jueves, 5 de diciembre de 2013

V.S.: Niños de la tumba // Children of the grave (21)

¡Ya era hora, Jack!
Lo siento por el retraso. Disfrutad del nuevo capítulo :)

About time, Jack!
Sorry about the delay, enjoy this new chapter :)

-----------------------------------------------------------------------------------

            Versailles saltaba ágilmente por los tejados de la ciudad, sin volver la cabeza ni un momento. En otras circunstancias, una sonrisa hubiera adornado su rostro, pues habría tenido una víctima en mente y un plan para segar su vida.
            Sin embargo, no había tal sonrisa. Porque no había tal víctima, ni tal plan. Sólo un licántropo persiguiéndole, corriendo incansablemente tras él para matarlo. Y nadie en su sano juicio sonreiría en esa situación. Ni siquiera Versailles.
            Sintiéndolo mucho, el Rey Vampiro se había deshecho de su espada, que le incomodaba para correr y saltar, restándole unas décimas de segundo de ventaja que podrían ser cruciales.
            Incluso corriendo a toda velocidad, el Rey Vampiro podía casi sentir el aliento mortal de Winston Wolff a sus espaldas. No necesitaba volverse y mirar atrás para ver que el enorme licántropo estaba pisándole los talones, corriendo a cuatro patas como un galgo persiguiendo a un conejo, gruñendo con placentero sadismo, esperando poder destrozarle entre sus fauces.
            Tras décadas de imponerse retos para no aburrirse, Versailles no recordaba cómo hacían los vampiros Tipo 1 para volar. Habían pasado casi ciento cincuenta años desde la última vez que voló, y desde entonces se había olvidado. Tampoco es que le entusiasmara la idea, pero incluso él mismo tenía que admitir que, con la muerte a un palmo de su espalda, era el momento de dejarse de tonterías y hacer todo lo que fuera para salvar la vida.
            Ensimismado en intentar recordar cómo se volaba, el Rey Vampiro saltó sin fijarse bien en lo que tenía delante.
            O mejor dicho, en lo que no tenía delante. El edificio sobre el que Versailles planeaba aterrizar había sido derribado esa misma mañana por problemas estructurales.
            El Rey Vampiro se vio a sí mismo precipitándose al vacío, y el pánico le invadió. No logró recordar cómo se volaba.
            -Merde! – gritó con todas sus fuerzas.
            Mientras caía, sin poder evitarlo, pudo oír a Winston Wolff, alias “El Perro de Van Helsing”, riéndose a carcajada limpia por el cambio de su suerte.

            Monique conducía a toda velocidad por las casi desiertas calles del centro urbano cuando vio pasar a Winston Wolff entre azotea y azotea por encima de su cabeza. Rápidamente pegó un volantazo y comenzó a seguir la persecución desde las calles, mirando hacia delante sólo lo necesario para no causar grandes daños. No quería perderlo de vista.
            Cuando llegó a una calle cortada a causa de un edificio recién demolido esa misma mañana, se dispuso a dar un rodeo, y pegó otro violento volantazo para coger una calle adyacente.
            Justo en ese momento, Jackie venía justo en dirección opuesta a la suya por la misma calle, también a toda velocidad, montado en el imponente Land Rover de Wolff.
            Ambos tuvieron la misma reacción: sobresaltarse y clavar los frenos. Ambos coches patinaron ruidosamente sobre el asfalto, y cuando finalmente se detuvieron, ambos vehículos estaban a sólo dos palmos el uno del otro.
            Se sucedieron tres segundos de tenso silencio y respiraciones agitadas.
            -¿A dónde crees que vas? – gritó Monique.
            -¡Estaba siguiendo al inspector Wolff! ¡Acabo de verle…!
            Entonces sonó un grito de terror. El inconfundible acento de Versailles.
            -¡Que se escapan! – dijo Monique.
            Pero la posición de sus vehículos no facilitaba en absoluto el movimiento. Uno frente al otro, sin margen para que uno pasara al lado del otro…
            Monique bufó, metió la marcha atrás y pisó el acelerador hasta quedarse a la altura de la calle paralela a la cortada, donde volvió a meter la directa y torció. El coche desapareció por la callejuela en un visto y no visto.
            Jackie dudó un instante antes de seguir a su compañera por las angostas callejuelas.

            El doctor Sward trabajó duro, pero consiguió hacer una modesta cura de las heridas de las dos vampiras.
            Lucille estaba sedada; tras extraerle las dos balas de plata del estómago, el doctor le había hecho un vendaje especial, y la había dormido para que pudiera aguantar el insufrible dolor.
            Abby, en cambio, seguía despierta, aunque algo aturdida. El doctor le había administrado una dosis de heroína muy pequeña, para que pudiera aguantar el dolor, pero había preferido no dormirla; su cuerpo era demasiado pequeño para aguantar bien una dosis entera.
            -Tengo que volver a la consulta – dijo Sward –. En la mesilla de Lucille he dejado un par de viales de heroína y unas jeringuillas junto con instrucciones muy precisas, por si necesitáis sedantes. ¿Entendido?
            -Cre... creo que sí – dijo Abby.
            -Ahora mismo estás demasiado aturdida para entender las instrucciones, así que úsalo cuando sea necesario, pero sólo cuando te sientas del todo lúcida. Se te pasará en unas tres o cuatro horas.
            Sward extrajo una tarjeta de su chaqueta.
            -El vendaje te debería durar hasta pasado mañana por la noche. Si se te cae o tienes algún otro problema, contacta conmigo; te dejo aquí mi teléfono personal.
            Abby asintió. Sward sacó un par de bolsas de sangre para transfusiones de su maletín.
            -Tómate eso, te vendrá bien – dijo –. Un consejo: por si acaso lo necesitas, te convendría tener algo de sangre de reserva en la nevera. Yo tengo que marcharme ya. Que os mejoréis, y cuidaos mucho.
            Dicho esto, Sward salió de la mansión. Abby mordió el plástico de la primera bolsa y bebió con ansia su contenido, saciando momentáneamente su apetito.
            Quizá fuera por el hambre, o por el aturdimiento inducido por las drogas que el médico le había dado, pero Abby no se dio cuenta de que, quizá, el doctor le había dado una clave para vivir sin matar.

            Versailles había dado con sus huesos en el suelo violentamente, y el dolor sacudía cada célula de su cuerpo. Sin embargo no era el golpe lo que le había molido los huesos (aunque le había quebrado unos pocos) ni había anulado sus poderes.
            Todo ello era consecuencia de haber aterrizado al pie de una iglesia.
            Tras el edificio derruido, había una modesta iglesia católica, no muy alta, con un pequeño terreno alrededor. Versailles lo sabía, pero siempre que tenía que pasar por allí, simplemente daba un rodeo. Pero esta vez le había fallado la concentración, y había caído de bruces en el recinto de alrededor del templo.
            Terreno santo.
            Al pisar terreno santo, Versailles, como cualquier vampiro, perdía sus poderes y se volvía muy débil.
            Wolff había bajado ya del edificio, y se había plantado frente al vampiro. En su rostro lobuno se podía ver dibujada una sonrisa cargada de sadismo. Wolff estaba disfrutando con lo que hacía; se sentía más poderoso que el más poderoso de los vampiros, el cual estaba frente a él sin poder levantarse del suelo.
            El lobo no dudó. Cogió al vampiro, se lo echó al hombro como si fuera un vulgar saco de patatas, y trepó como pudo la pared de la iglesia. Versailles intentó patalear, pero ni siquiera tenía fuerzas para eso, y se limitó a gimotear y sacudirse, autocompadeciéndose de su sufrimiento.
            Wolff llegó al tejado del templo, ayudándose de los ventanales y algunos ladrillos rotos o desgastados. La iglesia, de arquitectura contemporánea, tenía forma circular, por lo que el tejado era cónico, con una pendiente muy poco pronunciada. En el centro del tejado había una cruz de hierro forjado, de un metro de largo y totalmente maciza. De nuevo el rostro del lobo se iluminó con una malvada sonrisa.
            Wolff dejó caer el cuerpo del Rey Vampiro sin ceremonia alguna. El cuerpo de Versailles golpeó la superficie metálica, y el dolor hizo vibrar cada centímetro de su cuerpo. Su quejido lastimero quedó ahogado por la vibración de la enorme plancha de metal del tejado.
            Luchando por no perder el conocimiento, aunque sin fuerzas para moverse, el maltrecho Rey Vampiro no podía sino pensar en lo patético de su situación.

            Monique y Jackie llegaron a las puertas del templo con sus vehículos, habiendo sorteado el corte de tráfico con éxito, y contemplaron desde la calle el espectáculo que se sucedía en el tejado.
            -¿Qué coño está haciendo? – preguntó Monique.
            Jackie no respondió. Estaba demasiado absorto en observar lo que hacía su compañero, intentando averiguar qué iba a hacer a continuación. Sin embargo, tenía el presentimiento de que, fuera lo que fuera lo que tenía en mente, no era nada bueno.

            Wolff arrancó de cuajo la cruz de hierro que adornaba el centro del tejado, rompiendo el extremo inferior. Pesaba algo menos de veinte kilos, aproximadamente. La simple vista del símbolo cristiano hizo que el Rey Vampiro abriera mucho los ojos, aterrado, y comenzara a agitarse, tratando de moverse, sin éxito.
            -No... – alcanzó a decir –. Por favor... Eso no...
            Wolff soltó una sonora carcajada, y acto seguido dejó caer la cruz sobre el torso del vampiro. La intersección de ambas barras metálicas le golpeó con fuerza el estómago, dejándole sin aire un par de segundos. Versailles esperó a sentir su piel quemarse, el insoportable dolor...
            Pero eso no ocurrió.

            Tyler corría por las alcantarillas. Estaban vacías, totalmente desiertas, lo cual es normal durante la noche cerrada.
            En cierto modo, corría a ciegas. No tanto por la falta de luz en los túneles del sistema de alcantarillado, sino por no saber a ciencia cierta hacia dónde ir. Había cogido la alcantarilla porque era un camino más directo y menos concurrido que las calles. Sin embargo, había una razón adicional por la que había cogido esa vía.
            Los demonios.
            Los demonios no podían existir por sí mismos en la Tierra, ni tampoco crear un avatar humano a su imagen y semejanza como hacían los ángeles. No, los demonios necesitaban poseer un cuerpo humano para poder vagar por el mundo. Algunos de ellos vivían en los cuerpos durante años, pero debido a su naturaleza maligna no eran seres sociables, ni siquiera entre los miembros de su propia especie. Eran solitarios por naturaleza, y ni siquiera resistirían vivir en una casa humana; aquellos que vivían en cuerpos humanos durante periodos prolongados de tiempo (lo cual tampoco era muy común; el tiempo de posesión medio era de unas horas) se refugiaban en sitios oscuros y húmedos.
            Como las alcantarillas.
            Una ventaja de los demonios era que, por alguna razón, siempre sabían con exactitud dónde se encontraban otras criaturas infernales. El porqué de este poder escapaba al conocimiento del cazador de vampiros, aunque deducía que tenía algo que ver con una especie de mente-colmena (lo cual explicaba por qué los vampiros, híbridos de humano y demonio dotados de libre albedrío, no tenían este poder).
            Sea como fuere, esto no era tan importante para Tyler como el beneficio que obtenía de ello. Porque los demonios podían localizar a los vampiros, pero no a la inversa.
            No le costó mucho dar con uno. Los demonios que le habían cogido el gusto a eso de vagar por la Tierra se distinguían por una acusada falta de higiene que les hacía parecer zombis. Este, en concreto, vestía ropas andrajosas, tan rotas que prácticamente iba desnudo. Su piel estaba sucia e irritada, y tenía la mirada perdida. En resumen, daba auténtico asco.
            -¡Tú! – dijo Tyler.
            El demonio se lanzó sobre el cazador con un rugido, dispuesto a devorarlo.
            Tyler simplemente se apartó a un lado.
            El demonio cayó al suelo de bruces, y Tyler aprovechó para ponerle un pie sobre la espalda, manteniéndole en el suelo.
            -¿Sabes quién soy?
            El demonio rugió. Eso equivalía a un asentimiento.
            -Entonces sabrás que sólo te mataré si me das motivos para ello. ¿Lo intentamos otra vez de manera más civilizada?
            El demonio gruñó, aceptando a regañadientes. Aún así, el cazador no levantó el pie de su espalda.
            -Quiero que me digas dónde está el Rey Vampiro.

            Versailles logró soltar una risa asfixiada, al darse cuenta del fallo del plan de Wolff.
            La cruz que le acababa de echar encima no le quemaba la piel porque no estaba consagrada.

            Wolff vaciló durante unos instantes. Entonces volvió a coger la cruz, y acto seguido le golpeó con ella en el torso. Versailles se quejó, dolorido.

---------------------------------------------------------------------------------------------------

            Versailles jumped gracefully from one rooftop to another, without turning his head back even once. In other circumstances, a smile would be shining on his face, for he would have had a victim in mind and a plan to cut their life short.
            However, there was no such smile, because there was no such victim and no such plan. Only a huge werewolf chasing him, running after him non-stop to hunt him down. And no person in their right mind would smile in such a situation, not even Versailles.
            Feeling sorry about it, the Vampire King had gotten rid of his sword, which made it hard to jump and run, causing a few split seconds of delay that could be crucial.
            Even running as fast as he could, the Vampire King could feel the deadly breath of Winston Wolff on his back. He didn’t need to turn his head and look back to know that the huge werewolf was just behind him, running in all fours like a greyhound chasing a rabbit, growling in sadistic pleasure, expecting to dismember him under his claws.
            After decades of challenging himself to avoid boredom, Versailles couldn’t quite remember how Type Ones did to fly. It had been almost 150 years since the last time he flew, and he had forgotten since. Not that he was very fond of the idea, but even he had to admit that, with a certain death inches away from his back, it was time to drop the bullshit and do whatever he had to do to save his own life.
            The Vampire King was so focused on trying to remember how to fly, that he jumped without looking at what he had in front of him.
            Or, better, what he didn’t have. The building on which Versailles planned to land had been demolished that very morning due to structure problems.
            The Vampire King found himself falling, and panic took over him. He couldn’t remember how to fly.
            “Merde!” he yelled on top of his lungs.
            As he was falling with nothing to stop him, he could hear Winston Wolff, a.k.a. “the Hound of Van Helsing”, laughing like a madman because of the change of his luck.

            Monique drove as fast as she was able through the almost empty streets of the city, when she saw Winston Wolff jumping from rooftop to rooftop above her. She spun the steering wheel and started following the chase from the streets, looking straight ahead only the necessary not to cause an accident. She didn’t want to lose sight.
            When she reached a street that was closed to traffic because of a block that was demolished that very morning, she thought of another way around, and she spun the wheel to drive through another street.
            Just in that moment, Jackie was coming right in the opposite direction, also top speed, driving Wolff’s big Land Rover.
            They both had the same reaction: surprise and hit the brakes. Both cars noisily slipped on the ground, and when they finally stopped, both vehicles were just about ten inches apart.
            There were three seconds of a tense silence and heavy panting.
            “Where the fuck d’you think yer going?” Monique yelled.
            “I was following inspector Wolff! I just saw him…!”
            Then a horror scream was heard. It was the unmistakable accent of Versailles.
            “They’re running away!” Monique said.
            But the position of their vehicles didn’t permit an easy movement at all. One facing the other, without a space on the side to move along…
            Monique hissed. She put the reverse gear and hit the pedal until she reached a street parallel to the one closed, where she put it in D again and turned. The car disappeared by the street in a blink.
            Jackie flipped for a second before following his partner by these narrow streets.

            Doctor Sward worked hard, but he managed to cure the wounds of the two vampires.
            Lucille was sedated; after pulling out the two silver bullets from her belly, the doctor had bandaged her in a particular way, and he had put her to sleep for her to stand the unbearable pain.
            Abby, however, was still awake, albeit somewhat fuzzy. The doctor had given her a very small dose of heroin, so that she could stand the pain, but he had preferred not to sedate her completely; her body was too small to stand a full dose.
            “I have to go back to the clinic”, Sward said. “I’ve left a couple of heroin vials on Lucille’s night table, as well as some syringes and very specific instructions, in case you need sedatives again. Understood?”
            “I– I think so…” Abby said.
            “Right now you’re too dizzy to understand the instructions, so use it when necessary, but only when you feel completely lucid. It’ll wear off in three or four hours”
            Sward took a business card out of the pocket of his jacket.
            “The bandage should last until the night of the day after tomorrow. If it falls or you have any other problem, give me a call. Here’s my personal phone number”
            Abby nodded. Sward took a couple of blood bags for infusions out of his briefcase.
            “Drink this, it’ll do you good”, he said. “Some advice: for difficult times, you should have some extra blood in the fridge. I have to go now. Take care”
            That being said, Sward got out of the mansion. Abby bit the plastic of the first bag and anxiously drank the contents, temporarily quenching her hunger.
            Maybe it was because of the hunger, or maybe it was because of the drugs that the doctor had given to her, but Abby didn’t realize that maybe the doctor had given to her the vital clue to live without killing.

            Versailles had hit the floor violently, and pain shattered every cell in his body. However it wasn’t the fall what had shattered his bones (although it had broken some), or made him lose his powers.
            The reason was having landed beside a church.
            Behind the demolished building, there was a small Catholic church, not very high, with a little garden around it. Versailles knew about it, but every time he had to pass by, he simply took a way around it. But this time his concentration had failed him, and he had fallen straight onto the garden around the church.
            Holy ground.
            When in holy ground, Versailles, just like any other vampire, lost his powers and turned very weak.
            Wolff had gone down from the building already, and he was in front of the vampire. A sadistic smile could be seen on his face. Wolff was enjoying what he did, he felt more powerful than the most powerful vampire, who was in front of him, not even able to get on his feet.
            The wolf didn’t hesitate. He took the vampire on his shoulder like an empty sack and climbed the wall of the temple as best as he could. Versailles tried to fight it, but he didn’t even have the strength to do so, and he just whined and moved a little, complaining about his suffering.
            Wolff reached the roof of the church, with the help of the windows and some broken bricks. The temple, which had a modern design, was round, so the roof was conical, with a very smooth inclination. In the center of the roof was a cross made of wrought iron, three feet high and solid. Again the wolf’s face was enlightened with an evil grin.
            Wolff carelessly dropped the vampire. Versailles’ body hit the metallic surface, and the pain shattered every inch of his body. His whine was silenced by the vibrations of the metal roof.
            Struggling not to lose consciousness, with no strength to move, the battered Vampire King couldn’t think of anything other than his pathetic situation.

            Monique and Jackie reached the temple on their vehicles, having sorted out the traffic cut successfully, and watched from the street the events unfolding on the roof.
            “What da fuck is he doin’?” Monique asked.
            Jackie didn’t answer. He was too busy watching what his partner was doing, trying to figure out his next moves. However, he had the feeling that, whatever he was going to do, it wasn’t going to be good.

            Wolff broke off the iron cross that was on the center of the roof, breaking the lower end. It weighed a bit less than 45 pounds. Just the sight of the Christian symbol made the Vampire King open his eyes wide in panic and start to shake, unsuccessfully trying to move away.
            “No…” he managed to say. “Please… Not that…”
            Wolff laughed audibly, and then he dropped the cross onto the vampire’s torso. The intersection of both metal bars hit him hard in the stomach, leaving him breathless for a couple of seconds. Versailles expected to feel his skin burning, the unbearable pain…
            But that didn’t happen.

            Tyler was running through the sewer. They were empty, absolutely lonely, which is normal in the middle of the night.
            In certain way, he was running aimlessly. Not because of the lack of light in the tunnels, but rather because he didn’t exactly know where he was going to. He had taken the sewers because it was a clearer, straighter path than the streets. However, there was another reason why he had decided to go this way.
            Demons.
            Demons couldn’t exist by themselves on Earth, nor could they create an avatar that looked exactly like them, like angels did. No, demons needed to possess a human body in order to roam the Earth. Some of them lived in bodies for years, but due to their evil nature, demons weren’t social beings, not even among members of their same species. They were lonely by nature, and they wouldn’t even resist living in a human house. Those who lived in human bodies for long spans (which wasn’t very common anyway – average possession time was just a few hours) lived in dark, humid places.
            Like the sewers.
            One good thing about demons is that, for some reason, they always knew where other infernal creatures’ whereabouts. The reason of this power was something the vampire hunter didn’t know, but he thought it had something to do with some kind of collective consciousness – which could explain why vampires, hybrids of human and demon with free will, didn’t have this power.
            It didn’t take much to find one. Demons who liked roaming the Earth had a distinct lack of hygiene, which made them look like zombies. This one was dressed in ripped clothes which were so torn that he was practically naked. His skin was dirty and sore, and his eyes were focused nowhere. In one word, he was disgusting.
            “Hey!” Tyler yelled.
            The demon jumped towards the hunter, ready to devour him.
            Tyler simply stepped aside.
            The demon hit the floor face first, and Tyler put a foot on his back, making him stay down.
            “You know who I am?”
            The demon growled. That was a yes.
            “Then you know that I won’t kill you unless you give me a reason to do so. Should we try this in a more civilized way?”
            The demon grunted, reluctantly accepting. Yet the hunter didn’t remove his foot from his back.
            “I want you to tell me where the Vampire King is”

            Versailles managed to cough an asphyxiated laugh after he discovered the error in Wolff’s plan.
            The cross that he just dropped on him wasn’t burning his skin, because it wasn’t consecrated.
            Wolff hesitated for a few seconds. Then he took the cross again, and just after he hit him hard with it on the torso. Versailles shouted in pain.

----------------------------------------------------------------------------------------------


Licencia de Creative Commons
Vampire Society by Juan Rivera is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

martes, 30 de julio de 2013

V.S.: Niños de la tumba // Children of the grave (20)

Hola de nuevo, bienvenidos a mi humilde morada bloguera.
Desde que volví de vacaciones he estado ocupadísimo, algo raro en verano, pero así es, así que no he podido dedicarle mucho tiempo a la traducción y edición de mi relato, por no hablar de la escritura. Desde que terminé con NIÑOS DE LA TUMBA, he escrito bastante poco, aunque por otra parte he hablado con mis amigos escritores y eso me ha servido de mucha ayuda, y he aprendido un montón. ¡Gracias, tíos!
Así que os traigo otro episodio, y estamos ya en el climax dramático del relato. Queda muy poco para el esperado desenlace de este relato, así como el epílogo... En fin, no adelantemos acontecimientos, ¡disfrutad del relato!

Hi again, welcome to my humble blog site.
Since I've came back from vacation, I've been very busy, something unusual in Summer, but that's the way it is. So I've not been able to spend much time doing translation and edition of my story, and not to talk about writing new studd. Since I've finished CHILDREN OF THE GRAVE, I've written very little stuff. Although I've had chatter with my fellow writer friends and that was really helpful, and I've learned a lot. Thanks, guys!
So, now I bring you a new episode, and now we are in the dramatic climax of the story. There's less now for the awaited ending of this story, and the epilogue... Well, let's not look too forward. Enjoy the story!

-----------------------------------------------------------------------------------

            Monique y Jackie consiguieron alejarse de la marea humana que les arrastraba, y se dirigieron hacia el coche de Monique.
            -¿Sabes a dónde ha ido Lobo? – preguntó Monique.
            Jackie negó con la cabeza. Monique hizo un gesto de contrariedad y se puso a pensar a toda máquina.
            -De acuerdo… Nos dividiremos para buscarle. Esté donde esté, estará persiguiendo al objetivo, así que tú ve al oeste de la ciudad; yo iré al centro.
            -¿Por qué al oeste? – quiso saber Jackie.
            -Es la zona de la ciudad con menos iglesias; los vampiros tienden a huir hacia allí. Seguramente vayan por los tejados, así que en la medida de lo posible mira hacia arriba. Coge el coche de Winston, yo iré en el mío.
            -¿Con qué llaves? Wolff se las habrá llevado…
            -Lobo está en forma animal hoy, su cuerpo ocupa el doble de volumen que normalmente, así que ha tenido que vaciarse los bolsillos. Las llaves deben estar en la guantera, o en su defecto en el contacto. Ahora, ¡mueve ese culo canadiense y ve a por el coche!
            Jackie asintió. Monique se dirigió hacia su coche, y Jackie fue a por el Land Rover, que se hallaba aparcado al otro lado del recinto. Miró por la ventanilla hacia el interior, y vio que efectivamente las llaves del coche estaban en la guantera, que estaba abierta.
            Intentó abrir la puerta, pero estaba cerrada.
            -Mierda, condenado cierre automático de los…
            No tenía sentido avisar a Monique, que seguramente a esas alturas se encontraría de camino hacia el centro de la ciudad. De modo que no se lo pensó dos veces: haciendo uso de su fuerza vampírica, lanzó un puñetazo a la ventanilla, que se rompió en mil pedazos, haciendo saltar al instante la alarma antirrobo, que rasgó por la mitad el silencio de la noche.
            Jackie reprimió como pudo un grito de dolor, y contrajo el rostro en una mueca mientras reprimía todo tipo de juramentos y exclamaciones obscenas que el dolor de su mano motivaba. Aun aguantando, Jackie quitó el pestillo, abrió la puerta, barrió hacia fuera con el brazo los pedacitos de cristal que habían caído sobre el asiento, desconectó la alarma y procedió a hacerse un vendaje improvisado con su pañuelo. Tras sacudir la alfombrilla para quitar el resto de cristales rotos, y jurándose mentalmente que le pagaría con intereses la reparación a Wolff, Jackie arrancó el motor.
            Comenzaba la caza del vampiro.

            Carl Hudson colgó el teléfono tras una exasperante llamada a Emergencias. Necesitaban ayuda médica y la intervención de la Policía para investigar el asesinato de David Peck, pero debido a la incompetencia de la telefonista de Emergencias sólo consiguió que le enviaran una ambulancia, que ya estaba de camino.
            -Para esto pago yo mis impuestos, maldita sea… – se quejó Hudson.
            Starla seguía en shock. Hudson volvió a su lado, tratando de hacer que se calmara un poco. Ambos estaban agotados y confusos tras todo lo ocurrido, pero tenían que mantener la cabeza fría como pudieran.
            -Cielo… cielo, por favor, relájate – dijo Hudson –. Ahora mismo llamaremos a la Policía y ellos atraparán al asesino, ¿eh?
            -No hace falta – dijo una voz a sus espaldas.
            Hudson se volvió. Tras él había un hombre vestido de traje, con un maletín en la mano y una espeluznante sonrisa de tiburón de Wall Street.
            -Mi nombre es Wentworth Smith, aunque se me conoce bajo el nombre de Wordsmith – dijo el desconocido –. Soy abogado. Y le digo que no le conviene llamar a la Policía. Traerá muchos problemas que mejor que no cause.
            Hudson miró, perplejo, al desconocido.
            -Mi representado es muy poderoso. Es el mismo Diablo, se podría decir. Pero hoy he venido aquí por libre.
            -¿Qué…? – balbuceó Hudson.
            -Por favor, no me interrumpa, doctor Hudson – dijo el desconocido –. Sepa usted que su hija, el doctor Peck, la pequeña Abigail Harris y usted mismo son pequeñas piezas de un enorme rompecabezas. Pero no entraré en detalles; ni yo tengo tiempo para explicarlos, ni usted tiene la capacidad de entenderlos. Demonios, dudo que siquiera se los crea, ¿me equivoco?
            Hudson estaba tan confuso que no pudo ni siquiera negar con la cabeza.
            -Para ahorrar tiempo, sepa usted que he sido yo quien ha matado al doctor Peck, y a muchos otros para que esta historia llegue a este punto. Maldita sea, incluso me tomé la molestia de colocarle así, por simple efecto dramático. No me mire con esa cara; si supiera por qué lo he hecho me lo agradecería. Pero como ya le he dicho, no voy a perder el tiempo en explicarle los detalles. Sólo sepa que no puedo permitir que haga esa llamada a la Policía.
            El desconocido se metió la mano en el bolsillo de la chaqueta. Hudson estaba inmovilizado por la rabia, la confusión y el cansancio.
            -Verá, esta historia está escrita con la sangre de mucha gente…
            Un segundo más tarde, una bala de fragmentación atravesaba el cráneo de Carl Hudson, segando su vida al instante, y desparramando su sangre y fragmentos de su privilegiado cerebro por la pared de la biblioteca. Antes de que el cuerpo tocara el suelo, otra bala penetró en la cabeza de Starla, que ni siquiera había tenido tiempo de gritar al presenciar la escena, tiñendo de rojo el fragmento de pared que tenía detrás y abriendo un enorme agujero en su precioso rostro. Los charcos de sangre se expandían muy lentamente, mientras Wordsmith guardaba de nuevo su pistola en el bolsillo de su chaqueta. Dos cabos sueltos menos que atar.
            -…así que, ¿qué importan dos cuerpos más? – completó.

            No habían pasado ni diez minutos cuando Jonathan Sward hizo su aparición en la mansión Versailles con un maletín en la mano. No perdió el tiempo en examinar los cadáveres; cada vez que iba a la mansión Versailles encontraba al menos un par de ellos en distintos puntos del edificio, y además nunca le llamaban por eso.
            Subió directamente a las habitaciones. Abby estaba tirada en el pasillo, despeinada, con el maquillaje corriéndole por la cara como lágrimas negras. Tenía el móvil de Lucille en la mano, y le estaba indicando con gestos que se acercara.
            -¿Qué ha ocurrido? – preguntó Sward.
            -Nos han disparado – dijo Abby –. A mí en la pierna, a Lucille en el estómago.
            -¿Dónde está Lucille?
            Abby no necesitó siquiera señalar la habitación; los gritos de dolor de la propia Lucille le indicaron a Sward la habitación.
            -¿Hace cuánto que os han disparado? – preguntó Sward.
            -¡Y yo qué sé, ayúdela!
            -Niña, necesito saberlo, rápido.
            Abby hizo memoria.
            -Unos veinte minutos, quizá algo más…
            -Entonces no hay tiempo que perder. ¿Se os han quedado las balas dentro?
            -A mí no… A Lucille no lo sé.
            -Mierda… Espera aquí – dijo Sward, poniéndose algo más tenso –. Dios, que no sea muy tarde ya…
            Sward se levantó y se dirigió a la habitación con paso firme. Tenía poco tiempo.
            Lucille estaba tendida sobre la cama. El contacto de las balas de plata con sus entrañas la quemaba; de sus heridas salía un hilo de humo blanco, y entre grito y grito se podía oír el siseo de la carne al quemarse.
            -Lucille… Soy Jonathan, ¿me oyes? Voy a sacarte esas balas…
            Sward abrió su maletín y sacó una botella de agua, gasas y unas pinzas. Tras limpiar las heridas, introdujo las pinzas metálicas en uno de los orificios, y buscó a tientas la bala. Lucille, dolorida y asustada, gritaba sin parar. Tras un par de angustiosos minutos, logró extraerle la bala, y procedió a intentar sacarla otra, alojada en su vientre.
            Sward iba con un cuidado extremo, corriendo contra el reloj. Si tardaba más de la cuenta, llegaría un momento en el que Lucille no pudiera soportar más tiempo el contacto de la bala, y su carne prendería fuego. Solía pasar al cabo de una media hora.
            Abby miraba desde la puerta, impotente, cómo el médico trabajaba para extraerle las balas a Lucille. Ella ya había dejado de gritar, ya que estaba tan agotada que sólo tenía fuerzas para llorar.
            -La tengo – anunció Sward.
            Comenzó a sacar la bala muy despacio. Seguía recordando que el tiempo jugaba en su contra, pero si actuaba más deprisa de la cuenta podía perder la bala, y entonces las cosas sí que se complicarían…
            De pronto, la herida comenzó a arder, sobresaltando a Sward. Abby lanzó un grito de sorpresa; Lucille, uno de dolor.
            Sward no se lo pensó dos veces y sacó la bala de un tirón, antes de vaciar la botella de agua en la herida, extinguiendo el fuego.

            La había salvado.

------------------------------------------------------------------------------------

            Monique and Jackie managed to get away from the human avalanche that dragged them, and went toward Monique’s car.
            “Do ya know where did Wolf go?” Monique asked.
            Jackie shook his head no. Monique frowned and started to think fast.
            “OK, we’ll separate to look for him. Wherever he is, he’s chasin’ the target, so you go to the west side and I’ll head downtown”
            “Why the west side?” Jackie wanted to know.
            “It’s the part of the city with fewer churches; vampires tend to run that way. They’re probably runnin’ on top of the roofs, so look upwards as much as you can. Take Winston’s car, I’ll take mine”
            “With which keys? Wolff must have taken them…”
            “Wolf’s on werewolf form tonight, his body is twice the size than normally, so he had to empty his pockets. His keys must be either in the glove compartment, or in the contact. Now move your Canadian ass and go get the car!”
            Jackie nodded. Monique got her car and Jackie went toward the Land Rover, which was parked on the other side of the building. He looked inside through the window, and indeed he saw the keys in the glove compartment, which was open.
            He tried to open the door, but it was locked.
            “Damn, fucking automatic lock…”
            It made no sense to warn Monique, who would probably be heading downtown by then. So he didn’t think twice: using his vampiric strength, he threw a punch to the window, breaking it into pieces and triggering the alarm, which tore away the silence of the night.
            Jackie repressed a scream of pain as best as he could, and instead made a face of pain while repressing every kind of curses and rude exclamations motivated by the pain in his hand. Still getting a grip on himself, he unlocked the door, opened it, and cleared away the little pieces of window that fell onto the seat, disconnected the alarm and made himself an improvised bandage with his handkerchief. After clearing away the pieces of glass from the floor of the car, and swearing to himself that he would pay the repairing with a plus, Jackie turned on the car.
            The hunt for the vampire had started.

            Carl Hudson hung up his cell phone after an exhausting call to 911. They needed medical help and the intervention of the Police to investigate David Peck’s murder, but due to the incompetent phone attendant in the Emergency office, he only managed to get an ambulance, which was already on the way.
            “I pay my taxes for this, Goddammit…” Hudson complained.
            Starla was still in shock. Hudson returned to her side, trying to calm her down. They were both tired and confused after all the events, but they had to keep calm as best as they could.
            “Honey… Honey, calm down, please”, Hudson said. “Now we’ll call the Police and they’ll catch the killer, alright?”
            “There’s no need to”, a voice behind them said.
            Hudson turned around. Behind him was a man dressed in a suit, with a briefcase in his hand and a creepy Wall Street shark smile.
            “My name is Wentworth Smith, but I’m better known under the name of Wordsmith”, the stranger said. “I’m a lawyer. And I’m telling you, there’s no use in calling the Police. It’ll bring trouble, and you’d better not cause trouble”
            Hudson stared at the stranger, perplexed.
            “My client is a very powerful fellow. He’s the Devil himself, you could say. But I’m here on my own tonight”
            “Wha…?” Hudson mumbled.
            “Please, Doctor Hudson, don’t interrupt me”, the stranger said. “I want you to know that your daughter, Doctor Peck, little Abigail Harris and yourself are just tiny pieces in a huge puzzle. But I won’t get to the details; I don’t have the time to explain, and you don’t have the ability to understand. Heck, I’d bet you won’t even believe a word, am I right?”
            Hudson was so confused he couldn’t even shake his head no.
            “Long story short, I want you to know that I killed Doctor Peck, and a lot more people to bring the story to this very point. Heck, I even placed him there like that, just for dramatic purpose! Oh, don’t look at me like that; if you knew why I did this, you’d thank me. But, as I said earlier, I’m not going to waste my time in explaining the details to you. Just keep in mind I can’t let you call the Police”
            The stranger drove his hand into the pocket of his jacket. Hudson was paralyzed by rage, confusion and tiredness.
            “You see, this story’s written with the blood of many people…”
            A second later, an expanding bullet blasted through Carl Hudson’s skull, instantly killing him and splattering his blood and little pieces of his privileged brain all over the library wall. Before the body hit the floor, another bullet entered Starla’s head, not giving her even the time to scream at the sight, painting the wall behind her red and opening a big hole in her pretty face. The pools of blood expanded slowly, while Wordsmith kept his gun back in the pocket of his jacket. Two loose ends less to tie.
            “…so, two more corpses, what’s the matter?” he finished.

            Not ten minutes had passed when Jonathan Sward entered the Versailles mansion with a briefcase in his hand. He didn’t waste any time in looking at the bodies; every time he went to Versailles mansion he found at least a couple of them in different points of the building. Also, he was never called for that.
            He went straight to the rooms. Abby was collapsed on the floor, her hair uncombed, her makeup running down her face like black tears. She had Lucille’s cell phone in her hand, and she was telling him to come closer.
            “What happened?” Sward asked.
            “We were shot”, Abby said. “I was shot in the leg, Lucille in the belly”
            “Where’s Lucille?”
            Abby didn’t even have to tell him the room. Lucille’s screams of agony pointed out which room it was.
            “How long since you’ve been shot?”
            “I don’t know, help her!”
            “Girl, I need to know, come on!”
            Abby tried to remember.
            “About twenty minutes, maybe more…”
            “Then there’s no time to lose. Did the bullets get stuck inside your bodies?”
            “Not me… Lucille, I don’t know”
            “Shit… Wait here”, Sward said, getting tense. “God, please not too late…”
            Sward got up and went to the room quickly. He had very little time.
            Lucille was lying on the bed. The contact of the silver bullets with her innards burned. A white smoke came out of her wounds, and between screams the sizzle of burning flesh could be heard.
            “Lucille, it’s Jonathan, you hear me? I’m gonna get those bullets out now…”
            Sward opened his briefcase and pulled out a bottle of water, gauzes and forceps. After cleaning the wounds, he entered the metal forceps in one of the holes, and tried to find the bullet. Lucille screamed in pain and fear. After a couple of dramatic minutes, he managed to pull the bullet out, and started to try and get the second one, which was stuck in her lower torso.
            Sward was extremely careful, since he was running out of time. If he ran out of time, there would be a moment in which Lucille wouldn’t be able to handle the contact anymore and her flesh would catch fire. It usually happened after half an hour.
            Abby was looking from the door, powerless, how the doctor worked to pull the bullets out of Lucille’s body. She had stopped screaming, since she was too tired, only strong enough to cry.
            “Got it!” Sward claimed.
            He started to pull the bullet out very slowly. He had in mind that time was running out, but if he hurried too much he could lose the bullet, and then things would get much worse…
            Suddenly, the wound caught fire, surprising Sward. Abby screamed in horror, Lucille screamed in pain.
            Sward didn’t think twice: he pulled the bullet right out in one fast jerk, and emptied the bottle of water on the wound, extinguishing the fire.
            He had saved her.

------------------------------------------------------------------------------


Licencia de Creative Commons
Vampire Society by Juan Rivera is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.

sábado, 29 de junio de 2013

V.S.: Niños de la tumba // Children of the grave (19)

¡Por fin es verano!
Intentaré publicar con algo más de asiduidad en estas fechas, ya que por fin estoy libre de exámenes ^^
Os traigo otro capítulo de "Niños de la tumba". Lamento el retraso en traeros nuevo material. Pero, por otra parte, ¡ya he terminado el primer borrador del relato! En cuanto lo revise un poco (tarea que puede llevar varios meses), pondré un link donde podréis descargar un archivo PDF con la versión final y completa de NIÑOS DE LA TUMBA.
Pero hasta entonces... ¡disfrutad de las entradas episódicas que os ofrezco!

Thank God it's Summer!
I'll try to submit more stuff now that I'm exam-free ^^
I bring you a new "Children of the Grave" chapter. I'm sorry about the delay on bringing you new material. But, anyway, I've finished the first draft of the story! As soon as I correct it (an issue that can take several months to complete), I'll post a link where you can download a PDF file with a final, complete version of CHILDREN OF THE GRAVE.
Until then... Enjoy my episodic submissions!

------------------------------------------------------------------------------------------------------

            La masa de gente contuvo un grito colectivo.
            De las barandillas de madera del segundo piso de la biblioteca colgaba el cuerpo sin vida de David Peck.
            Dos cuerdas gruesas atadas a la barandilla se asían fuertemente a las muñecas sin vida del doctor, que se encontraba suspendido en cruz como un Jesucristo con dos flechas sobresaliendo de su cabeza y su pecho. Un reguero de sangre seca cubría parte de su ropa, y alguien había desgarrado su camisa (y con ello la piel de su torso) con dos tajos en forma de cruz invertida.
            Nadie supo cómo reaccionar durante unos segundos, y sólo se oían los gritos histéricos de Starla Hudson, que por fin había encontrado a su amante.
            Abby Harris estaba patidifusa. No daba crédito a sus ojos. El hombre que le salvó la vida estaba siendo utilizado, después de su muerte, para rematar una broma macabra. Era lo más ruin que había visto en su corta vida.
            Quien tampoco daba crédito a sus ojos era el Rey Vampiro. Versailles intentó buscarle alguna lógica, algún sentido, alguna razón por la que el cuerpo que le encargaron secuestrar estaba ahora muerto y colgado en su biblioteca. Y fue entonces cuando descubrió que ese emisario de Lucifer le había tendido una trampa.
            Carl Hudson fue el primero en reaccionar. Desde luego que le resultaba muy confuso y doloroso ver a su amigo y compañero muerto, colgado como en un macabro espectáculo de marionetas, pero quedándose quieto no solucionaba nada. De modo que se dirigió a la puerta principal en busca de ayuda…

            -¡Atención, la puerta se abre! – dijo Monique Auxile –. ¡Jackie, listos para entrar!
            Carl Hudson salió y encontró a los policías que habían estado en el hospital una semana antes, cuando ocurrió todo el asunto de Abigail Harris. Llegado a este punto, el doctor Hudson estaba tan confuso que apenas podía hilar todo lo que estaba sucediendo a su alrededor.
            Monique Auxile entró primero, pasando al lado del doctor casi sin verle, con la pistola en la mano. Jackie intentó pasar detrás de ella, pero chocó contra la barrera invisible; no había sido invitado.
            -¡Inspectora! – dijo Jackie.
            -¿Se encuentra bien? – dijo Hudson, sin entender en absoluto qué había hecho caer al policía pálido.
            -Perfectamente. ¡Inspectora!
            Monique se volvió y vio a Jackie en el suelo.
            -¡Entra aquí y ayúdame, idiota!
            -¡Gracias, jefa!
            La barrera de invitación se desvaneció y Jackie pudo pasar, dejando al confuso doctor en la puerta.
            -¡Dios mío, inspectora, mire! – dijo Jackie, señalando el cadáver colgado de David Peck.
            -No necesitamos más pruebas. ¡Louis-Armand de L’Êtat, queda detenido! – gritó Monique, buscando entre los invitados a Versailles.
            -¡Atrápenme si pueden! – dijo Versailles desde la escalera.
            Fue entonces cuando Tyler desenfundó su arma y disparó hacia el Rey Vampiro, causando un gran revuelo entre la multitud, que huyó despavorida hacia la puerta, arrastrando consigo al cazador y a los policías.
            -¡Abran paso, policía! – gritaba Monique.
            Aprovechando toda la confusión, Versailles optó por huir de la forma más rápida: destrozando una ventana con el bastón y saltando a través de ella.
            -¡Se escapa! – dijo Monique.
            En realidad, Versailles había roto la ventana que estaba justo encima de la posición de Wolff.
            -Merde! – dijo Versailles cuando vio al enorme licántropo esperándole.
            -Vaya, pero si es el chupasangres número uno – dijo Wolff en una voz gutural.
            Versailles no se lo pensó dos veces y echó a correr como alma que lleva el diablo hacia algún lugar seguro, con Wolff corriendo detrás de él, pisándole los talones.

            En la fiesta, Lucille había perdido de vista a Abby hacía rato. Intentaba encontrarla entre la marea de gente que corría hacia la puerta de salida, esquivando como podía al flujo de invitados.
            Se dirigió a la puerta de la biblioteca, donde había unas pocas personas que no corrían. Un hombre de raza negra, y una mujer joven de la misma etnia que estaba sufriendo un ataque de pánico. Pero no veía a Tyler por ninguna parte.
            -¿Se encuentran ustedes bien? – preguntó Lucille, acercándose a ellos.
            -¿Qué demonios está pasando aquí? – preguntó Hudson, con brusquedad –. Mi compañero de trabajo está muerto, colgando en un edificio lleno de gente estrafalaria de una manera grotesca; una niña que desapareció del hospital hace una semana anda por aquí con un criminal peligroso; mi hija está sufriendo un ataque de pánico, y… ¡Diablos! Me gustaría que alguien me diera una explicación.
            -Créame, señor, en este momento yo sé lo mismo que usted – dijo Lucille, sintiéndose impotente y confusa –. ¿Se encuentra bien?
            -Con todo lo que le acabo de contar, ¿cree usted que me encuentro bien?
            De pronto se oyó un grito. Un grito agudo, de niña. Procedía del piso superior.
            Sin pensárselo dos veces, Lucille echó a correr hacia el piso de arriba, las habitaciones, dejando a Hudson solo con su hija, todavía más confuso que antes.

            -¿Dónde ha ido Versailles? – preguntó Tyler.
            -¡Le juro por Dios que no lo sé! – exclamó Abby, llorando de dolor.
            Abby había logrado huir de la marea de gente a tiempo, escondiéndose en la sala de juegos. Desde allí había accedido a una escalera que conectaba con las habitaciones, y se había escondido allí.
            Tyler, por su parte, había sido arrastrado al exterior, pero había escapado y había logrado colarse por una ventana sin ser visto. En el segundo piso, encontró el escondrijo de Abby usando el poder de la Visión, y pensó que podría interrogarla para averiguar el paradero de Versailles.
            Quizá se había excedido un poco al dispararle en la pierna, pero no era más que otro vampiro. Por joven que fuera, Tyler se obligó a no sentir lástima por ella, y no le resultó muy difícil.
            Abby lloraba de miedo y de dolor. La herida sangraba bastante, y quemaba como un demonio. Por suerte para ella, la bala había atravesado limpiamente el muslo, sin tocar el hueso; de haberse quedado alojada en el interior, el contacto de la plata en la carne hubiera sido insoportable, y tras una agónica e interminable media hora habría empezado a quemarse viva, y hubiera acabado muriendo consumida por las llamas.
            -Niña, tanto si me lo dices como si no, voy a acabar metiéndote una bala en la cabeza – dijo Tyler –. De ti depende que sea antes o después.
            -¿Qué tal nunca? – dijo una voz a su espalda.
            Tyler se volvió en el momento preciso en que Lucille descargaba un golpe de candelabro de acero hacia su cabeza, golpeándole la mejilla y tirándole al suelo.
            -¡Te dije que no te acercaras a ella, capullo!
            Abby miró a Lucille a través de las lágrimas, confusa.
            -Abby, escóndete, rápido. Yo me encargo de Tyler.
            La niña no necesitó que se lo dijeran dos veces. Se puso en pie como pudo, aguantando el dolor de la pierna, y se alejó de allí cojeando.
            -Creo recordar que te dije algo bastante específico acerca de no ponerte en mi camino – dijo Tyler, con calma, tras escupir un poco de sangre.
            -Y yo a ti sobre tocarle un pelo a Abby – dijo Lucille.
            -Técnicamente he cumplido la promesa; no la he tocado, sólo pretendía meterle una bala en el cráneo.
            -¡Pero si sólo tiene once años! – dijo Lucille, dándole una fuerte patada en el estómago –. ¡Monstruo!
            Tyler tosió levemente, escupiendo un poco más de sangre.
            -Lárgate y déjanos en paz – ordenó Lucille.
            -No pienso irme hasta que alguien me diga dónde está Versailles – dijo Tyler, levantándose del suelo con su habitual parsimonia –. Y si tengo que llevarme por delante a alguien, seas tú o tu niña, me da igual. ¿Dónde está?
            -¿Y cómo quieres que lo sepa? Ha salido corriendo. No tengo ni idea de dónde está ni a dónde ha ido. Si quieres ayuda, consulta con los policías.
            Tyler la miró con frialdad.
            -Está bien.
            Un disparo.
            Dos.
            Lucille sintió cómo su vientre ardía y derramaba sangre. Por acto reflejo se llevó las manos a la zona herida, abriendo la boca para emitir un grito, pero su garganta se negó a emitir algo más que un tenue gemido gutural. De pronto, sus piernas se negaron a obedecer más, y cayó al suelo. Pudo ver los pies de Tyler girando sobre sus talones y dirigiéndose hacia las escaleras con calma.
            Por un breve instante, Lucille se sintió aliviada de que no hubiera ido a por la niña.

-------------------------------------------------------------------------------------------------------


            The crowd gasped in unison.
            The lifeless body of David Peck was hanging from the second floor wooden handrails.
            Two ropes were on one end tied to the handrails, on the other end tied to the lifeless wrists of the doctor. The body was hanging in a way that reminded how Jesus Christ was crucified, but with two arrows stuck in his head and chest. A huge stain of dried blood covered part of his clothes, and somebody had slashed his shirt (and the skin of his torso) with two cuts in the shape of an upside-down cross.
            Nobody knew how to react for a few seconds, and the only sounds heard were the screams of Starla Hudson, who had finally found her lover.
            Abby Harris was astonished. She couldn’t believe her eyes. The man who had saved her life was being used, after his death, to finish off a grotesque joke. It was the most disgusting thing she had ever seen in her short life.
            Another one who couldn’t believe his eyes was the Vampire King. Versailles tried to look for a logical reason why the man he was ordered to abduct was now dead and hanging in his library. And then he realized that Lucifer’s messenger had fooled him.
            Carl Hudson was the first one to react. True, it was painful and confusing to see his partner and friend dead, hanging like a grotesque puppet, but standing still wouldn’t do anything helpful. So he went to the front door looking for help…

            “Look, the door’s opening!” Monique Auxile said. “Jackie, ready to go in!”
            Carl Hudson stepped out and found the police officers that had been to the hospital a week before, when the whole thing with Abigail Harris happened. At this point, Doctor Hudson was so confused he couldn’t even put everything that was happening around him together in his mind.
            Monique Auxile went in first, passing beside the doctor almost without seeing him, her gun in her hand. Jackie tried to go in behind her, but he crashed face first onto the invisible barrier and fell to the floor: he hadn’t been invited.
            “Detective Auxile!” Jackie called.
            “Are you OK?” Hudson asked, without understanding what could have made the pale officer fall like that.
            “Totally. Detective!”
            Monique turned around and saw Jackie on the floor.
            “Get in and help me, ya idiot!”
            “Thanks, boss!”
            The invitation barrier vanished and Jackie could get in, leaving the confused doctor on the doorstep.
            “My God, detective, look at that!” Jackie said, pointing to the hanging body of David Peck.
            “We need no further proof. Louis-Armand de L’Êtat, you’re under arrest!” Monique yelled, looking for Versailles amongst the crowd.
            “Catch me if you can!” Versailles replied from the staircase.
            It was then when Tyler took his handgun and shot toward the Vampire King, causing mayhem and making the crowd run towards the door, dragging the hunter and the officers along with them.
            “Police, move away!” Monique yelled.
            Taking advantage of the collective confusion, Versailles chose the fastest way out: smashing a window with his cane and leaping through it.
            “He’s escaping!” Monique said.
            Actually, Versailles had broken the window under which was Wolff, waiting.
            “Merde! Versailles yelled when he saw the enormous lycan waiting for him.
            “If it isn’t the number one bloodsucker!” Wolff said, in a guttural voice.
            Versailles didn’t think twice and he started running as fast as he could to a safe place, with Wolff running just behind him.

            In the party, Lucille had lost Abby a while back. She tried to find her between the crowd that was running through the door, dodging people as best as she could.
            She went to the library, where a few people remained. A black man, and a young woman, also black, who was suffering a panic attack. But she couldn’t see Tyler anywhere.
            “Are you alright?” Lucille asked, approaching them.
            “What the Hell is going on here?” Hudson asked, bluntly. “My colleague is dead, hanging in a building full of strange people. A child that disappeared from the hospital a week ago is roaming around with a dangerous criminal, my daughter is panicking and… Goddammit, I’d appreciate it if somebody could explain it to me!”
            “Believe me, sir, at this moment I know as much as you do”, Lucille said, feeling confused and useless. “Are you OK?”
            “Given all the things I’ve just told you, you got the nerve to ask me if I’m OK…”
            Suddenly, a scream was heard. A high-pitched, girl-like scream. From upstairs.
            Without thinking twice, Lucille ran toward the second floor, the bedrooms, leaving Hudson alone with his daughter, even more confused than before.

            “Where did Versailles go?” Tyler asked.
            “I swear to God, I don’t know!” Abby cried in pain.
            Abby had managed to get away from the crowd just in time, hiding in the games room. From there, she found a staircase that connected to the bedrooms, and she had hidden there.
            Tyler, on the other hand, had been dragged outside, but he escaped and managed to sneak in through a window without being seen. On the second floor, he had found Abby’s hiding place using the Vision, and he thought he could interrogate her to find out Versailles’ whereabouts.
            Maybe he had gone a little too far by shooting her in the leg, but in the other hand she was nothing but another vampire. As young as she might be, Tyler forced himself not to pity her, and that wasn’t hard for him.
            Abby cried in fear and pain. Her wound was bleeding much, and it burned like hell. Luckily for her, the bullet had passed clean through her leg without hitting her bone. If the bullet had remained inside, the contact of her flesh with silver would have been unbearable, and after a painful, agonic half hour, she would have started to burn alive, and would have died consumed by the flames.
            “Look, girl, whether you tell me or not, I’m gonna put a bullet in your head”, Tyler said. “It’s on you make that sooner or later”
            “How ‘bout never?” a voice behind him said.
            Tyler turned around just in the moment in which Lucille hit his head with a steel candlestick, hitting him in the cheek and making him fall down.
            “I told you not to get near her, you bastard!”
            Abby looked at Lucille through the tears in her eyes, confused.
            “Abby, go hide, quickly. I’ll handle Tyler”
            The girl didn’t need to be told twice. She stood up on her feet as best as she could, standing the pain in her leg, and she got away with a limp.
            “I think I told you a pretty specific thing about you not getting in my way”, Tyler said, calmly, after spitting out some blood.
            “And I told you about touching Abby”, Lucille said.
            “Technically I obliged; I didn’t touch her, I just planned to put a bullet in her skull”
            “She’s just eleven!” Lucille said, kicking him hard in the stomach. “Monster!”
            Tyler coughed, and spit out a bit more of blood.
            “Go away and leave us alone”, Lucille commanded.
            “I’m not going anywhere until somebody tells me where is Versailles”, Tyler said, standing up with his usual calmness. “And if I have to take on whoever it takes, even you or your girl, I don’t care. Where is he?”
            “How the fuck should I know? He ran away. I have no idea of where he is, or where he has gone. If you want help, tell the cops.
            Tyler stared at her, coldly.
            “Alright”
            One shot.
            Two.
            Lucille felt her belly burn and blood flowing. Instinctively, she raised her hands to the wounded area, and opened her mouth to scream, but her throat refused to utter anything but a weak guttural whimper. Suddenly, her legs refused to obey her anymore, and she fell to the ground. She could see Tyler’s feet turning around and heading to the stairs, calmly.

            For a brief second, Lucille felt relieved because he hadn’t gone for the child.

---------------------------------------------------------------------------------------------------------

Licencia de Creative Commons
Vampire Society by Juan Rivera is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
Licencia de Creative Commons
El mundo de Jack // Jack's world by Juan Rivera is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.