martes, 11 de noviembre de 2014

Casi legal (ADVERTENCIA por contenido sexual explícito)

Echabais de menos que publicara algo, ¿eh?
Aquí tenéis mi última creación: un relato erótico. El primero que escribo con temática lésbica, además. Creo que algunas personas lo pueden encontrar muuuuuuy interesante ;)
Quiero recordaros que esto no es pornografía, sino erotismo. En este relato, aunque hay una escena de sexo explícito, es más sobre los personajes que sobre el sexo en sí.
Espero que lo disfrutéis.

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CASI LEGAL

            -Amanda... Tengo algo que contarte.
            Amanda giró su silla de escritorio y miró a su amiga, la pequeña Chloe, que estaba sentada en la cama de la habitación. Viéndolas juntas, uno se preguntaba cómo dos chicas tan distintas podían ser tan buenas amigas.
            Amanda era rubia, con una melenita corta que por un centímetro no le llegaba a los hombros. Sus ojos eran azules, con un leve tono grisáceo, y su nariz era respingona. Una sonrisa solía adornar su rostro, casi siempre como un reflejo de su buen humor. Sus curvas femeninas, aunque todavía no habían alcanzado todo su potencial, estaban relativamente desarrolladas, dándole un notable atractivo físico, y se mantenía en forma haciendo ejercicio asiduamente. Su postura erguida y actitud firme denotaban seguridad en sí misma. En cuanto a la ropa, solía llevar camisetas cortas y pantalones deportivos, con colores variados y vistosos. En conjunto, Amanda era una chica atractiva.
            Chloe, por su parte, vestía con ropa negra y de corte largo, que casi no dejaba piel al descubierto de cuello para abajo. Su actitud tímida y postura ligeramente encorvada transmitían inseguridad, lo que no estaba lejos de la verdad: Chloe estaba muy acomplejada de su cuerpo. A pesar de ser varios meses mayor que Amanda, era más bajita que ella, y su cuerpo en general estaba poco desarrollado para su edad; bajo su ropa holgada se escondía un pecho casi plano, una cintura ancha y unas caderas estrechas. Estaba muy delgada, aunque se mantenía dentro de los límites de la salud. Su rostro quedaba parcialmente oculto bajo su cabellera color negro azabache, una larga melena perfectamente lista tras la que se encontraba un rostro de tez pálida y cándida belleza casi infantil... que sus ojos rompían por completo.
            Por una pequeña mutación genética, los ojos de Chloe eran de un color muy inusual: rojo intenso. Mucha gente encontraba siniestro este peculiar rasgo físico, y por ello Chloe no era precisamente sociable. Sus ojos asustaban a todo el mundo.
            Menos a Amanda.
            Con todo, Chloe no era ni mucho menos fea, pero su belleza, al contrario que la de Amanda, requería algo más de esfuerzo para percibirla.
            -Soy toda oídos – dijo Amanda.
            -Verás, es que... me gusta una persona – murmuró Chloe.
            -¡Vaya! Me parece estupendo. ¿Y quién es?
            Chloe bajó la cabeza, mirando al suelo, y se llevó una mano a la nuca.
            -Es... es... una chica – musitó.
            Amanda se sorprendió al oír eso. No se lo esperaba para nada. Aun así, intentó no hacerlo obvio; su gesto podría malinterpretarse como rechazo, y lo último que quería era que su amiga se sintiera rechazada.
            -Vaya... No puedo decir que me lo esperara, pero me alegro – dijo Amanda –. ¿Te gustan las chicas?
            Chloe vaciló un momento, avergonzada.
            -No... No sé... Me gusta una chica. ¿No es raro?
            Amanda sacudió la cabeza.
            -No, no es raro, Chloe – dijo Amanda –. Que haya gente que no lo acepte no significa que sea raro, o que no esté bien. ¿Por qué, es que alguien te ha dicho que está mal?
            -No... De hecho eres la primera a la que se lo digo.
            -Entiendo. ¿Te puedo preguntar quién es?
            Chloe fijó la vista en el suelo, enrojeciendo visiblemente. Amanda se acercó a ella y se sentó en la cama, a su lado.
            -Está bien, Chloe... No tienes que decírmelo si no quieres, no pasa nada. Sea como sea, tienes todo mi apoyo, ¿vale?
            Chloe asintió y esbozó una sonrisa triste.
            -Gracias, Amanda – dijo.
            -Para eso están las amigas – respondió Amanda.
            Amanda abrazó a su amiga con suavidad. Pasado un instante, Chloe se separó de ella y la miró a la cara.
            -Te lo diré... pero tienes que prometerme que no te asustarás, ¿vale? – dijo.
            Amanda vaciló un poco, extrañada, pero aun así asintió.
            -De acuerdo, te prometo que no me asustaré – dijo.
            Chloe cogió aire y lo expulsó, bajando la cabeza ligeramente.
            -Eres tú – musitó.
            Amanda no pudo reprimir su gesto de sorpresa esta vez. Chloe apartó la mirada de su amiga para volver a dirigirla hacia el suelo, avergonzada.
            -Lo siento, lo siento muchísimo... – dijo Chloe –. Pero tenía que decírtelo...
            -No, no... No te disculpes – dijo Amanda, todavía haciendo esfuerzos por procesar la nueva información –. Es lo que sientes.
            -Pero... me siento como una tonta ahora... Porque pensé que tú...
            -No, no te sientas así – cortó Amanda –. Te he dicho antes que te apoyo y lo mantengo. Porque eres mi amiga, y te quiero. No pienses que por decirme eso te voy a querer menos.
            Amanda cogió la mano de Chloe.
            -Es que... yo me siento de esta manera, y si no te sientes igual que yo pues...
            -¿Qué te hace pensar eso?
            Chloe subió la cabeza para mirarla a la cara, sorprendida. Se encontró con los ojos azules de Amanda a menos de un palmo de los suyos, y en ellos una intensa mirada. La morenita vaciló, incapaz de pensar una respuesta, como hipnotizada por la cálida mirada azul.
            Sus labios se encontraron.
            Había sido Amanda la que, adelantándose unas décimas de segundo a su mejor amiga, se había acercado a ella, y había juntado sus labios con suavidad. Chloe abrió mucho sus ojos, verdaderamente sorprendida, pero no hizo nada para zafarse de ella; simplemente la dejó hacer.
            El beso de Amanda era lento e inexperto, pero sin duda alguna muy sentido. Chloe tardó unos segundos en relajarse del todo y responder al beso con la misma lentitud, aunque el ritmo que su corazón le marcaba era muy superior. Los labios de ambas chicas se deslizaban con suavidad, acariciando los de la otra con ternura, y la emoción del momento fluía tan intensamente que la inexperiencia no importaba.
            Pasado un momento, ambas chicas se separaron lentamente. Abrieron los ojos muy despacio y se miraron.
            -¿Te ha gustado? – preguntó Amanda.
            Chloe espiró profundamente, con una sonrisa nerviosa en la cara y el corazón latiendo con fuerza.
            -Siento como... un cosquilleo en el estómago – dijo Chloe.
            -Y yo – dijo Amanda.
            -Pero, ¿por qué lo has hecho?
            -Porque lo estabas deseando. Mucho. Se te notaba en la mirada.
            -Pues... sí – admitió Chloe –. Pero no quería obligarte a hacerlo si no querías...
            -No me has obligado – la tranquilizó Amanda –. Lo he hecho porque quería hacerlo.
            Chloe sonrió.
            -Gracias – dijo.
            -No hay por qué darlas.
            La morenita abrazó con fuerza a su amiga.
            -¿Y tú? ¿A ti te ha gustado?
            Amanda suspiró con alegría.
            -Me he sentido genial – dijo –. Ha sido muy intenso, para ser la primera vez.
            -¿Soy... la primera persona a la que has besado? – preguntó Chloe, sorprendida.
            La rubita asintió y sonrió.
            -¿No hubieras preferido que tu primer beso fuera con un chico? – dijo Chloe.
            -No me gusta ningún chico, la verdad – dijo Amanda –. Me alegro de que hayas sido mi primer beso, por encima de nadie más.
            Chloe abrazó a su amiga con fuerza, conmovida.
            -Te quiero – le dijo al oído.
            Amanda pasó la mano por su cabello, acariciándolo.
            -Yo también te quiero – respondió.
            Se miraron a los ojos. La mirada bermeja de Chloe resultaba más fogosa que de costumbre, tan cargada de profunda gratitud y cariño hacia su amiga, desde lo más profundo de su corazón.
            -Tú también eres la primera persona a la que he besado – dijo Chloe –. Y... me alegro mucho de que hayas sido tú...
            Amanda la interrumpió volviendo a besarla. Esta vez el beso fue algo menos pausado que el anterior, pero sin duda igual de sentido. Las manos de Amanda acariciaban el rostro de la pequeña morenita, mientras ésta la abrazaba, recorriendo su espalda con las manos. Con cada fricción de sus labios, con cada caricia, el beso crecía en intensidad, volviéndose cada vez más y más apasionado.
            Se separaron, jadeantes. Sus corazones latían a un ritmo vertiginoso, y la temperatura de la habitación había empezado a subir. Se miraron a los ojos, y vieron que en las pupilas de la otra había un resplandor, una luz especial, primaria.
            -Eso... sí que ha sido intenso – dijo Chloe.
            -Sí... – respondió la rubita.
            Amanda hizo un rápido cálculo mental: sus padres llegarían a casa de trabajar en un espacio de unas tres horas. Entonces se percató de que estaba empezando a sudar.
            -¿No tienes calor? – preguntó Amanda.
            Chloe se dio cuenta de que estaba acalorada, por diversas razones, y asintió.
            La rubita no se lo pensó dos veces: cogió su camiseta del borde y se la quitó de un tirón. No había razón para ponerse pudorosa, ya que ambas chicas se habían visto en ropa interior en muchas otras ocasiones.
            Sin embargo, Amanda nunca se quitaba ropa sólo por tener calor.
            -Esto está mejor – dijo.
            Entonces se percató de que su amiga se había quedado mirándola, con una mezcla de admiración, excitación y un poquito de envidia.
            -Si tienes calor, adelante, no te cortes – dijo Amanda.
            Chloe bajó la mirada y procedió a quitarse la camiseta lentamente. La morenita no llevaba sujetador. Nunca llevaba, por la sencilla razón de que casi no había nada que sujetar. No le importaba que Amanda la viera así, pero seguía sintiéndose acomplejada de su cuerpo.
            La rubita percibió la timidez en sus movimientos.
            -¿Qué te ocurre?
            -Es que...
            Chloe dejó caer la camiseta al suelo, cubriéndose pudorosamente el torso con los brazos y evitando encontrarse con la mirada de su amiga.
            -Chloe...
            -No me mires...
            Amanda se acercó a ella.
            -¿Qué dices? ¿Por qué dices eso?
            -Porque soy horrible...
            -No lo eres – dijo Amanda, firmemente –. Eres muy guapa, Chloe.
            -No lo soy – dijo ella –. Mírate... Tú tienes un cuerpo que quita el sentido, y yo... Soy enana, y más plana que una tabla. Tú estás buenísima y yo soy...
            -Diferente – interrumpió Amanda –. Eres diferente. No eres menos guapa por ser distinta, Chloe. Eres inteligente, interesante. Eso es muchísimo más importante que tener un cuerpazo.
            Le acarició la mejilla con lentitud.
            -Eres preciosa por dentro y por fuera, Chloe – le dijo con suavidad –. Te quiero por quién eres, no por cómo eres.
            Chloe sonrió con tristeza. A pesar de que su amiga estaba siendo sincera, le costaba creerla.
            -¿No me crees? Mira – dijo Amanda.
            La rubita se levantó, desabrochó el botón de sus vaqueros ajustados y los bajó un poco, mostrando su ropa interior. Chloe miró, algo cohibida.
            En la parte delantera de la pieza de tela podía apreciarse una pequeña mancha de humedad.
            -¿Ves esto? – dijo Amanda –. Tú has hecho esto. Así que no te atrevas a decir que eres fea.
            Chloe no salía de su asombro.
            -¿Te he puesto... así? – preguntó.
            Amanda asintió, subiéndose otra vez los pantalones.
            -Tú me has puesto así, sí.
            Chloe parpadeó un par de veces y sonrió. Amanda se acercó a ella y volvió a besarla, recorriendo su torso desnudo con las manos. Chloe subió sus manos por los costados de Amanda, y deslizó los dedos buscando el cierre de su sujetador, que consiguió abrir tras un breve instante de forcejeo. Los tirantes de plástico de la prenda se deslizaron por los brazos de la rubita, que la dejó caer al suelo.
            Tímidamente, Chloe acercó las manos hacia los pechos de su amiga. Sin estar del todo desarrollados, tampoco eran pequeños. La morenita puso las palmas de las manos sobre los senos de Amanda, al tiempo que subía la cabeza para mirarla a los ojos.
            Amanda se estremeció levemente con el tacto de su amiga, pero no dejó de perderse en ese par de ojos, rojos como el atardecer. Suavemente, correspondió al gesto, deslizando las yemas de sus dedos por el torso de la pequeña Chloe hasta llegar a su pecho. Se inclinó para besarla lentamente al tiempo que acariciaba sus pezones. Chloe ahogó un pequeño gemido en el beso. Sus lenguas se entrelazaron y bailaron entre sí entre ahogados jadeos.
            Entonces, instintivamente, Chloe rompió el beso para deslizar los labios hacia el cuello de Amanda. Comenzó a besar la zona con suavidad y lamerla de vez en cuando, arrancándole leves gemidos a su amiga. Oír esa reacción no hacía más que alimentar los deseos de la morenita, que incluso se atrevió a morderle suavemente el cuello.
            Amanda apartó a Chloe de su cuello para mirarla a los ojos. La mirada azul de la rubita delataba un instinto básico que acababa de ser despertado. Sin pensárselo dos veces, Amanda se lanzó a besar, lamer y morder el cuello de su amiga, copiando como podía sus acciones.
            Chloe sintió el contacto de la boca de su amiga, y no pudo evitar gemir ante el agresivo ataque. Sintió como sus impulsos más primarios ganaban terreno, y abrazó a Amanda con fuerza, haciendo más intenso el “beso de vampiro”.
            Poco a poco, Chloe se fue tumbando en la cama, sin que Amanda dejara ni por un segundo de besar su cara y su cuello, de forma que la rubita quedó sobre ella. Amanda aprovechó el cambio de posición para descender un poco por el torso de Chloe, y sin pensárselo colocó los labios alrededor de uno de sus pezones.
            Chloe gimió algo más fuerte, y rodeó la cintura de su amiga con las piernas, tirando de ella hacia sí. Amanda movía la lengua con soltura sobre el pezón erecto de Chloe, y fue cambiando de uno a otro según el momento. Chloe sentía que iba a perder la razón de un momento a otro del placer que estaba sintiendo.
            -Gimes como un gatito – dijo Amanda, pasado un rato.
            Chloe esbozó una sonrisa, miró a su amiga a la cara y se incorporó ligeramente para besarla. Durante el beso, Chloe masajeó con suavidad, pero con firmeza, los senos de Amanda.
            -Túmbate... – dijo la morenita, con evidente excitación en la voz.
            Amanda se tumbó en la cama, y Chloe se agazapó sobre ella. La besó otra vez antes de bajar hacia su pecho. Sin dudarlo, Chloe comenzó a lamer uno de sus pechos, mientras masajeaba el otro con la mano. Amanda gimió, excitada ante la nueva sensación.
            Con delicadeza, Chloe deslizó las manos por el vientre de su amiga, y se detuvo en el cierre de sus vaqueros, sin dejar de besar sus senos. Tras un instante de vacilación, la morenita desabrochó el botón del pantalón, y comenzó a bajarlo, deleitándose con el simple sonido de la tela vaquera deslizándose sobre la piel.
            Chloe miró a su amiga a los ojos, y le agradó ver que Amanda estaba tan segura como ella de seguir adelante. Se sonrieron mutuamente, antes de que Chloe continuara.
            En lugar de seguir besando su busto, Chloe decidió ir dejando un camino de besitos por el vientre de su amiga, mientras seguía bajando sus pantalones con las manos. Amanda creía que Chloe se detendría al llegar a la altura de su ombligo, pero en lugar de ello siguió descendiendo con la misma lentitud.
            -¿Qué estás...?
            Amanda se interrumpió cuando notó el tacto de los labios de su amiga a través de la tela húmeda de su ropa interior. Cualquier duda que hubiera podido tener hasta ese momento se desvaneció por completo: ahora sólo sentía un ardiente deseo.
            Chloe se dio cuenta. Sonrió traviesamente, y con sus dientes agarró el elástico de las braguitas de su amiga, para tirar de ellas hacia abajo. La húmeda prenda se deslizó delicadamente por las piernas de Amanda, que miraba excitada cómo su amiga, literalmente, le quitaba las braguitas a mordiscos.
            Chloe se incorporó para contemplar a su amiga, tumbada en la cama, completamente desnuda y con una expresión de deseo desenfrenado en el rostro, y no pudo sino abalanzarse sobre ella para besarla con pasión.
            -Desnúdate... – susurró Amanda en su oído.
            -¿Qué?
            -Quiero verte desnuda... Por favor... – la voz de Amanda estaba impregnada de lujuria, algo que a Chloe le provocó que su excitación creciera todavía más, si cabe.
            Chloe obedeció. Se incorporó frente a ella y procedió a quitarse el cinturón y desabrocharse los vaqueros. La holgada prenda cayó alrededor de sus tobillos de un golpe, revelando su ropa interior, que, como Amanda pudo ver, estaba completamente empapada.
            La rubita hizo un gesto con la mano para que Chloe se acercara, y ella obedeció. Amanda se incorporó y comenzó a besar el vientre de su amiga, mientras sus dedos se deslizaban bajo el elástico de sus braguitas y tiraban de ellas hacia abajo.
            Amanda se detuvo un instante para admirar a su amiga, desnuda delante de ella. El pubis de Chloe era completamente lampiño, a diferencia del suyo, que empezaba a revelar algo de vello. Instintivamente, Amanda acarició con suavidad la entrepierna de Chloe, arrancándole un pequeño gemido.
            -Preciosa... – dijo.
            Amanda se inclinó y besó con ternura la zona, sin dejar de acariciarla. Chloe empezó a emitir pequeños gemidos que sonaban como maullidos, mientras la mano de la rubita se deslizaba con delicadeza por entre sus labios menores. Poco a poco, Amanda fue desplazando a su amiga hacia la cama, sin dejar su tarea, hasta que consiguió tumbarla a su lado.
            El sonido de los gemidos hacía que Amanda fuera poco a poco atreviéndose a más. Las yemas de sus dedos acariciaban el sexo de su amiga, cada vez más rápido, volviéndola loca. La mirada fogosa de Chloe le indicaba que estaba disfrutándolo, y el creciente volumen de sus gemidos sólo conseguía excitarla más y más.
            Sin dudarlo, Amanda se agachó sobre la pelvis de su amiga, abrió la boca y deslizó la lengua por el sexo de Chloe.
            La siniestra morenita gimió fuerte y se estremeció ante el contacto de la lengua de su amiga, que iba volviéndose cada vez más rápido y agresivo. Chloe sentía como descargas eléctricas de puro placer en su bajo vientre que hacían que se retorciera y gimiera con violencia. Amanda iba aumentando la intensidad a medida que su amiga gemía más y más fuerte.
            Chloe comenzó a gemir más fuerte y rápido, sintiendo una bola de energía creciendo en su vientre. Amanda continuó con su tarea, ansiosa; sabía lo que estaba a punto de pasar.
            Entonces, Chloe sintió que no podía más, y toda esa energía que se había ido acumulando en su vientre se liberó de repente en forma de un clímax demoledor, enviando descargas eléctricas de placer hasta el último centímetro de su cuerpo.
            Entonces, la ola de energía bajó, y el cuarto quedó en silencio salvo por los jadeos de la pequeña Chloe, que se estaba recuperando del orgasmo más intenso que había experimentado en su corta vida.
            Pasados unos largos segundos, Chloe miró a su amiga, que se relamía con deseo. La parte inferior de su rostro estaba completamente empapada, y sus ojos azules revelaban una creciente excitación.
            Esto renovó las energías de la morenita. Amanda vio cómo el rojo de la mirada de su amiga se avivaba en un momento y sonrió.
            Se lanzaron con fuerza la una hacia la otra para comerse a besos. Sus labios se entrelazaron en una danza desenfrenada, perfectamente sincronizada y a una velocidad de vértigo, y sus manos recorrían sus cuerpos con frenesí.
            Los labios de Chloe se deslizaron sobre la piel de Amanda, besando y lamiendo su cuello con lujuria mientras sus manos masajeaban sus pechos y acariciaban su torso. Amanda jadeaba de puro gozo, con los ojos cerrados, dejándose llevar.
            Chloe continuó su descenso y comenzó a lamer los senos de la rubita, recolocándose de tal manera que ella estaba de rodillas en el suelo y entre las piernas de Amanda, que se encontraba sentada sobre la cama. La morenita siguió chupando el busto de su amiga, mientras recorría su torso con las manos libremente.
            Pasados unos minutos, Chloe abandonó la zona para continuar descendiendo. Amanda se recostó sobre la cama, para facilitarle el acceso, y abrió más las piernas.
            La morenita se detuvo un momento, admirando el sexo de su amiga. Se quedó mirándolo, casi maravillada, y lo acarició suavemente. Amanda se estremeció al contacto con los dedos de su amiga, y abrió las piernas todo lo que podía, invitándola a continuar.
            Chloe la miró a la cara y sonrió, sin interrumpir su tarea.
            -Preciosa – susurró.
            -Preciosa tú – respondió ella entre jadeos.
            La morenita se agachó y empezó a besar con suavidad el interior de los muslos de Amanda, sin dejar de estimular su sexo con los dedos. La rubita gimoteaba, estremeciéndose con cada movimiento.
            Pronto llegó un momento en el que Chloe no pudo aguantarlo más y se lanzó directamente a lamer el sexo de su amiga con verdadera ansia. Amanda gimió fuerte, con pequeñas descargas de placer sacudiendo su cuerpo a cada movimiento de la lengua de la pequeña morenita.
            Chloe atacaba con auténtica lujuria, casi hambrienta, y aunque nunca había hecho algo similar, Amanda parecía estar disfrutándolo mucho, lo cual le daba cada vez más y más energías. Amanda gemía cada vez más fuerte, presa del placer más intenso que jamás había experimentado.
            Cada instante que pasaba, la intensidad de las acciones de Chloe y el placer que sentía Amanda crecía exponencialmente. De vez en cuando, sus miradas se encontraban, intensas y elocuentes, entre mares de sensaciones.
            Chloe tanteó con su dedo índice la entrada de la vagina de su amiga, sin dejar de estimular el resto de su sexo con la boca. Para su sorpresa, su dedo se deslizó en el interior con relativa facilidad. Amanda gimió más fuerte.
            -No pares… Por Dios, no pares – dijo Amanda entre gemidos.
            Chloe comenzó a deslizar el dedo, metiéndolo y sacándolo del sexo de su amiga repetidamente, sin dejar de lamer su clítoris y sus labios menores. Amanda era esclava del placer más absoluto; gemía y se estremecía sin parar, dominada por sus instintos más básicos.
            Pasado un rato, Amanda se sintió cerca del clímax. Chloe lo notó, y aumentó el ritmo de sus manos y su boca, haciendo que Amanda comenzara a gritar.
            -¡Chloe, me voy a…!
            La última parte de la frase quedó incompleta cuando Amanda alcanzó un demoledor orgasmo. Todos los músculos de su cuerpo se contrajeron a la vez, y un involuntario grito de placer acompañó al violento clímax.
            Pasados tres eternos segundos, las energías de Amanda se disiparon, sus músculos se relajaron, y al orgasmo le sucedió una paz infinita, sólo interrumpida por los jadeos de la actividad pasada.
            Chloe ascendió hasta quedar a su nivel y la miró a los ojos. Amanda le devolvió la mirada, una mirada ya desprovista de lujuria y llena de ternura.
            -Ha sido… – comenzó a decir, pero Chloe la interrumpió.
            -Shhh. Sólo disfruta del momento.
            Ambas sonrieron y volvieron a unir los labios en un beso, un beso lento, pausado y lleno de cariño. Sus corazones, aún acelerados, latían con fuerza cada vez que sus labios se deslizaban. Ambas chicas se abrazaron, ya sin ninguna timidez, y tras romper el beso, Chloe apoyó la cabeza sobre el pecho de Amanda, sin dejar de abrazarla en ningún momento, escuchando los latidos de su corazón.
            -Amanda – dijo Chloe, pasado un buen rato.
            -¿Sí, Chloe?
            -¿Nos hemos acostado o hemos hecho el amor?
            Amanda se quedó pensando un momento. Nunca se había planteado la diferencia entre ambas cosas, pero en ese momento entendió perfectamente lo que Chloe quería decir.
            -Hemos hecho el amor – confirmó la rubita, acariciando el oscuro pelo de su amiga.
            Chloe movió la cabeza para poder mirarla a los ojos.
            -¿De verdad?
            Amanda asintió con la cabeza.
            -Oye… ¿Te puedo hacer una pregunta? – dijo la rubita.
            -Claro que sí…
            -¿Quieres ser mi novia?
            Chloe abrió mucho los ojos, sorprendida ante la pregunta. Abrió la boca para decir algo, pero las palabras se le trabaron en la lengua, incapaces de salir.
            Entonces subió la cabeza y unió sus labios con los de Amanda una vez más, en un beso breve pero sentido.
            -Me encantaría ser tu novia – dijo Chloe – si tú quieres ser la mía.
            Amanda sonrió.
            -Por supuesto que quiero ser tu novia.
            Chloe sintió una inmensa felicidad. Abrazó y besó a Amanda una vez más, incapaz de contener una inmensa y radiante sonrisa. Por primera vez en mucho tiempo, podía afirmar sentirse verdaderamente completa.
            -Te quiero – se dijeron al unísono.

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