viernes, 7 de marzo de 2014

V.S.: Niños de la tumba // Children of the grave (23)

Por fin.
Esta es la última parte de NIÑOS DE LA TUMBA.
Ha sido genial compartir con vosotros esta historia, verla evolucionar con vuestras críticas y comentarios. De verdad ha sido muy reconfortante, no tengo más que palabras de agradecimiento.
Pero las voy a dejar para después del capítulo. Por desgracia he perdido mi hoja de agradecimientos, que había escrito para esta ocasión, así que tendré que improvisar.
Espero que os guste. Es una escena muy emotiva.
Ha sido un placer. Hasta la próxima historia. :-)

Finally.
This is the last part of CHILDREN OF THE GRAVE.
It's been great to share this story with you, to see it evolve with your critics and commentaries. It's been truly comforting, I don't have but words of gratitude.
However I'm going to save them for the end of the chapter. Unfortunately I've lost the sheet of acknowledgements that I had written for this, so I'll have to improvise.
I hope you like it. It's a very emotional scene.
It's been a pleasure. See you in the next story. :-)

--------------------------------------------------------------------------------------------------

            Los días siguientes fueron un auténtico caos.
            Monique tuvo que enfrentarse sola a una montaña de papeleo. Wolff estaba arrestado por agresión, Jackie en el hospital, y había un montón de preguntas que responder en lo que concernía a ese último caso en el que se habían metido.
            Entre ellas, las muertes de David Peck, Carl y Starla Hudson, Louis-Armand de l’Êtat, Saul Wallace, y Edward y Lissa Harris. Además estaba la desaparición de la niña Abigail Callie Grace Harris, el momento de enajenación mental de Winston Wolff que le llevó a agredir al agente Jack Lamb, el archivo de audio misteriosamente malogrado de un interrogatorio a Tyler D, y la presencia de policías de servicio en la fiesta de Versailles.
            Realmente Monique deseaba que el caso se archivara finalmente para no tener que explicarlo todo. En realidad el caso ya estaba cerrado, pero una cosa es la realidad y otra muy distinta la versión oficial.
            Haciendo balance de todo, en este caso Monique había tenido más pérdidas que beneficios. Wolff estaba arrestado, Jackie estaba en la clínica bajo cuidados intensivos, varias personas habían muerto… y tenía demasiadas explicaciones que dar.
            Monique suspiró, hastiada, y se restregó los cansados ojos, intentando despejarse.
            -Hola, inspectora – dijo una voz delante de ella.
            La inspectora subió la cabeza y miró hacia delante. Frente a ella se hallaba la sombría figura de Wentworth Smith.
            -¿Cómo ha entrado aquí? – preguntó Monique.
            -Yo también me alegro de verla – dijo el abogado –. Me han dicho que la operación ha sido un éxito, la felicito.
            -Un éxito relativo – puntualizó Monique.
            -Estoy al corriente. Quizá le interese saber que su agente, el señor Lamb, está fuera de peligro, y que el inspector Wolff ha salido del calabozo bajo fianza.
            -¿Quién ha pagado esa fianza y cómo se ha enterado usted de eso antes que yo?
            -Lo siento, inspectora, esa información es confidencial – dijo el abogado, con una falsa sonrisa en los labios.
            -Y si me lo dijera tendría que matarme, y esa mierda de pelis malas. No me toque los cojones y dígame la verdad.
            El desconocido se echó a reír.
            -Le he facilitado el trabajo, inspectora; yo que usted tiraba esos documentos y hacía algo con los diez mil dólares que tiene en ese bolsillo.
            En acto reflejo, Monique se echó la mano al bolsillo y miró hacia abajo. Todavía tenía el dinero de Tyler encima, no se había acordado de ello hasta el momento.
            En el breve instante en que Monique apartó la vista del abogado, éste se había desvanecido en el aire sin dejar rastro.
            -Hijo de puta – dijo Monique, levantándose de su escritorio.

             Había transcurrido una semana desde la muerte de Versailles.
            Lucille despertó a Abby minutos antes de que el Sol se ocultara. La pequeña entreabrió los ojos con ademán cansado y se desperezó.
            -Buenas noches, cielo – dijo una maternal Lucille –. ¿Has dormido bien?
            Abby no había dormido bien. De hecho, no había dormido bien desde su conversión. Las pesadillas la acosaban día tras día, y el estigma de la culpa la perseguía. Contra todo pronóstico, la muerte de su maestro no había traído la paz a su esíritu. Nada más lejos. Seguía atormentada y apesadumbrada.
            -¿Qué tal tu pierna? – preguntó Lucille, ante el elocuente silencio de la niña.
            La herida de la pierna. Su sempiterno recordatorio de que Lucille había intervenido por ella y había evitado que Tyler la borrara del mapa. Ahora, la niña pensaba que ese valiente acto de sacrificio había sido más bien un acto bastante estúpido. De no haberlo hecho, Lucille habría salido ilesa, Versailles habría muerto igualmente, y ella hubiera sufrido la muerte rápida e indolora que deseaba. Muerta y en paz.
            -Me duele – respondió Abby en un murmullo, tragándose sus lúgubres pensamientos.
            -¿Crees que puedes andar?
            -No lo sé – respondió ella desganadamente.
            Lucille le había traído ropa a la cama, por si acaso no podía caminar hasta el armario por su propio pie para cambiarse. Sin salir de la cama, la niña se desnudó y se puso la ropa limpia que Lucille le había traído. La mujer percibió, como todos los días anteriores, la resignación y la desgana en los movimientos de la pequeña, y le invadió la necesidad de hacer algo por ayudarla. No había tenido elección, vivía una vida que no quería vivir, y estaba condenada a hacer algo que no quería hacer para vivir por toda la eternidad, sin contacto humano. Quería ayudarla, sí, pero... ¿qué más podía hacer, sino compadecerse de ella?
            Lucille sacudió la cabeza y apartó esos pensamientos de su mente. “No olvides a qué has venido”, pensó.
            -No sé si puedo andar – repitió Abby.
            -Inténtalo – dijo Lucille, animándola –. Si no, puedo llevarte.
            Abby se puso en pie. Una repentina punzada de dolor recorrió su espina dorsal cuando apoyó algo de peso en su pierna herida, y lanzó un breve grito. Aunque, a pesar de que le dolía, al menos no tanto como los días anteriores.
            -¿Quieres que te lleve?
            Abby hizo un gesto negativo con la mano.
            -No... Creo que puedo andar así... gracias – dijo Abby, cojeando hacia la puerta.
            Lucille fue detrás de ella, ayudándola y guiándola. Abby acabó apoyándose en Lucille antes de bajar las escaleras, y así continuaron hasta alcanzar la puerta de la mansión.
            Lucille había recuperado su vieja motocicleta, una Vespa de segunda mano que su padre le había comprado a los 17 años. Versailles le había prohibido usarla, por alguna razón que quizá sólo él comprendería, pero ahora estaba aparcada frente a la puerta del suntuoso edificio.
            Lucille ayudó a la niña a subir al viejo vehículo y encendió el motor.
            -¿Adónde me llevas? – preguntó Abby.
            -Ahora verás – respondió Lucille.
            La mujer metió gas y se alejó de la mansión, comprobando por tercera vez esa semana, con satisfacción, que no se había olvidado del manejo de la moto. Abby no prestaba atención al camino. Estaba demasiado enfrascada en sus pensamientos. Seguramente Lucille le estuviera llevando a otro de esos bares para criaturas. La primera experiencia que habían tenido en el Hell’s Kitchen no le había gustado nada; le pareció un ambiente demasiado violento y desagradable, y no quería volver.
            Unos minutos después, la moto se detuvo.
            -Hemos llegado – anunció Lucille.
            Abby miró alrededor. Estaban a las puertas del cementerio.
            -¿Qué...? – dijo Abby, extrañada.
            Lucille ayudó a bajar a la niña y dejó la moto encadenada en la verja del cementerio. Abby miró las enormes puertas del lugar, confusa.
            -¿Qué es esto, una broma de mal gusto? – preguntó Abby.
            -Nada más lejos – respondió Lucille –. Ven conmigo.
            -Pero... ¿eso no es terreno santo? ¿No se supone que no podemos entrar?
            -Eso era en otros tiempos, cielo. Ahora sólo las tumbas están consagradas, y ni siquiera todas lo están. Así que mientras no te acerques demasiado a ellas, no pasará nada. Ven, anda.
            Aún escéptica, aunque con una creciente curiosidad, Abby se apoyó en Lucille y caminó junto a ella al interior del cementerio. Por la lesión de la niña, y por evitar las tumbas, fueron avanzando lentamente, y tras unos minutos de difícil trayecto, Lucille se detuvo frente a un par de tumbas en concreto.
            Abby miró al frente, y contuvo un grito.

THOMAS E. HARRIS
15/4/1960 – 30/10/2005
Amado padre y esposo

LISSA G. HARRIS
29/2/1964 – 30/10/2005
Amada madre y esposa

            Abby cayó de rodillas al suelo frente a las tumbas de sus padres, casi sin aliento e ignorando el dolor de su pierna, y dejó que dos silenciosas lágrimas cayeran por sus mejillas. Mientras tanto, Lucille, algo más apartada, observaba la escena, dando gracias silenciosamente a Monique Auxile, dondequiera que estuviera, por hacerle llegar esos diez mil dólares con una nota: “Úsalo bien”.
            -Sé que nunca tuviste la oportunidad de despedirte de tus padres... y me parecía lo correcto que, como mínimo, tuvieran un descanso decente – dijo Lucille –. Es lo mejor que he podido encontrar.
            Abby no respondió inmediatamente. Lloraba en silencio frente a las lápidas, mientras Lucille la miraba, conmovida, unos pasos más atrás. Se acercó a ella y le puso una mano en el hombro.
            -Puedes venir todas las noches que quieras – dijo Lucille.
            Abby giró la cabeza lentamente y miró a Lucille a través de las lágrimas de sus ojos. En sus rojos iris había una profunda gratitud hacia la mujer, y por primera vez en muchos días, una sonrisa sincera en sus labios.
            -Gracias – dijo Abby –. Muchas gracias.
            -Es lo mínimo que podía hacer. Por ellos y por ti.
            Abby se giró del todo y abrazó a Lucille, sollozando. Conmovida, Lucille le devolvió el abrazo a la niña, y le dio un beso en la frente, aguantando las lágrimas.
            Pasado un rato, Abby se separó momentáneamente de Lucille, y se volvió hacia las tumbas otra vez.
            -Papá... mamá... Os echo mucho de menos... Y dondequiera que estéis ahora, os llevaré siempre en el corazón... siempre os querré, os recordaré con amor... – se detuvo un momento y se llevó una mano al pecho –. Descansad.
            Lucille no pudo evitar dejar escapar un par de lágrimas ante la escena. Abby se inclinó respetuosamente ante las tumbas antes de volverse hacia la mujer y dedicarle una mirada llena de ternura y serenidad.
            -Gracias por todo lo que has hecho – le dijo.
            Lucille sonrió a la pequeña.
            -No hay de qué, cielo.
            A la luz de la luna menguante y las farolas de la calle, Lucille y Abby fueron caminando lentamente hacia el exterior del cementerio, con algo menos de peso en sus corazones.
            Porque ser un vampiro no implica ser un monstruo.


FIN

--------------------------------------------------------------------------------------------------

            The following days were a complete chaos.
            Monique had to face a mountain of paperwork, all by herself. Wolff was under arrest for aggression, Jackie was in the hospital, and there were a lot of questions to answer concerning the last case they worked on.
            Amongst them, the deaths of David Peck, Carl and Starla Hudson, Louis-Armand de l’Êtat, Saul Wallace, and Edward and Lissa Harris. Also there was the disappearance of the girl named Abigail Callie Grace Harris, the moment of mental insanity that Winston Wolff had and that caused him to attack agent Jack Lamb, the mysteriously damaged audio file from Tyler D’s interrogation, and the presence of agents on duty in Versailles’ party.
            Monique actually wished that the case would finally be archived, so that she wouldn’t have to explain everything. The case was actually closed, but one thing was reality and another different thing was the official version.
            Considering all this, Monique had had more loss than gain. Wolff was arrested, Jackie was in the clinic under intense care, several people had died… and she had too many explanations to do.
            Monique sighed, exasperated, and rubbed her tired eyes, trying to think crearly.
            “Hello, detective”, a voice said in front of her.
            The detective tilted her head up again and looked in front of her. There was the shadowy figure of Wentworth Smith.
            “How’d you get in here?” Monique asked.
            “Good to see you too”, the lawman said. “I’ve been told that the operation was a success, congratulations”
            “A relative success, really”, Monique clarified.
            “I’ve been told that too. Maybe you would like to know that your agent, Mr. Lamb, is safe for now, and detective Wolff has been released from prison under a fee”
            “Who paid that fee, and how’d you heard of that before I did?”
            “I’m sorry, detective, but that information’s classified”, the lawman said, with a fake smile on his face.
            “Yeah, and you could tell me but then you’d have to kill me, that neo-noir bad movie bullshit. Dontcha fuck with me, tell me the truth”
            The stranger laughed.
            “I’ve made your job much easier, detective. If I were you I would throw away those documents and do something with those ten grand you have in your pocket”
            Subconsciously, she moved her hand to her pocket and looked down. She still had Tyler’s money there, she didn’t remember until then.
            In the brief instant she looked away from the lawyer, he had vanished in the air leaving no trace.
            “Son of a bitch”, Monique said, getting up from her desk.

            A week had passed since Versailles had died.
            Lucille woke Abby up minutes before the sun went down. The child opened her eyes, sleepy, and she stretched.
            “Good night, sweetie”, Lucille said. “Did you sleep well?”
            Abby hadn’t slept well. In fact she hadn’t been sleeping well since she was turned. Nightmares tormented her day after day, and the stigma of guilt chased her. Against all odds, the death of her master didn’t bring peace to her soul. Not even a little. She was still depressed and tormented.
            “How’s your leg?” Lucille asked, after the eloquent silence of the kid.
            The wound in her leg. Her eternal reminder of Lucille interfering for her and saving her from Tyler crossing her off. Now the kid thought that that brave act of sacrifice had been a rather stupid thing to do. If she hadn’t done that, Lucille would have been unharmed, Versailles would have died anyway, and she would have suffered the fast, painless death that she now wished. Dead and in peace.
            “Hurts”, Abby murmured, swallowing her macabre thoughts.
            “D’ya think you can walk?”
            “I dunno”, she replied, apathetic.
            Lucille had brought her clothes to the bed, just in case she couldn’t walk towards the closet by herself. Without getting out of the bed, the girl stripped naked and she put on the clothes that Lucille had brought her. The woman perceived, like every day before, the apathy and the resignation in the little one’s movements, and she felt the sudden need to do something to help her. She had no choice, she lived a life she didn’t want to live, and she was forced to do things she didn’t want to do in order to live eternally, with no human contact. Yes, she wanted to help, but what else could she do, but sympathize?
            Lucille shook her head to clear those thoughts from her mind. Don’t forget what you came for, she thought to herself.
            “I don’t know if I can walk”, Abby repeated.
            “Try it”, Lucille said, encouraging her. “If you can’t, I can carry you.”
            Abby stood. A sudden pain ran through her spine when she put some weight on her leg, and she let out a loud yelp. Even though it hurt, at least it wasn’t as bad as the days before.
            “You want me to carry you?”
            Abby made a negative gesture with her hand.
            “No… I think I can walk like this, thank you”, Abby said, limping towards the door.
            Lucille went on behind her, helping and guiding her. Abby ended up letting Lucille help her get down the stairs, and they continued like that until they reached the front door of the mansion.
            Lucille had recovered her old motorbike, a second hand Vespa her father bought her when she was 17. For some reason he only would understand, Versailles had forbidden her using it, but now it was parked right at the door of the big building.
            Lucille helped the girl get on the bike and started the engine.
            “Where are you taking me?” Abby asked.
            “You’ll see”, Lucille replied.
            The woman accelerated and went away from the mansion, gladly checking for the third time that week that she hadn’t forgotten how to ride a bike. Abby wasn’t paying attention to the road. She was too deep in her thought. Surely Lucille was taking her to some creature bar. The first experience they had in Hell’s Kitchen was nothing to like – she found the place to be violent and disgusting, and she didn’t want to go back there.
            Minutes after, the bike stopped.
            “Here we are”, Lucille announced.
            Abby looked around. They were at the gates of the cemetery.
            “What the…?” Abby said, surprised.
            Lucille helped the kid get off the bike, and then she left the vehicle chained to the fence of the cemetery. Abby stared at the huge gates of the place, confused.
            “What’s this, some kind of macabre joke?” Abby asked.
            “Nothing like that”, Lucille replied. “Come with me.”
            “But isn’t this holy land? We are not supposed to enter holy land.”
            “Those were other times, dear. Now it’s just the graves that are blessed, and not even all the graves are. So, as long as you stay away from the graves, you’ll be fine. C’mon.”
            Though still skeptical, but with burning curiosity, Abby let Lucille help her walk towards the entrance of the cemetery. Because of the girl’s wound, and to avoid getting near the graves, they were advancing slowly, and after several minutes of walking hard, Lucille stopped in front of two graves.
            Abby looked up and gasped loudly.

THOMAS E. HARRIS
4/15/1960 – 10/30/2005
Beloved husband and father.

LISSA G. HARRIS
2/29/1964 – 10/30/2005
Beloved wife and mother.

            Abby fell on her knees in front of her parents’ graves, her breath caught and ignoring the pain in her leg. She let two silent tears roll down her cheeks. Meanwhile, Lucille, standing in the background, witnessed the scene, silently thanking Monique Auxile, wherever she was, for sending her those ten thousand dollars with that note… “Use it correctly”.
            “I know you never had a chance of saying goodbye to your folks… It seemed right to me that, at least, they had a proper rest”, Lucille said. “It’s the best I could find.”
            Abby didn’t respond immediately. She was crying silently in front of the tombstones, while Lucille, moved, was looking at the scene from behind. She got closer to her and put a hand on her shoulder.
            “You can come anytime you want”, Lucille said.
            Abby turned her head slowly, and she stared at Lucille through the tears in her eyes. In her red irises was a deep gratitude for the woman, and for the first time in many days, a true smile in her lips.
            “Thank you”, Abby said. “Thank you very much.”
            “It’s the least I could do. For them, for you.”
            Abby turned and hugged Lucille, sobbing. Lucille hugged the kid back and kissed her forehead, holding back the tears.
            After a while, Abby parted from Lucille for a moment, and turned back to the graves.
            “Mom… Dad… I miss you very much. And wherever you are now, I’ll always keep you in my heart… I’ll always love you, I’ll always remember you…” she stopped and took her hand to her chest. “Rest in peace now.”
            Lucille couldn’t help but letting a couple of tears roll down her face watching the scene. Abby respectfully bowed in front of the tombs before turning to the woman and giving her a look full of sweetness and serenity.
            “Thanks for everything you did”, she said.
            Lucille smiled to the kid.
            “Not at all, sweetie.”
            Under the light of the waning moon and the streetlights, Lucille and Abby slowly walked out of the cemetery, somewhat relieved in their hearts.
            Because being a vampire didn’t necessarily mean to be a monster.

THE END

--------------------------------------------------------------------------------------

AGRADECIMIENTOS:
· Para empezar, quiero agradecerle a mi amor, SCY, todo su apoyo y su cariño; no sólo hacia mí, el alocado escritor, sino también hacia los aún más alocados personajes. No sólo me ayudó con palabras de aliento, sino también haciendo que me diera cuenta de cosas de mis propios personajes que ni siquiera conocía. Gracias, mi amor; te quiero mucho.
· También le quiero agradecer su apoyo a otra amiga escritora, ELEMENT, y las interminables charlas de cómo hacer avanzar la historia y cómo hacer evolucionar a los personajes. Gracias. :-)
· Otra amiga escritora, aunque se apuntó a la historia con algo de retraso, la leyó con atención y me dio consejos. Es MISORA, autora de la novela Sangre sobre el pan y bloguera. Se enamoró al instante de los personajes y estuvo constantemente mostrando su apoyo. Gracias de corazón.
· Sigo con amigos escritores, esta vez todos de una vez, que me dieron su apoyo. ARKARIAN, MAY, JANO, ABBY. gracias por vuestro apoyo y por creer en este proyecto tan extraño. Y sobre todo creer en mí. Es algo que aprecio más de lo que imagináis.
· Escritores que me dieron su apoyo aunque no tenga mucho contacto con ellos, y que gozan de más éxito en su campo: SARAY, HAPLO. Gracias por mostrar interés en mi historia, o sacar el tiempo para siquiera leer una parte y darme una buena crítica. Vuestras palabras fueron muy útiles para mí. Gracias.
· Amigos no escritores, hay uno en concreto que lee con una pasión exacerbada lo que hago: DIEGO. Su pasión por mis historias es algo que pocas veces había visto; se enamoró casi al instante de mis personajes y siguió con muchísimo interés la historia, aguantando un parón de varios meses. Gracias por la paciencia y el apoyo. :-)
· No quiero dejar estos agradecimientos sin mencionar a otros amigos que siguieron la historia con interés.
· Y por último, a la gente que no ha leido la historia, y sé que no lo va a hacer (quizá nunca lo hagan, quizá sí lo hagan, ¿quién sabe?), pero que sí me dio su apoyo y su amistad: SANTI, ALEX, ANDREW. Tuvieron que aguantarme dándoles la chapa sobre mi historia, incluso aunque no les importaba demasiado, e incluso a veces me aconsejaron bien. Sólo por vuestra amistad (y paciencia), os tengo que dar las gracias. Sois geniales.
Y a todos mis lectores, gracias de corazón por mostrar interés en mis desvaríos mentales.
Hasta la siguiente historia. :-)
Os quiere,
JACK.

ACKNOWLEDGEMENTS:
· To start with, I want to thank my love, SCY, all her support and love, not only for me, the crazy writer, but also for my even crazier characters. She not only helped me with words of support, but also making me realize things about my characters that I didn't even know. Thanks, dear, I love you so much.
· I also want to thank another fellow writer and friend for her support: ELEMENT. Also thanks for the endless writer talks about how to make the story move forward and how to make the characters evolve. Thank you. :-)
· Another writer friend, although she started the story with a little delay, read it with attention and gave me advice. She's MISORA, author of the novel Sangre sobre el pan and blogger. She instantly fell in love with the characters and was constantly showing her support. Thank you very much.
· I want to thank more fellow writer friends, this time all at once. ARKARIAN, MAYJANOABBY. Thank you for your support and for believing in this crazy project. And, on top of everything, believing in me. It's something I appreciate more than you can imagine.
· Writers who gave me support although I don't have that much contact with them, and they enjoy a bigger success in this business: SARAYHAPLO. Thank you for showing interest in my story, or even finding the time to read a part of it and giving me good reviews. Your words were very useful to me. Thank you.
· Non-writer friends, there's one in special that reads anxiously the things that I do: DIEGO. His passion for my stories is something I've rarely seen. He fell in love almost instantly with my characters and followed the story with great interest, standing a several month long break. Thanks for the patience and the support. :-)
· I don't want to leave these acknowledgements without mentioning other friends that followed the story with great interest.
· And last but not least, people who haven't read the story, and I know they won't do it anytime soon (maybe they will never do it, maybe they'll do it, who knows?), but they did give me their friendship and support: SANTI, ALEX, ANDREW. They had to stand my boring talks about my story, even though they didn't really care about it, and sometimes they even gave me advice. Just for your friendship (and patience), I want to thank you. You're great, guys.
And to all of my readers, thank you, from the bottom of my heart, for showing some interest in my deviations.
See you next story. :-)
Sincerely yours,
JACK.

Licencia de Creative Commons
Vampire Society by Juan Rivera is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.
Licencia de Creative Commons
El mundo de Jack // Jack's world by Juan Rivera is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License.