sábado, 29 de junio de 2013

V.S.: Niños de la tumba // Children of the grave (19)

¡Por fin es verano!
Intentaré publicar con algo más de asiduidad en estas fechas, ya que por fin estoy libre de exámenes ^^
Os traigo otro capítulo de "Niños de la tumba". Lamento el retraso en traeros nuevo material. Pero, por otra parte, ¡ya he terminado el primer borrador del relato! En cuanto lo revise un poco (tarea que puede llevar varios meses), pondré un link donde podréis descargar un archivo PDF con la versión final y completa de NIÑOS DE LA TUMBA.
Pero hasta entonces... ¡disfrutad de las entradas episódicas que os ofrezco!

Thank God it's Summer!
I'll try to submit more stuff now that I'm exam-free ^^
I bring you a new "Children of the Grave" chapter. I'm sorry about the delay on bringing you new material. But, anyway, I've finished the first draft of the story! As soon as I correct it (an issue that can take several months to complete), I'll post a link where you can download a PDF file with a final, complete version of CHILDREN OF THE GRAVE.
Until then... Enjoy my episodic submissions!

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            La masa de gente contuvo un grito colectivo.
            De las barandillas de madera del segundo piso de la biblioteca colgaba el cuerpo sin vida de David Peck.
            Dos cuerdas gruesas atadas a la barandilla se asían fuertemente a las muñecas sin vida del doctor, que se encontraba suspendido en cruz como un Jesucristo con dos flechas sobresaliendo de su cabeza y su pecho. Un reguero de sangre seca cubría parte de su ropa, y alguien había desgarrado su camisa (y con ello la piel de su torso) con dos tajos en forma de cruz invertida.
            Nadie supo cómo reaccionar durante unos segundos, y sólo se oían los gritos histéricos de Starla Hudson, que por fin había encontrado a su amante.
            Abby Harris estaba patidifusa. No daba crédito a sus ojos. El hombre que le salvó la vida estaba siendo utilizado, después de su muerte, para rematar una broma macabra. Era lo más ruin que había visto en su corta vida.
            Quien tampoco daba crédito a sus ojos era el Rey Vampiro. Versailles intentó buscarle alguna lógica, algún sentido, alguna razón por la que el cuerpo que le encargaron secuestrar estaba ahora muerto y colgado en su biblioteca. Y fue entonces cuando descubrió que ese emisario de Lucifer le había tendido una trampa.
            Carl Hudson fue el primero en reaccionar. Desde luego que le resultaba muy confuso y doloroso ver a su amigo y compañero muerto, colgado como en un macabro espectáculo de marionetas, pero quedándose quieto no solucionaba nada. De modo que se dirigió a la puerta principal en busca de ayuda…

            -¡Atención, la puerta se abre! – dijo Monique Auxile –. ¡Jackie, listos para entrar!
            Carl Hudson salió y encontró a los policías que habían estado en el hospital una semana antes, cuando ocurrió todo el asunto de Abigail Harris. Llegado a este punto, el doctor Hudson estaba tan confuso que apenas podía hilar todo lo que estaba sucediendo a su alrededor.
            Monique Auxile entró primero, pasando al lado del doctor casi sin verle, con la pistola en la mano. Jackie intentó pasar detrás de ella, pero chocó contra la barrera invisible; no había sido invitado.
            -¡Inspectora! – dijo Jackie.
            -¿Se encuentra bien? – dijo Hudson, sin entender en absoluto qué había hecho caer al policía pálido.
            -Perfectamente. ¡Inspectora!
            Monique se volvió y vio a Jackie en el suelo.
            -¡Entra aquí y ayúdame, idiota!
            -¡Gracias, jefa!
            La barrera de invitación se desvaneció y Jackie pudo pasar, dejando al confuso doctor en la puerta.
            -¡Dios mío, inspectora, mire! – dijo Jackie, señalando el cadáver colgado de David Peck.
            -No necesitamos más pruebas. ¡Louis-Armand de L’Êtat, queda detenido! – gritó Monique, buscando entre los invitados a Versailles.
            -¡Atrápenme si pueden! – dijo Versailles desde la escalera.
            Fue entonces cuando Tyler desenfundó su arma y disparó hacia el Rey Vampiro, causando un gran revuelo entre la multitud, que huyó despavorida hacia la puerta, arrastrando consigo al cazador y a los policías.
            -¡Abran paso, policía! – gritaba Monique.
            Aprovechando toda la confusión, Versailles optó por huir de la forma más rápida: destrozando una ventana con el bastón y saltando a través de ella.
            -¡Se escapa! – dijo Monique.
            En realidad, Versailles había roto la ventana que estaba justo encima de la posición de Wolff.
            -Merde! – dijo Versailles cuando vio al enorme licántropo esperándole.
            -Vaya, pero si es el chupasangres número uno – dijo Wolff en una voz gutural.
            Versailles no se lo pensó dos veces y echó a correr como alma que lleva el diablo hacia algún lugar seguro, con Wolff corriendo detrás de él, pisándole los talones.

            En la fiesta, Lucille había perdido de vista a Abby hacía rato. Intentaba encontrarla entre la marea de gente que corría hacia la puerta de salida, esquivando como podía al flujo de invitados.
            Se dirigió a la puerta de la biblioteca, donde había unas pocas personas que no corrían. Un hombre de raza negra, y una mujer joven de la misma etnia que estaba sufriendo un ataque de pánico. Pero no veía a Tyler por ninguna parte.
            -¿Se encuentran ustedes bien? – preguntó Lucille, acercándose a ellos.
            -¿Qué demonios está pasando aquí? – preguntó Hudson, con brusquedad –. Mi compañero de trabajo está muerto, colgando en un edificio lleno de gente estrafalaria de una manera grotesca; una niña que desapareció del hospital hace una semana anda por aquí con un criminal peligroso; mi hija está sufriendo un ataque de pánico, y… ¡Diablos! Me gustaría que alguien me diera una explicación.
            -Créame, señor, en este momento yo sé lo mismo que usted – dijo Lucille, sintiéndose impotente y confusa –. ¿Se encuentra bien?
            -Con todo lo que le acabo de contar, ¿cree usted que me encuentro bien?
            De pronto se oyó un grito. Un grito agudo, de niña. Procedía del piso superior.
            Sin pensárselo dos veces, Lucille echó a correr hacia el piso de arriba, las habitaciones, dejando a Hudson solo con su hija, todavía más confuso que antes.

            -¿Dónde ha ido Versailles? – preguntó Tyler.
            -¡Le juro por Dios que no lo sé! – exclamó Abby, llorando de dolor.
            Abby había logrado huir de la marea de gente a tiempo, escondiéndose en la sala de juegos. Desde allí había accedido a una escalera que conectaba con las habitaciones, y se había escondido allí.
            Tyler, por su parte, había sido arrastrado al exterior, pero había escapado y había logrado colarse por una ventana sin ser visto. En el segundo piso, encontró el escondrijo de Abby usando el poder de la Visión, y pensó que podría interrogarla para averiguar el paradero de Versailles.
            Quizá se había excedido un poco al dispararle en la pierna, pero no era más que otro vampiro. Por joven que fuera, Tyler se obligó a no sentir lástima por ella, y no le resultó muy difícil.
            Abby lloraba de miedo y de dolor. La herida sangraba bastante, y quemaba como un demonio. Por suerte para ella, la bala había atravesado limpiamente el muslo, sin tocar el hueso; de haberse quedado alojada en el interior, el contacto de la plata en la carne hubiera sido insoportable, y tras una agónica e interminable media hora habría empezado a quemarse viva, y hubiera acabado muriendo consumida por las llamas.
            -Niña, tanto si me lo dices como si no, voy a acabar metiéndote una bala en la cabeza – dijo Tyler –. De ti depende que sea antes o después.
            -¿Qué tal nunca? – dijo una voz a su espalda.
            Tyler se volvió en el momento preciso en que Lucille descargaba un golpe de candelabro de acero hacia su cabeza, golpeándole la mejilla y tirándole al suelo.
            -¡Te dije que no te acercaras a ella, capullo!
            Abby miró a Lucille a través de las lágrimas, confusa.
            -Abby, escóndete, rápido. Yo me encargo de Tyler.
            La niña no necesitó que se lo dijeran dos veces. Se puso en pie como pudo, aguantando el dolor de la pierna, y se alejó de allí cojeando.
            -Creo recordar que te dije algo bastante específico acerca de no ponerte en mi camino – dijo Tyler, con calma, tras escupir un poco de sangre.
            -Y yo a ti sobre tocarle un pelo a Abby – dijo Lucille.
            -Técnicamente he cumplido la promesa; no la he tocado, sólo pretendía meterle una bala en el cráneo.
            -¡Pero si sólo tiene once años! – dijo Lucille, dándole una fuerte patada en el estómago –. ¡Monstruo!
            Tyler tosió levemente, escupiendo un poco más de sangre.
            -Lárgate y déjanos en paz – ordenó Lucille.
            -No pienso irme hasta que alguien me diga dónde está Versailles – dijo Tyler, levantándose del suelo con su habitual parsimonia –. Y si tengo que llevarme por delante a alguien, seas tú o tu niña, me da igual. ¿Dónde está?
            -¿Y cómo quieres que lo sepa? Ha salido corriendo. No tengo ni idea de dónde está ni a dónde ha ido. Si quieres ayuda, consulta con los policías.
            Tyler la miró con frialdad.
            -Está bien.
            Un disparo.
            Dos.
            Lucille sintió cómo su vientre ardía y derramaba sangre. Por acto reflejo se llevó las manos a la zona herida, abriendo la boca para emitir un grito, pero su garganta se negó a emitir algo más que un tenue gemido gutural. De pronto, sus piernas se negaron a obedecer más, y cayó al suelo. Pudo ver los pies de Tyler girando sobre sus talones y dirigiéndose hacia las escaleras con calma.
            Por un breve instante, Lucille se sintió aliviada de que no hubiera ido a por la niña.

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            The crowd gasped in unison.
            The lifeless body of David Peck was hanging from the second floor wooden handrails.
            Two ropes were on one end tied to the handrails, on the other end tied to the lifeless wrists of the doctor. The body was hanging in a way that reminded how Jesus Christ was crucified, but with two arrows stuck in his head and chest. A huge stain of dried blood covered part of his clothes, and somebody had slashed his shirt (and the skin of his torso) with two cuts in the shape of an upside-down cross.
            Nobody knew how to react for a few seconds, and the only sounds heard were the screams of Starla Hudson, who had finally found her lover.
            Abby Harris was astonished. She couldn’t believe her eyes. The man who had saved her life was being used, after his death, to finish off a grotesque joke. It was the most disgusting thing she had ever seen in her short life.
            Another one who couldn’t believe his eyes was the Vampire King. Versailles tried to look for a logical reason why the man he was ordered to abduct was now dead and hanging in his library. And then he realized that Lucifer’s messenger had fooled him.
            Carl Hudson was the first one to react. True, it was painful and confusing to see his partner and friend dead, hanging like a grotesque puppet, but standing still wouldn’t do anything helpful. So he went to the front door looking for help…

            “Look, the door’s opening!” Monique Auxile said. “Jackie, ready to go in!”
            Carl Hudson stepped out and found the police officers that had been to the hospital a week before, when the whole thing with Abigail Harris happened. At this point, Doctor Hudson was so confused he couldn’t even put everything that was happening around him together in his mind.
            Monique Auxile went in first, passing beside the doctor almost without seeing him, her gun in her hand. Jackie tried to go in behind her, but he crashed face first onto the invisible barrier and fell to the floor: he hadn’t been invited.
            “Detective Auxile!” Jackie called.
            “Are you OK?” Hudson asked, without understanding what could have made the pale officer fall like that.
            “Totally. Detective!”
            Monique turned around and saw Jackie on the floor.
            “Get in and help me, ya idiot!”
            “Thanks, boss!”
            The invitation barrier vanished and Jackie could get in, leaving the confused doctor on the doorstep.
            “My God, detective, look at that!” Jackie said, pointing to the hanging body of David Peck.
            “We need no further proof. Louis-Armand de L’Êtat, you’re under arrest!” Monique yelled, looking for Versailles amongst the crowd.
            “Catch me if you can!” Versailles replied from the staircase.
            It was then when Tyler took his handgun and shot toward the Vampire King, causing mayhem and making the crowd run towards the door, dragging the hunter and the officers along with them.
            “Police, move away!” Monique yelled.
            Taking advantage of the collective confusion, Versailles chose the fastest way out: smashing a window with his cane and leaping through it.
            “He’s escaping!” Monique said.
            Actually, Versailles had broken the window under which was Wolff, waiting.
            “Merde! Versailles yelled when he saw the enormous lycan waiting for him.
            “If it isn’t the number one bloodsucker!” Wolff said, in a guttural voice.
            Versailles didn’t think twice and he started running as fast as he could to a safe place, with Wolff running just behind him.

            In the party, Lucille had lost Abby a while back. She tried to find her between the crowd that was running through the door, dodging people as best as she could.
            She went to the library, where a few people remained. A black man, and a young woman, also black, who was suffering a panic attack. But she couldn’t see Tyler anywhere.
            “Are you alright?” Lucille asked, approaching them.
            “What the Hell is going on here?” Hudson asked, bluntly. “My colleague is dead, hanging in a building full of strange people. A child that disappeared from the hospital a week ago is roaming around with a dangerous criminal, my daughter is panicking and… Goddammit, I’d appreciate it if somebody could explain it to me!”
            “Believe me, sir, at this moment I know as much as you do”, Lucille said, feeling confused and useless. “Are you OK?”
            “Given all the things I’ve just told you, you got the nerve to ask me if I’m OK…”
            Suddenly, a scream was heard. A high-pitched, girl-like scream. From upstairs.
            Without thinking twice, Lucille ran toward the second floor, the bedrooms, leaving Hudson alone with his daughter, even more confused than before.

            “Where did Versailles go?” Tyler asked.
            “I swear to God, I don’t know!” Abby cried in pain.
            Abby had managed to get away from the crowd just in time, hiding in the games room. From there, she found a staircase that connected to the bedrooms, and she had hidden there.
            Tyler, on the other hand, had been dragged outside, but he escaped and managed to sneak in through a window without being seen. On the second floor, he had found Abby’s hiding place using the Vision, and he thought he could interrogate her to find out Versailles’ whereabouts.
            Maybe he had gone a little too far by shooting her in the leg, but in the other hand she was nothing but another vampire. As young as she might be, Tyler forced himself not to pity her, and that wasn’t hard for him.
            Abby cried in fear and pain. Her wound was bleeding much, and it burned like hell. Luckily for her, the bullet had passed clean through her leg without hitting her bone. If the bullet had remained inside, the contact of her flesh with silver would have been unbearable, and after a painful, agonic half hour, she would have started to burn alive, and would have died consumed by the flames.
            “Look, girl, whether you tell me or not, I’m gonna put a bullet in your head”, Tyler said. “It’s on you make that sooner or later”
            “How ‘bout never?” a voice behind him said.
            Tyler turned around just in the moment in which Lucille hit his head with a steel candlestick, hitting him in the cheek and making him fall down.
            “I told you not to get near her, you bastard!”
            Abby looked at Lucille through the tears in her eyes, confused.
            “Abby, go hide, quickly. I’ll handle Tyler”
            The girl didn’t need to be told twice. She stood up on her feet as best as she could, standing the pain in her leg, and she got away with a limp.
            “I think I told you a pretty specific thing about you not getting in my way”, Tyler said, calmly, after spitting out some blood.
            “And I told you about touching Abby”, Lucille said.
            “Technically I obliged; I didn’t touch her, I just planned to put a bullet in her skull”
            “She’s just eleven!” Lucille said, kicking him hard in the stomach. “Monster!”
            Tyler coughed, and spit out a bit more of blood.
            “Go away and leave us alone”, Lucille commanded.
            “I’m not going anywhere until somebody tells me where is Versailles”, Tyler said, standing up with his usual calmness. “And if I have to take on whoever it takes, even you or your girl, I don’t care. Where is he?”
            “How the fuck should I know? He ran away. I have no idea of where he is, or where he has gone. If you want help, tell the cops.
            Tyler stared at her, coldly.
            “Alright”
            One shot.
            Two.
            Lucille felt her belly burn and blood flowing. Instinctively, she raised her hands to the wounded area, and opened her mouth to scream, but her throat refused to utter anything but a weak guttural whimper. Suddenly, her legs refused to obey her anymore, and she fell to the ground. She could see Tyler’s feet turning around and heading to the stairs, calmly.

            For a brief second, Lucille felt relieved because he hadn’t gone for the child.

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