jueves, 9 de julio de 2015

El bichito

¡Saludos!
Hace muchísimo que no actualizo el blog. Y eso es porque últimamente no escribo nada. No estoy precisamente ocupado pero sigo sin poder escribir nada, no sé por qué.
De todos modos, aún me quedan reservas para seguir compartiendo con vosotros, mis queridos y fieles lectores.
En este caso, os traigo otro mini-relato que escribí para clase. Sólo nos dieron un título, "El bichito", y a partir de ahí nos dieron carta blanca para escribir lo que quisiéramos. Y esto es lo que salió.
Espero que lo disfrutéis.
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EL BICHITO

            Llevo más de media hora completamente inmóvil en la esquina.
            Un enorme insecto negro me bloquea el acceso a la puerta. Me sostiene la mirada, una mirada indescifrable de bicho. Todas mis armas están en el cuarto contiguo, cuyo acceso me bloquea esta aparición, por lo que estoy indefenso. No quiero hacer ni un movimiento en falso, por miedo a que me ataque.
            No tengo ni idea de qué es, ni de dónde ha venido, ni de qué es lo que quiere. Pero está bloqueando la única salida posible de esta habitación. El habitáculo es gris, sus paredes están desnudas y en las esquinas empieza a notarse humedad acumulada. No hay muebles, pero eso no ayuda a que la sensación de claustrofobia se reduzca, ya que el espacio ya es reducido de por sí. Del techo cuelga una bombilla sin lámpara, con un casquillo quebrado del que salen un cable rojo y otro negro. La luz parpadea, supongo que porque la instalación eléctrica del edificio está hecha una mierda. Calculo que el suelo será un cuadrado de dos por dos metros, más o menos, y aproximadamente un metro cuadrado lo ocupo yo, acurrucado contra la pared posterior y mirando fijamente hacia la puerta.
            El bicho no se mueve. Ni siquiera parpadea. Ni siquiera sé si puede parpadear. Yo sí parpadeo. Cada segundo que pasa puedo sentir la tensión subir. ¿Qué hace aquí? ¿Acaso está esperando a que muera para poder alimentarse de mi cadáver? ¿Hay alguien fuera de esta habitación repleta de mierda que pueda ayudarme? ¿Alguna manera de acceder a mis armas?
            Hago un breve repaso mental por enésima vez. Cuento con una espada de acero élfico, hecha a medida para mí, que sé manejar a la perfección. También tengo un cuchillo de caza, una pistola (Beretta 92FS de nueve milímetros modificada a mi gusto) con el cargador repleto, un bidón de gasolina de unos cuatro litros y cerillas. Todo ello metido cuidadosamente en una bolsa de deportes que puedo ver perfectamente al otro lado de la puerta. Tengo la sensación de que alguien se ríe de mi patética situación, y me pregunto si será el bicho que me mantiene atrapado o la bolsa llena de armas al otro lado de la puerta.
            Es absurdo. Sacudo la cabeza intentando despejarme.
            Poco a poco me levanto del suelo. Escucho atentamente el relativo silencio. El zumbido de la resistencia de la bombilla, interrumpido cuando la luz parpadea. Una gota que cae al suelo de cuando en cuando. Mi respiración.
            No la del bicho. La mía.
            ¿Acaso respira?
            Me muevo de un lado a otro. El enorme insecto parece no reaccionar. Me acerco cautelosamente y lo golpeo con el pie.
            Ni un movimiento.
            Suspiro aliviado. El bicho parece estar muerto.
            Evito pisarlo, con algo de asco, y salgo por la puerta de la habitación, en dirección a mi bolsa de deportes. La abro y cojo la gasolina y las cerillas, dispuesto a quemar este maldito edificio lleno de muerte.
            En ese momento se apaga la luz del cuarto, sumiéndome en la oscuridad más absoluta. Oigo un ruido de patas de insecto detrás de mí.

            Se suponía que iba a ser un trabajo fácil.
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