, he would have been even more surprised about the things Starla wanted to tell Peck.
            “Well, honey, don’t worry”, Hudson said. “Go home, OK? It’s quite late already”
            “Alright”, Starla said.
            “I’ll call him to his cell phone, so that you don’t worry. You had dinner already?”
            “Nope, but I ain’t hungry anyway, I had too much to eat at lunch today”
            “OK, sweetie. See ya home. I love you”
            “Love you too, dad”, Starla said as she hung up.
            Hudson was quite surprised. He knew Peck good enough to know that he went home to rest as he finished his shift. It had been an hour and fifteen minutes since he had left and he wasn’t home yet, which was something unusual in Peck.
            Maybe he went home walking, Hudson thought. Or maybe he had something else to do before heading home…
            But as soon as he saw Peck’s car exactly where he left it that morning in the parking lot, he realized his suppositions were wrong.
            Hudson quickly grabbed his cell phone and searched in his speed-dial list for David Peck’s number. He pressed “Call” and waited for the dial tones to sound, worried.
            And he got even more worried when he heard the “School’s out” ring tone at the other side of the parking lot.
            Hudson followed the tune of Peck’s ring tone until he saw his phone on the floor, and he ended the call. He took up the phone, taking a moment to realize that the place where he found it was quite far from both the main entrance and his car.
            Something bad had to bring him here, Hudson thought. But what?
            Not what. Who.

            “You’ve done an excellent work, monsieur de L’Êtat”
            “Listen, I have done this favor to you only because you are a Lucifer messenger, and I owe loyalty to Lucifer. But that does not give you the right to do other things”
            “You mean using your real name? Oh, I beg your pardon, Versailles, I forgot that. OK, you can leave the cargo on the floor, I’ll take care of it myself. You’ve done your part of the deal”
            “Why are you so interested in this man?”
            “Just a loose end I have to tie… Well, hello, precious! Do you want some candy?”
            “I’m a vampire, I can’t have it… But thanks anyhow”
            “It’s OK, I didn’t have candy anyway. Alright, monsieur Versailles, you can leave and take your pretty little girl with you”
            Bien sûr. Come on, Abigail, we have things to do”
            “…good night, sir”
            “Good night, beautiful. See you soon, monsieur
            Adieu

            Worst part of a master plan: to plan it.
            That was crystal clear for the three USPAD members. Detectives Monique Auxile, Winston Wolff and Jackie Lamb ran against the clock, with obstacles such as lack of information, sleep deprivation and time itself. Two nights to prepare the perfect plan, a plan that had to work like a Swiss clock, and which ending was to be the death of the vampire known as Versailles. Several hours had passed, and they hadn’t gone past the brainstorming phase.
            Monique Auxile was the one with most energy, despite the fact that she hadn’t slept for God knows how many nights. Jackie, who was forced to work in his free night, was struggling not to fall asleep, while Winston Wolff was up making coffee.
            “Detective Auxile, I know this is a matter of life or death, but… Just for a while, let me get some sleep, please”
            “Jackie, we need to prepare this plan to…”
            Monique was interrupted by an incoming call in her cell phone. It was the precinct number.
            “Auxile”, she said.
            “Detective, we have a murder in Cronenberg Park”, the voice at the other side of the line said. “An anonymous informant called from a public phone. Coroner Matthews is on his way”
            “Coming”, she said, trying to disguise the annoyance in her voice, before ending the call. “Jackie, we have official work. Go to sleep, the Wolf and I will handle this. We’ll continue tomorrow”
            “Thank you”, Jackie said, getting up tiredly and dragging himself to the couch.
            “Ain’t you gonna ask me…?”
            “With all due respect… Right now I just care about sleeping some”, Jackie said.
            Monique put her coat on.
            “Alright, sleep tight”, she said. “Winston! Got work! Move your ass, you drive!”

            David Peck was dead.
            “What do we have here?” Monique asked as she crossed the police line.
            “David Gregory Peck, 33”, the coroner said.
            “Cause of death?” Wolff asked, still behind Monique.
            “Detective Wolff, remind me how did you manage to get your job”, Monique said, with her trademark acid sarcasm.
            “Arrow wound to the head and chest… Which is kinda obvious given that the arrows are still in the body”, Matthews said.
            “Wait a minute… Monique, we know this guy”, Wolff said.
            “You were the smartest guy in school, weren’t you?” Monique said, again delivering a sample of her sarcastic humor. “Of course we know this guy; he’s the doctor who saved Abby Harris’ life”
            “You think both happenings are related?” Wolff asked.
            “Wolf, if you’re only here to state the obvious, you’d better shut the fuck up and we’ll get home sooner”
            The coroner and all the other officers around the crime scene looked at each other, amused by the detective’s bits, and made childish “OMFG what she just said” gestures.
            “Fellas, when you’re done with your mental regression to the age in which you discovered masturbation… could we please continue?” Monique said. “Were these arrows thrown with a bow?”
            “I’d say these arrows are too short to be thrown with a bow”, coroner Matthews said. “They’re more like crossbow bolts”
            Monique glared at Wolff.
            “Tyler”, Wolff said, once again stating the obvious.

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